julio 15, 2016

La singularidad de las universidades

En los tiempos actuales, se está observando una creciente mirada de las universidades como instituciones asimilables a organizaciones clásicas, empresariales, sin atender mayormente a sus singularidades. Las universidades poseen algunas características que las distinguen, particularmente por estar constituidas por trabajadores (académicos) altamente calificados, por operar sobre un intangible como es el conocimiento, por el rol social que deben cumplir, y por la naturaleza de sus actividades conducentes a generar, transmitir y difundir el conocimiento en la sociedad en que se inserta. A ello cabe agregar que las unidades académicas que conforman una universidad (facultades, institutos, departamentos, centros) suelen operar con elevados grados de libertad e independencia por la alta calificación de sus miembros, difíciles de dirigir y exigentes en orden a trabajar sin interferencias.

De lo dicho se desprende que una institución con trabajadores no calificados, o que no son capaces de trabajar con plena libertad y autonomía y/o que no aborden problemas que aquejan a la sociedad en que se insertan, no es una universidad. La alta calificación exigida a los académicos de las universidades no ha de limitarse al ámbito de los conocimientos, sino que se extiende al plano ético-moral por la responsabilidad que les incumbe como formadores no solo de profesionales, sino de personas íntegras, intachables. No se trata tan solo de formar profesionales para tener más o ser más productivos; se trata de formar profesionales para servir a la sociedad antes que al mercado. La sociedad lo conformamos todos, donde cada uno de nosotros “pesa” lo mismo, donde estamos entre iguales, a diferencia del mercado, donde cada uno pesa de acuerdo al tamaño de sus bolsillos.

En consecuencia, una universidad que es guiada por los requerimientos del mercado, es muy distinta de aquella que orientada por los requerimientos de la sociedad. En el ámbito de la investigación el tema ético-moral se expresa en el objetivo que se persigue y a quien se sirve con la búsqueda de nuevos conocimientos. En la actualidad se observan grandes progresos científico-tecnológicos, pero su dirección está dejando mucho que desear. La realidad está dada por una siempre creciente capacidad de destrucción de vidas humanas, pueblos y medio ambiente, por sobre la de la eliminación de pobrezas y desigualdades irritantes.

Se extraña una investigación orientada a revertir el proceso de degradación del medio ambiente, del cambio climático, del crecimiento de las desigualdades que posibiliten una vida de calidad para las generaciones que vienen. Se extraña una docencia que vaya más allá de la transmisión de conocimientos sin un marco ético-valórico.

Desafortunadamente el contexto político-económico en que estamos insertos está desdibujando la razón de ser de la universidad, dificultando el cumplimiento de lo que le es propio. Toda universidad debe ser referente, de lo contrario, no es universidad. Así de simple.

En este plano, las universidades son insustituibles, por cuanto son las únicas instituciones que tienen la obligación, el deber, de abocarse a los desafíos expuestos. Esta es su singularidad.

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