julio 08, 2016

En estado de júbilo

Estupefacto, el país ha tomado conocimiento que la ex esposa de un diputado, actualmente presidente de la Cámara de Diputados, tiene una pensión que supera los 5 millones de pesos mensuales, equivalentes a una cifra superior a los US$ 7,000 al mes.

Llama la atención porque diversos motivos. Ya sea por tratarse de una persona vinculada a un partido de izquierda, el partido socialista, como por provenir de gendarmería, donde se asume que las rentas son bajas, porque quienes reciben este nivel de pensiones deben contarse con los dedos de una mano, y por último, porque estamos en un país donde los jubilados la está pasando mal al compás de los vaivenes del comportamiento de las bolsas mundiales donde se encuentran los fondos previsionales del grueso de los mortales.

La verdad que el hecho no resiste el más mínimo análisis y genera indignación. Es la gota que rebalsa el vaso que tiene a todo un país con la cabeza a dos manos, que explica y justifica la indignación ante una clase política que no atina, que en vez de actuar en representación nuestra, parecen hacerlo en representación de sí mismos, sus familiares y/o cercanos.

Nosotros algún grado de responsabilidad tenemos desde el minuto que votamos por quienes posibilitan esta clase de enjuagues, o que no votamos, dejando que otros decidan por nosotros. Estamos en una situación delicada, de una complejidad, y de consecuencias difíciles de dimensionar.

No basta la indignación, es necesario ir más allá. Estamos ante hechos inadmisibles que atentan contra la convivencia pacífica y los derechos que nos asisten. Mientras desde las alturas nos andan preparando comunicacionalmente para ver reducidos los ingresos de los jubilados, por una mayor esperanza de vida que obligaría a prorratear en más tiempo los fondos acumulados, no podemos seguir en una suerte de actitud contemplativa, de resignación a la espera de nuestro encuentro con el Señor.

Debemos aprovechar el momento, la circunstancia, para adoptar ciertas definiciones básicas que ordenen, acoten esta sinvergüenzura. Por ley, por constitución, o por lo que sea, por simples razones éticas, obligan a correlacionar la pensión mínima con una pensión máxima. Esto es, donde esta última no pueda superar en más de 5 veces la pensión mínima. Si la pensión máxima es de 5 millones 200 mil pesos, entonces la pensión mínima no puede ser menor a los 1 millón 40 mil pesos. Si no hay plata para pagar estas pensiones mínimas, pues disminúyase la pensión máxima hasta que alcance. Así de simple!

La expresión jubilado tiene su origen en que se asume que la persona entra a una suerte de estado de “júbilo” luego de una vida de trabajo. En la práctica parece ser lo contrario, donde quien ingresa al estado de “júbilo” no es aquel que se ha descrestado toda una vida, sino aquel que se ha avivado. Si queremos vivir en un país decente es hora de poner término a esta desvergonzada realidad.

1 comentario:

Hector Beck dijo...

Ha quedado claro que otra cosa es con guitarra. Al ver y oler los $$$$ hasta los socialistas son burgueses.

 
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