julio 27, 2016

La crisis educacional chilena

En el ámbito educacional nacional se está viviendo una crisis de proporciones y de carácter múltiple, esencialmente, de calidad y financiamiento. Esto explica las dificultades para emprender caminos de solución, pero no por ello se deben bajar los brazos.

Se trata de una crisis de larga data. El país se vanagloria de logros en materia de cobertura en educación media, y muy especialmente en educación superior. Pero lo positivo que ello podría conllevar se ve eclipsado porque todo indica que no es consecuencia de que una mayor proporción de estudiantes egresados de la enseñanza media tengan los conocimientos y las capacidades para cursar exitosamente estudios superiores. Más bien pareciera que fuese consecuencia de que un gran número de las instituciones responsables de esta educación –centros de formación técnica, institutos profesionales y universidades- han abierto sus puertas de par en par incrementando sus vacantes sin limitación alguna. Decisión impulsada por el afán de lucro antes que por el afán de formar, de educar.

Un afán de lucro que se aprovecha de las legítimas aspiraciones de movilidad social de gran parte de las familias, que desea lo mejor para sus hijos. Desafortunadamente, bajo el modelo educativo que tenemos, entre las nefastas consecuencias que se viven, destacan la elevada deserción que afecta esencialmente a las familias de menores ingresos, por factores socioeconómicos y/o académicos. Estos últimos se centran en la mala formación previa que les dificulta rendir exitosamente los desafíos que le impone la educación superior cuando ésta aspira a ser de calidad.

Otro factor de frustración, si es que se ha logrado finalizar los estudios superiores, tiene relación con las dificultades para insertarse laboralmente, ya sea por una deficiente formación o por la carencia de redes y contactos de los estudiantes, especialmente cuando son de primera generación, esto es, cuyos padres no son profesionales. Y en el caso de quienes se vieron en la necesidad de contratar un crédito que en algún momento habrá que pagar, sin tener la formación para cursar con éxito sus estudios, estaríamos ante una estafa educacional de proporciones dado que el servicio contratado tuvo un precio que no se condice con los beneficios generados. Por otra parte, el de arriba se asegura que el de abajo pague, y si éste no paga, se asegura que Moya pague. O sea, el de arriba nunca pierde.

Este es el drama de no pocos producto de un modelo educativo inspirado en tiempos del innombrable donde los de arriba lucran con los de abajo. Lo mismo que ocurre con el modelo previsional.

Es imperativo detener y revertir este flujo. En un país solidario, colaborativo, que se ve a sí mismo como una sociedad, como una comunidad, las cosas pueden y deben ser distintas.

julio 22, 2016

El proceso constituyente

A lo largo de estos meses se ha estado dando un proceso inédito destinado a sentar las bases para una nueva Constitución Política del Estado. Este proceso surge esencialmente por un conjunto de factores.

Uno de ellos, como expresión de un malestar que atraviesa a la ciudadanía respecto del país que tenemos. Los de arriba, una minoría, esencialmente por los niveles de inseguridad física y patrimonial que los fuerza a invertir fuertemente en la protección de sus familias y bienes; y los de abajo, la mayoría, por la precariedad en que deben vivir en virtud de bajos salarios o pensiones, trabajos informales o inestables que no les permiten llevar una vida más o menos razonable.

Un segundo factor se explica por la falta de legitimidad de la constitución que nos rige, la famosa Constitución del 80, la que fue concebida a espaldas de la ciudadanía, entre cuatro paredes, y aprobada mediante un plebiscito fraudulento, sin registros electorales, bajo una dictadura.

Un tercer factor, no menos relevante, reside en que a lo largo de estas más de tres décadas, tanto a nivel nacional como mundial, se han experimentado profundos cambios en el plano productivo-científico-tecnológico como en el político-socio-cultural que no están recogidos en la constitución actual.

En consecuencia, existen pocas dudas sobre la necesidad de una puesta al día respecto de su gestación y su contenido. Una gestación que emerja desde la base, que recoja las inquietudes, las aspiraciones de una población que desea vivir con libertad, dignidad y justicia. No están los tiempos para vivir en base a imposiciones; no resultan admisibles, en modo alguno, tutelajes de orden militar, tecnocrático o cualquier otro. En concreto, se aspira a ser dueños de nuestro propio destino.

Ad portas de los cabildos, luego de los encuentros ciudadanos que han tenido lugar no obstante los obstáculos, las confusiones, los tropiezos, pareciera que se está avanzando, pacíficamente, sin violencia y sin odio, hacia la construcción de una nueva constitución. Queda mucho camino por recorrer, y dificultades por superar, sin embargo, debemos confiar en que llegaremos a buen puerto, una propuesta constitucional para el Chile que viene, que reemplace una Constitución, la del 80, decidida y fraguada por oscuros personajes civiles fondeados tras los cuatro miembros de una junta de gobierno, representantes de las FFAA.

En este plano llama la atención las objeciones formuladas por gran parte de la oposición de derecha. Una objeción se centra en el bajo nivel de participación; la otra, en que se trataría de una temática que no estaría dentro de las preocupaciones reales de la gente. En estricto rigor, ambas objeciones son impresentables.

En relación al nivel de participación de la constitución que nos rige, a diferencia de las décadas de los 70 y 80, hoy pueden participar moros y cristianos. Respecto de la segunda objeción, es reveladora de la mirada de una derecha, la que nos ve como consumidores antes que como personas, con deberes y derechos, que aspira a algo más que sobrevivir.

julio 15, 2016

La singularidad de las universidades

En los tiempos actuales, se está observando una creciente mirada de las universidades como instituciones asimilables a organizaciones clásicas, empresariales, sin atender mayormente a sus singularidades. Las universidades poseen algunas características que las distinguen, particularmente por estar constituidas por trabajadores (académicos) altamente calificados, por operar sobre un intangible como es el conocimiento, por el rol social que deben cumplir, y por la naturaleza de sus actividades conducentes a generar, transmitir y difundir el conocimiento en la sociedad en que se inserta. A ello cabe agregar que las unidades académicas que conforman una universidad (facultades, institutos, departamentos, centros) suelen operar con elevados grados de libertad e independencia por la alta calificación de sus miembros, difíciles de dirigir y exigentes en orden a trabajar sin interferencias.

De lo dicho se desprende que una institución con trabajadores no calificados, o que no son capaces de trabajar con plena libertad y autonomía y/o que no aborden problemas que aquejan a la sociedad en que se insertan, no es una universidad. La alta calificación exigida a los académicos de las universidades no ha de limitarse al ámbito de los conocimientos, sino que se extiende al plano ético-moral por la responsabilidad que les incumbe como formadores no solo de profesionales, sino de personas íntegras, intachables. No se trata tan solo de formar profesionales para tener más o ser más productivos; se trata de formar profesionales para servir a la sociedad antes que al mercado. La sociedad lo conformamos todos, donde cada uno de nosotros “pesa” lo mismo, donde estamos entre iguales, a diferencia del mercado, donde cada uno pesa de acuerdo al tamaño de sus bolsillos.

En consecuencia, una universidad que es guiada por los requerimientos del mercado, es muy distinta de aquella que orientada por los requerimientos de la sociedad. En el ámbito de la investigación el tema ético-moral se expresa en el objetivo que se persigue y a quien se sirve con la búsqueda de nuevos conocimientos. En la actualidad se observan grandes progresos científico-tecnológicos, pero su dirección está dejando mucho que desear. La realidad está dada por una siempre creciente capacidad de destrucción de vidas humanas, pueblos y medio ambiente, por sobre la de la eliminación de pobrezas y desigualdades irritantes.

Se extraña una investigación orientada a revertir el proceso de degradación del medio ambiente, del cambio climático, del crecimiento de las desigualdades que posibiliten una vida de calidad para las generaciones que vienen. Se extraña una docencia que vaya más allá de la transmisión de conocimientos sin un marco ético-valórico.

Desafortunadamente el contexto político-económico en que estamos insertos está desdibujando la razón de ser de la universidad, dificultando el cumplimiento de lo que le es propio. Toda universidad debe ser referente, de lo contrario, no es universidad. Así de simple.

En este plano, las universidades son insustituibles, por cuanto son las únicas instituciones que tienen la obligación, el deber, de abocarse a los desafíos expuestos. Esta es su singularidad.

julio 08, 2016

En estado de júbilo

Estupefacto, el país ha tomado conocimiento que la ex esposa de un diputado, actualmente presidente de la Cámara de Diputados, tiene una pensión que supera los 5 millones de pesos mensuales, equivalentes a una cifra superior a los US$ 7,000 al mes.

Llama la atención porque diversos motivos. Ya sea por tratarse de una persona vinculada a un partido de izquierda, el partido socialista, como por provenir de gendarmería, donde se asume que las rentas son bajas, porque quienes reciben este nivel de pensiones deben contarse con los dedos de una mano, y por último, porque estamos en un país donde los jubilados la está pasando mal al compás de los vaivenes del comportamiento de las bolsas mundiales donde se encuentran los fondos previsionales del grueso de los mortales.

La verdad que el hecho no resiste el más mínimo análisis y genera indignación. Es la gota que rebalsa el vaso que tiene a todo un país con la cabeza a dos manos, que explica y justifica la indignación ante una clase política que no atina, que en vez de actuar en representación nuestra, parecen hacerlo en representación de sí mismos, sus familiares y/o cercanos.

Nosotros algún grado de responsabilidad tenemos desde el minuto que votamos por quienes posibilitan esta clase de enjuagues, o que no votamos, dejando que otros decidan por nosotros. Estamos en una situación delicada, de una complejidad, y de consecuencias difíciles de dimensionar.

No basta la indignación, es necesario ir más allá. Estamos ante hechos inadmisibles que atentan contra la convivencia pacífica y los derechos que nos asisten. Mientras desde las alturas nos andan preparando comunicacionalmente para ver reducidos los ingresos de los jubilados, por una mayor esperanza de vida que obligaría a prorratear en más tiempo los fondos acumulados, no podemos seguir en una suerte de actitud contemplativa, de resignación a la espera de nuestro encuentro con el Señor.

Debemos aprovechar el momento, la circunstancia, para adoptar ciertas definiciones básicas que ordenen, acoten esta sinvergüenzura. Por ley, por constitución, o por lo que sea, por simples razones éticas, obligan a correlacionar la pensión mínima con una pensión máxima. Esto es, donde esta última no pueda superar en más de 5 veces la pensión mínima. Si la pensión máxima es de 5 millones 200 mil pesos, entonces la pensión mínima no puede ser menor a los 1 millón 40 mil pesos. Si no hay plata para pagar estas pensiones mínimas, pues disminúyase la pensión máxima hasta que alcance. Así de simple!

La expresión jubilado tiene su origen en que se asume que la persona entra a una suerte de estado de “júbilo” luego de una vida de trabajo. En la práctica parece ser lo contrario, donde quien ingresa al estado de “júbilo” no es aquel que se ha descrestado toda una vida, sino aquel que se ha avivado. Si queremos vivir en un país decente es hora de poner término a esta desvergonzada realidad.

julio 01, 2016

El camino al éxito

El país se vio estremecido por un triunfo espectacular de la selección chilena en la Copa América que le permitió coronarse bicampeón. Espectacular por múltiples factores: por no existir mayores expectativas al inicio del campeonato ante las magras actuaciones en los partidos preparatorios; por haber sido ante Argentina, con quien se había perdido en el primer partido; por ser la misma final del año pasado; por haber sido obtenido fuera del país; por la tensión imperante, el alargue y los penales; por el juego desplegado, por la garra con que se desenvolvieron los jugadores.

Un triunfo que eleva la autoestima a un país escaso de triunfos internacionales en territorios ajenos. De un país encapsulado hacia adentro, aislado, de espaldas al mundo, hemos pasado a ser un país abierto, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.

Son muchas las reflexiones a las que nos invita este triunfo. De partida, estamos en presencia de una generación de excepción que ha llegado a estar donde está no por azar. El triunfo es la punta del iceberg, lo que se ve, pero por debajo hay todo un trabajo, esfuerzo, entrenamiento, sacrificio.

El éxito alcanzado no debe obnubilarnos. El verdadero éxito se alcanza al final de un camino pedregoso, complejo, tapizado de fracasos, de caídas y levantadas. No existe éxito sin fracasos ni esfuerzos sostenidos, que son los que le dan sentido. De lo contrario, son falsos, efímeros, volátiles, que no se sostienen en el tiempo.

Debemos valorar una generación dorada de jugadores, y para ello nada mejor que seguir su ejemplo; debemos valorar a quienes los formaron, muchos de ellos anónimos que disfrutan de sus triunfos en silencio, a quienes los encauzaron por el buen camino. Destaco con letras de oro a Sulantay, quien fue uno de los primeros entrenadores de esta pléyade de jugadores de excepción; al loco Bielsa que supo inculcarles confianza, espíritu triunfador, cabeza en alto, hacia adelante; al pelao Sampaoli, quien trabajó sobre tierra abonada, al igual que a Pizzi, quien recogió un equipo en medio de una crisis dirigencial de proporciones que nos tenía sumidos en el excepticismo del cual supo sustraernos a tiempo.

A todos ellos, gracias, muchas gracias!

 
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