abril 01, 2016

Papel mojado

Poco antes de cumplirse un año más del asesinato de Jaime Guzmán, el partido que fundó en 1983, la UDI anunció urbi et orbi y con bombos y platillos, una serie de cambios. No es el primero. Años atrás, en pleno apogeo de uno de sus coroneles, Longueira, se bautizaron como la UDI popular. Hoy, buscan eliminar la expresión UDI para dejarla como la Unión Democrática Independiente.

Cuando sus máximos dirigentes explicaron la metamorfosis, enfatizaron el espíritu originario que los anima. Unión, como expresión de una vocación de unidad; Democrática, como expresión de un espíritu de compromiso con la democracia; e Independiente, por su capacidad para sostener posturas con independencia frente a los distintos temas de la contingencia.

Este cambio, así como el del logo, tiene su origen en una marca, la UDI, que está por los suelos, por la vinculación de sus prohombres con delitos tributarios, denuncias de cohecho y su cohabitación con una clase empresarial que la ha apoyado financieramente en una magnitud tal que permite explicar los altos gastos de campaña en que ha incurrido en elección tras elección. Gastos que han contribuido a configurar a la UDI como el partido más grande de Chile, y por ende con más parlamentarios, quienes han retribuido generosamente a las empresas con leyes que han favorecido sus intereses, y que de hecho, siguen favoreciendo. Toda reforma orientada a equilibrar las relaciones de poder entre empresarios y trabajadores, entre oferentes y demandantes, es persistentemente bloqueada o reducida a su más mínima expresión.

Desafortunadamente los cambios impulsados no van al fondo de la cuestión. Resulta inverosímil postular la unión sobre la base de mantener un vasallaje de una mayoría a los intereses de una minoría; resulta difícil de creer en una vocación democrática en quienes nacieron de las vísceras de una dictadura cuyas brutales características se niegan a rechazar; y resulta imposible de pensar que sean independientes cuando dependen tan fuertemente de los intereses empresariales.

Si bien, la crisis que afecta a la UDI es extensiva a toda la clase política, no cabe duda que a la UDI la afecta sobremanera porque es su leitmotiv el que está en las cuerdas. Su salida, es renegar de su pasado, cortar lazos con los intereses de los poderosos, pero eso sería cortarse las venas, arrepentirse de sus actuaciones. Mal que mal, de los arrepentidos será el Reino de los Cielos, pero así y todo, dudo que algún día se arrepientan de haber respaldado lo que respaldaron.

Lo que deben hacer los restantes partidos políticos no es circunscribirse a cambios de forma, de marketing; por el contrario, deben mirarse introspectivamente, críticamente, en relación a la sociedad a la que se asume que deben servir, abandonando todo intento por servirse de ella. El país agradecerá a quienes lo hagan.

En concreto, la mona, por más que se vista de seda, mona queda. Toda frase de buena crianza, si no es evidenciada por hechos y convicciones, no es más que papel mojado.

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