octubre 01, 2015

La lección de la nana

Gracias a un video se tuvo conocimiento de la agresión de un médico oftalmólogo a una asesora del hogar, también llamada empleada doméstica o nana en un edificio localizado en el balneario de Reñaca, Viña del Mar. En el video se observa claramente la prepotencia y discriminación con que actuó el médico, quien iba acompañado de sus dos pequeñas hijas. La nana, quien iba con una perra lazarillo de su empleador fue conminada a salir del ascensor, a lo que se negó, no hallando el médico nada mejor que agarrar a la perra y expulsarla con inusitada violencia.

Lamentablemente el hecho retrata una sociedad que abusa a vista y paciencia de todos. A modo de ejemplo, en la semana también tuvo lugar la comparecencia del cardenal Errázuriz ante algunas de las víctimas de los abusos de Karadima.

Para remate, el médico involucrado no halló nada mejor que irse a Miami no sin antes excusarse por su conducta. Sin embargo, no se trata de la primera vez que el profesional incurre en esta clase de conductas. En el año 2010 había discriminado a una secretaria del municipio de Viña del Mar que padecía artritis reumatoide.

No cabe duda que algo anda mal. Los abusos andan a la orden del día de la mano de la segregación socio-económica o de cualquier otro orden. Se maltrata al distinto sin expresión de causa, y cuando existe alguna causa, es inverosímil. A unos sí, a otros no. Discriminación dura y pura basada en una idea de superioridad por cualquier factor. Quienes la practican parecen sentir placer por abusar una y otra vez imponiendo sus condiciones.

No pocos ejercen su autoridad por esta vía, olvidando que en, al menos en el discurso, la sociedad se ha vuelto más transversal, más plana, más democrática, más transparente. Desafortunadamente estos hechos parecieran indicar lo contrario, aunque preciso es reconocer que muy probablemente en el pasado se dieran incluso con más frecuencia, pero que no se daban a conocer porque estábamos en una sociedad más cerrada, menos transparente, más hipócrita.

Con todo, no puedo dejar de admirar la entereza de la nana de Reñaca, que supo reaccionar con gallardía, salvaguardando su honor y no dejándose atropellar por quien se asume que tiene más estudios, pero no más educación. La nana nos dio una verdadera lección de educación y de autoestima, la que no deberíamos perder nunca.

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