septiembre 24, 2015

Fabricando un presidente: Leopoldo López

Para no escribir sobre el reciente fallo de La Haya, he optado por hacerlo acerca de la reciente condena a Leopoldo López, político opositor al chavismo, a una pena de prisión por 13 años y 9 meses. El tribunal supremo venezolano adujo como motivo de la condena, haber liderado una manifestación no autorizada contra el gobierno venezolano, que terminó con más de 40 muertos, y múltiples daños a la propiedad, tanto pública como privada.

En la oposición venezolana, al igual que en todas las fuerzas políticas suelen convivir bandos con duros, palomas con halcones. El chavismo se nutrió y creció a partir de la corrupción de los gobiernos democráticos que le precedieron y de una oposición atomizada, dividida.

Henrique Capriles, líder opositor a Chávez y Maduro, representante de una postura blanda, pacífica, con santa paciencia ha intentado generar una oposición unida por la vía electoral, pacífica. Esta opción se ha visto contrarrestada por Leopoldo López, cuya postura de derecha dura, radical representa de mejor manera a quienes buscan la caída de Maduro por las buenas o por las malas.

Con la decisión adoptada por la justicia venezolana se le hizo un flaco favor a la oposición dura encabezada por Leopoldo y sus adherentes. La condena, no hace sino victimizarlo, beneficiándole políticamente. También opaca el liderazgo opositor a Capriles, cuya popularidad ha declinado desde que Leopoldo fue encarcelado.

La prisión de Leopoldo y su condena se produce en momentos que Venezuela ve caer los precios de su principal producto de exportación: el petróleo. Por décadas el país se ha farreado los petrodólares, que en vez de sentar las bases para un desarrollo sustentable en el tiempo, esto es, a un verdadero desarrollo, solo ha servido para corromperse y aplicar políticas asistencialistas. Si bien los pobres ven aminorada su situación con estas políticas, solo lo logran temporalmente porque es imposible sostenerlas en el tiempo. Ahora, con los actuales precios del petróleo, la economía venezolana se deteriora, y con ello se incrementa la posibilidad de una desestabilización política.

Esto ocurre cuando Venezuela está viviendo un período preelectoral, con una baja en el respaldo cívico a Maduro, quien se sostiene en base a un respaldo de las FFAA que en cualquier minuto se puede aguar. Inevitablemente, más temprano que tarde, Maduro caerá por el peso de sus propios errores.

Un clásico efecto no buscado por Maduro y sus adherentes, es que Leopoldo termine saliendo de la cárcel con destino a la presidencia. Mal que mal, Leopoldo no es cualquier personaje: está emparentado, lejanamente, con el prócer venezolano, Simón Bolívar; también desciende del primer presidente de Venezuela. Y todos sabemos el peso de la ascendencia a la hora del voto popular. La historia es bastante elocuente en estas materias.

septiembre 18, 2015

Desde Cartagena de Indias

Estas líneas se escriben desde la histórica, colonial y cálida Cartagena de Indias, localizada en Colombia, país que vive, como tantos otros países, el drama de la desigualdad, la inseguridad, el narcotráfico.

Fundada en 1533 por los españoles, esto es hace ya poco menos que 500 años, se constituyó en un importante puerto comercial y de tráfico de esclavos. Desde entonces ha experimentado el acoso de ingleses y franceses, lo que explica las numerosas fortificaciones de las que está revestida y que delimitan su centro histórico marcado por sus balcones y respeto a su arquitectura que luce sobremanera gracias a la exuberante vegetación que la acompaña, en particular helechos, palmeras y buganvillas de brillantes colores.

Cuando Colombia alcanza la independencia en 1811, ya Cartagena de Indias había perdido el rol estratégico y comercial que caracterizaba a la ciudad, viviendo un período de estancamiento que logró sortear recién el siglo pasado sobre la base de dejar atrás los recuerdos de tiempos gloriosos y asumir en plenitud su condición turística a partir de su arquitectura colonial acompañada de la alegría, ritmo y calidez de su gente, la que se expresa en todo momento, pase lo que pase. Por sus venas, en vez de sangre, parece circular música, ritmo, vallenato, rumba, lo que les impediría conocer el derrotismo. En este plano, los chilenos tenemos mucho que aprender de ellos.

De Cartagena es difícil no destacar a sus mujeres, al igual que en toda Colombia, ya sea por su andar, su gracia, su sensualidad, su alegría. Los chilenos ya estamos sabiendo de ello gracias a la fuerte inmigración hacia nuestro país que se ha estado produciendo en los últimos años en busca de mejores horizontes. No obstante las dificultades que vive Colombia, sustantivamente mayores que las que enfrenta Chile, y tener un ingreso per cápita significativamente menor al de Chile, quien sabe porqué, al lado de ellos nosotros parecemos un pueblo triste, sin alegría de vivir.

De su gastronomía llama la atención el contraste en que oscilan sus comidas. Por un lado está la frescura de sus sabrosas frutas y jugos naturales, y por otra, sus frituras, de allí que se observen tanto jóvenes y adultos delgados, físicamente bien dotados, sin grasas; como obesos, estos últimos adictos a frituras y comidas chatarras.

Visito Colombia en un momento muy especial, cuando crece la tensión con Venezuela como consecuencia de la deportación decretada por Maduro, tensión que no se expresa a nivel de quienes habitan estas hermosas tierras, dada la afinidad existente entre ambos pueblos. También es un momento especial porque luego de más de 4 décadas de guerrilla, que tanto han debilitado a un país bien dotado por la naturaleza, emerge una luz de esperanza. Actualmente, las fuerzas en pugna parecen estar empeñadas en un proceso destinado a alcanzar una paz definitiva, como se lo merecen los colombianos.

septiembre 11, 2015

El legado del golpe

A 42 años del golpe, sus secuelas persisten, al igual que gran parte de sus actores. Los ganadores de entonces, dejaron de serlo. Todos perdimos. La consecuencia del golpe fue una dictadura y una interminable transición que persiste hasta nuestros días por más que no pocos la hayan querido declarar por clausurada.

El legado del golpe es lo que tenemos, con sus luces y sombras. Para muchos de quienes fueron partidarios del golpe, más luces que sombras; para sus opositores, lo contrario. Los primeros apelan al contexto, menoscabando la participación de quienes aspiraban exacerbar, polarizar, con miras a acelerar el golpe. Basta recordar los titulares de la prensa de entonces. Fueron y son quienes actuaron a la sombra de los cuervos, preparando su macabra danza.

La transición, lentamente, no sin obstáculos ha ido revelando lo que la dictadura y la transición ocultaron al amparo del miedo. A más de 40 años del golpe y más de 20 años de transición, continúan saliendo al aire verdades, montajes y secretos.

No pocos de quienes respaldaron el golpe apelando a que la situación no daba para más, a poco andar se percataron del monstruo que se había generado. Que lo peor estaba por venir. Algunos, de buena fe creyeron que era necesaria una intervención, sin imaginar siquiera lo que vendría. Otros fueron capaces de levantar la mirada para visualizar los años de torturas, desapariciones, exilios, asesinatos que sobrevendrían al amparo de estados de sitio y desprotección ciudadana. Entre ellos destaco a los 13 valientes demócratacristianos que fueron capaces de emitir una declaración denunciando lo que sobrevendría, desmarcándose de la declaración oficial de la directiva DC de entonces. El tiempo les dio la razón.

El legado del golpe es el país que habitamos. Un país con sentimientos encontrados, que en términos de “ tener” tenemos más cosas u objetos, ya no somos tan pobres materialmente como ayer, pero que en términos de “ser”, nos hemos vuelto más hoscos, más desconfiados, más individualistas, donde la ética brilla por su ausencia. Espiritualmente, todo indica que hoy somos menos personas. El descrédito actual nos atraviesa a a todos, la falta de confianza nos corroe.

¿Qué hacer? Mirarnos a los ojos, confiar más, recuperar un mínimo de ética, dejar de hacer lo que sabemos que no se debe hacer. Que los de arriba dejen de poner el pie encima de los de abajo; que los poderes fácticos –políticos, económicos, religiosos, militares- dejen de intervenir; que no nos dejemos corromper si queremos vivir con la frente en alto; las platas no contaminen nuestras vidas; que los políticos nos representen realmente; que los empresarios se dediquen a producir; que los militares degraden a quienes han sido procesados y condenados por delitos en tiempos en que no se movía ni una sola hoja sin que el innombrable lo supiera.

Lo que tenemos por delante es una tarea titánica, pero posible y que no podemos soslayar si queremos salir airosos.

septiembre 04, 2015

Algo va mal

Tiempo atrás tuve oportunidad de leer un libro con el título de esta columna de un escritor británico, Tony Judt, en que visualizaba que se estaba perdiendo la brújula y que se hacía necesario restaurar un mínimo de decencia.

Lo recuerdo porque siento que algo va mal. Quizá no tan mal como otros países, pero ello no impide que mantengamos la guardia. A nivel internacional, las masivas migraciones están poniéndonos a prueba. Las imágenes del niño muerto en las costas de Turquía ilustran un drama extremadamente doloroso que muchos no alcanzan a dimensionar. No han faltado conversaciones en que me toca escuchar que la preocupación va por el lado de “que nos estamos llenando de inmigrantes”. Por desgracia, esta expresión refleja nítidamente el pensamiento de no pocos.

Mientras tanto, a nivel nacional es preciso reconocer que la magnitud de los conflictos de interés, los tráficos de influencia y la corrupción, si bien existen de tiempos inmemoriales, está rebalsando los niveles a los que estamos acostumbrados, ya sea porque hemos elevado nuestros niveles de exigencia o conocimiento.

Para abordarlos Michelle decidió tomar el toro por las astas creando un Consejo Asesor Presidencial para que propusiera medidas en favor de la probidad y la transparencia. Este consejo ya hizo sus propuestas, las que en su momento fueron bien vistas por moros y cristianos. Entre ellas destacaron aquellas orientadas a dotar de mayores atribuciones al Servicio Electoral, generar un nuevo padrón de militantes, introducir más democracia en los partidos políticos, separar la política de las empresas, etc.

Más allá de los aplausos iniciales, en la práctica el grueso de las iniciativas se están entrampando mediante zancadillas de quienes se verán más afectados. A modo de ejemplo, el proyecto de ley que se ingresó a la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados prohibía el aporte de las empresas, sin embargo salió con que las empresas podrían aportar a los partidos políticos hasta 500 UF. Pasó piola hasta que la vergüenza hizo que el gobierno se viera obligado a rechazar la indicación.

Todos sabemos que los aportes de las empresas a los partidos y a las campañas no son por bolitas de dulce. No es necesario tener ni siquiera dos dedos de frente para darse cuenta de ello. Con esos aportes salen elegidos senadores, diputados, alcaldes, concejales. Con esos aportes las empresas ponen la música, ponen las leyes, mientras el grueso de los ciudadanos sigue pateando piedras. La prohibición es una señal que no impide que los empresarios se pongan, pero tendrán que hacerlo a título personal.

Y para controlar esto, es necesario darle las consiguientes atribuciones al Servicio Electoral, porque en caso contrario, se convierte en letra muerta como la prohibición del lucro en las universidades, pero que todos sabemos que en no pocas se lucra, en gran parte por la inexistencia de una institucionalidad con atribuciones para el cumplimiento de la ley.

En fin, es imprescindible retomar la fuerza original de la agenda de probidad y transparencia si queremos salir adelante sin que los poderes fácticos impongan sus condiciones.

A nivel internacional, nuestra conducta no puede ser otra que la de abrir nuestros países a los inmigrantes, vengan de donde vengan. Es el momento de afirmar: ¡Todos somos inmigrantes!

 
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