agosto 27, 2015

La crisis china

Bastó que China dejara de crecer como lo estaba haciendo, para que todo tambalee. Las bolsas crujen. Todo un modelo de desarrollo es puesto en jaque. Y ello ocurre no obstante que se sabía y se sabe que las tasas de crecimiento de China no eran sostenibles. No lo eran por varios factores, entre los que se deben destacar un modelo político de partido único, el PC chino, fuente de corrupción, conviviendo con un modelo económico de libre mercado, un modelo productivo depredador, contaminante, bajo un modelo laboral explotador, inhumano. Esto es, con chinos trabajando como chinos por migajas. Eso explica que el mundo se inundara de productos chinos a precio de huevo.

Si bien, el mundo se frotaba las manos empujado por esta suerte de locomotora china, era evidente que esto no sería duradero. No obstante, China se ha reposicionado. Hoy está con un poder que no tenía en el pasado, el poder de tenernos colgando de una brocha gracias a que en su momento solo vimos las ventajas de corto plazo, sin visualizar las consecuencias de mediano y largo plazo que ya estamos palpando.

Esta visión cortoplacista es la que nos tiene en las cuerdas. Lo señalado se ve agravado porque nos pilla en pampa gracias a un modelo económico que dejó de lado la política de desarrollo industrial basada en la sustitución de importaciones en que se había empeñado el país a lo largo de todo el siglo pasado hasta el golpe, comprándose gratis la teoría de las ventajas comparativas. Es así como dejamos de producir lo que otros producen más eficientemente, y nos centramos en producir aquello en que creemos somos más eficientes: extraer, dilapidar nuestros recursos naturales.

Reconozcamos que, al menos en el caso chileno, esto viene de antes del crecimiento chino, viene desde los tiempos del innombrable, responsable de la instalación del extremista modelito económico neoliberal que nos tiene en las cuerdas.

Resultado: lo que tenemos hoy día, esto es, un sector manufacturero prácticamente desaparecido, por ineficiente. Es así como hoy importamos más barato lo que antes producíamos más caro, pero seguimos exportando recursos naturales sin mayor valor agregado. A pesar de todos los esfuerzos, de todos los discursos en torno al emprendimiento y la innovación, lo concreto que en nuestra canasta exportadora sigue dominando sin contrapeso, el cobre, la fruta, la madera.

En el interín, la informalidad ha crecido, multiplicándose, con toda la carga de precariedad, fragilidad, inestabilidad que trae consigo. El empleo formal, estable, ha ido en descenso, y con ello, la tranquilidad, la seguridad familiar, que hoy, una vez más, gracias a lo que ocurre en China, vuelve a estar en el candelero.

No se trata de practicar la autarquía, ni de ser autosuficientes, simplemente se trata de no exagerar, de no abrir de par en par puertas y ventanas para quedar en la intemperie, como es el estado en que nos encontramos ahora, donde hasta las pensiones dependen de China y del resto del mundo, donde el trabajo de toda una vida se puede estar yendo por la alcantarilla.

En vez de ganar en autonomía, independencia, hemos estado transitando por un sendero que nos está conduciendo a un incremento en la dependencia de factores que no controlamos. De un extremo, nos hemos ido al otro extremo.

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