julio 10, 2015

Después de la Copa ¿qué?

Desde el sábado pasado, en materia futbolística, por primera vez Chile es campeón de América. Después de décadas de “jugar como nunca y perder como siempre”, cansado de “triunfos morales”, Chile logró imponerse sin atenuantes de la mano de un técnico argentino, Sampaoli, quien tiene el mérito de haber continuado la senda abierta por Bielsa, y con un plantel de excepción. Sampaoli mantuvo la impronta, el sello, la marca dejada por Bielsa.

Así como se ganó, se pudo haber perdido, como tantas otras veces. Sin embargo en esta ocasión, se ganó. El trofeo fue ganado en base a pundonor, esfuerzo y trabajo. No es fruto del azar. Nunca antes Chile había tenido tantos jugadores disputando partidos en las más importantes ligas mundiales. También impuso su condición de local, condición que no vale de nada si no se tienen los jugadores y el cuerpo técnico apropiados.

Recordemos que en un pasado no muy remoto, la necesidad de ganar, particularmente cuando se jugaba de local, agobiaba a los jugadores. Hoy eso no ocurre porque se trata de jugadores curtidos en las ligas más exigentes del mundo. En un pasado no tan remoto la realidad del minuto actual era impensable. Nunca nos imaginamos ver a tantos, no solo jugando en equipos del más alto nivel, sino que brillando en ellos.

El tema es ¿y ahora qué? Las exigencias son mayores. La obtención de la copa constituye un hito, y los desafíos de ahora a enfrentar y superar son significativamente mayores. No nos debe pasar lo que nos ocurrió con el tenis. Después de Fillol y Cornejo en la década de los 70, poco pasó, hasta que apareció Marcelo Ríos, como una suerte de estrella fugaz seguida de Fernando González y el Nico Massú. ¿Qué quedó? Poco y nada. ¿Qué nos dice todo esto? Que la obtención de títulos es fruto de conquistas personales antes que de políticas deportivas institucionalizadas. Lo mismo me temo ahora. ¿Dónde están los sucesores del niño maravilla, del matigol, del mago, del rey Arturo, de edú, del príncipe?

La conquista de la copa nos plantea mayores exigencias, y por lo mismo, si no encaramos apropiadamente la necesidad de institucionalizar políticas deportivas realistas y masivas que contribuyan a sostener lo conquistado, corremos el riesgo de dejar atrás los lindos momentos presentes.

Para cosechar, hay que sembrar, mejorar la tierra. Aprovechemos este minuto de gloria para no solo sentarnos en los laureles.

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