julio 31, 2015

Un pacto de silencio vergonzoso

En los oscuros tiempos del innombrable fueron quemados dos jóvenes indefensos y en forma intencionada, por miembros de las FFAA, específicamente del Ejército. Sus nombres están grabados a fuego: Rodrigo Rojas Denegri y Carmen Gloria Quintana. El primero falleció producto de las quemaduras, en tanto que Carmen Gloria logró sobrevivir con secuelas que lleva consigo desde entonces. Por estos días, un conscripto a varias décadas del hecho, decidió romper su silencio, romper un pacto de silencio que ha forzado la reapertura del proceso judicial. En su momento la “prensa seria” aduladora de la dictadura hizo circular versiones inverosímiles que caían por su propio peso.

Ahora se hace pública una verdad que estaba soterrada por uno de los tantos pactos de silencio que deben avergonzar a las FFAA. Como sostuviera recientemente Carmen Gloria, no fueron valientes soldados los responsables de hechos repudiables que lamentablemente no son producto de “excesos”. Sin embargo, a la fecha, las FFAA no han dicho ni pío.

El crimen se enmarca dentro de un contexto de amedrentamiento, de inhibir toda protesta, de ejemplificar las consecuencias que conllevaría toda discrepancia. Un contexto que contó con la complicidad tácita, activa de sectores civiles entronizados en los poderes fácticos y no fácticos de la derecha política y económica que a lo largo de todas estas décadas han estado definiendo, regulando, vetando lo que tolerable y no tolerable en este largo, desgastante y doloroso proceso de transición interminable. Transición que se ha dado por terminada más de una vez, pero que en estricto rigor no terminará hasta que tengamos un modelo político dado por una constitución y un modelo socioeconómico sin rastros de autoritarismo que nos legó la dictadura. Rastros que se han perpetuado en gran parte por la pusilanimidad que no pocos sectores que en su momento estuvieron a la cabeza de la lucha por la recuperación de la democracia.

Como sostuviera en su momento Eduardo Frei Montalva, la verdad tiene su hora, gracias a dos conscriptos que han descorrido el velo. Los responsables de crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles, deben ser necesariamente degradados, primer gran paso hacia la reconstitución de unas FFAA auténticamente profesionales, al servicio del país, no del crimen organizado.

El país debe sacudirse de sus trancas, de sacar de sí mismo lo mejor que tiene, la solidaridad y hospitalidad de su gente, dejando atrás la impunidad de la barbarie.

En la televisión, un panelista tuvo la osadía de afirmar, en la misma cara de Carmen Gloria, que “pasó la vieja, el país está en otra”, expresión que refleja el pensamiento de no pocos, los mismos que quieren dar vuelta la página por la vía de poner una losa de mármol sobre las mentiras de todos estos años sobre los crímenes silenciados o justificados al amparo de una guerra imaginaria.

Gracias Carmen Gloria por tu ejemplo, por tu coherencia, por tu sobrevivencia, por ser portadora de la dignidad humana.

julio 23, 2015

La educación en un zapato chino

La educación de mercado que tenemos no es un sistema inocente, conlleva un ideario, una ideología, una política, la política neoliberal, basada en la focalización de los recursos en contraposición a la universalización de los derechos.

La mercantilización de la educación fue concebida e implementada en tiempos del innombrable como una forma de organizarla, distribuirla y financiarla que exigía una sociedad y una organización política muy particular. Una sociedad desestructurada, rastrera, sin derecho a pataleo.

En este contexto se fraguó el modelito educacional que persiste hasta el día de hoy y cuyas características medulares conserva a más de 30 años de su origen en los comienzos de la década de los ochenta.

En estas décadas se supone que hemos recuperados nuestras libertades, y sin embargo, el modelo se resiste a morir, lo que revela la profundidad de su inserción.

En las primeras décadas del retorno a la democracia, el modelo se mantuvo incólume porque la tensión política -tiempos de boinazos, operaciones de enlace, pinocheques, senadores designados y el innombrable en la comandancia en jefe, posteriormente como senador vitalicio- desaconsejaban meter más ruido.

Las aspiraciones en este ámbito, así como en muchos otros, se pospuso para una mejor ocasión. En el interín, el modelo seguía navegando en aguas relativamente calmas, gracias a un poderoso sedante, la estabilidad laboral docente, luego de años en que los profesores vivían a salto de mata y al tres y al cuatro. Los escasos cambios efectuados no vulneraban su esencia, sino que por el contrario, acentuaban sus características centrales. Se implementó el financiamiento compartido y la subvención escolar diferenciada, manteniéndose hasta la fecha, el pago de la subvención a los establecimientos en base a la asistencia.

La creación de establecimientos educacionales y la formación de pedagogos siguió transitando por un camino sin control. La desregulación llevada al paroxismo, en la confianza, de que al final del camino alcanzaríamos la verdad revelada: una educación de calidad basada en la competencia y cuya zanahoria sería el hoy tan vilipendiado lucro. En tiempos de dictadura, la pedagogía dejó de ser una carrera universitaria, lo que revela la mirada que tenían los “líderes” de la época. Si bien, al llegar la democracia una de las primeras acciones adoptadas fue devolverle el carácter universitario a tan noble profesión, la creación de pedagogías a diestra y siniestra por universidades que de tales solo tienen el nombre, nos tiene llenos de pedagogos con una formación que deja mucho que desear.

Mientras abrían sus puertas de par en par hacia una mayor cobertura en la educación superior, muchas universidades, particularmente las privadas creadas después de 1981, lucraban desembozadamente a costa del endeudamiento y las esperanzas de familias. Es así como hoy estamos ante una suerte de zapato chino.

Los mismos que fomentaron esto, ahora rasgan vestiduras por la mala calidad de nuestra educación como si no tuviesen ninguna responsabilidad en la realidad actual. Por ellos, el modelito debe seguir, con ajustes, o como diría Jaimito, habría que perfeccionarlo. Es cosa de tener paciencia, porque al final veremos la luz, y si no la vemos, es porque no queremos verla o porque le hemos puesto palitos, porque estamos introduciendo muchas regulaciones.

El debate y las dificultades que se está dando en la actualidad tienen relación con lo expuesto. La resistencia de quienes idearon el modelo, acompañados de quienes terminaron comprándoselo por completo.

Los desacuerdos nos tienen entrampados, nos impiden desatar los nudos. La educación debe estar basado en la cooperación antes que en la competencia, en la integración antes que en la segregación.

Al paso que vamos, por desgracia, seguiremos pateando piedras, comulgando con ruedas de carreta.

julio 15, 2015

La Fundación Emilia con la frente en alto

El hecho simple y duro: El rey Arturo, luego de protagonizar un accidente vial en estado de ebriedad, en plena copa América, quiso hacer una importante donación a la Fundación Emilia. Para sorpresa de no pocos, esta última resolvió rechazar la donación.

El motivo dado para el rechazo no fue otro que el de mantener en alto los principios que guían a la fundación, que buscan desalentar la irresponsabilidad asociada a la conducción en condiciones de ebriedad. La fundación sin fines de lucro, nace a partir de una tragedia cuando hace ya más de 2 años, Emilia Silva Figueroa con tan solo 9 meses de edad falleció como consecuencia de la irresponsabilidad de un conductor ebrio.

Los motivos del aporte que quiso hacer el rey Arturo, si bien de desconocen, pueden obedecer a los siguientes factores. Uno, como una expresión de un arrepentimiento real por conducir en estado de intemperancia; dos, como un lavado de imagen por el comportamiento y la prepotencia con que actuó frente a los carabineros y que no se condice con la conducta que se asume debe proyectar un futbolista de rango mundial.

Todo esto ocurrió en medio de una Copa en la que su continuidad en el plantel llegó a estar en jaque. La decisión de Sampaoli de seguir contando con él, no debe haber sido fácil. De hecho, las reacciones desde los más diversos sectores fueron disímiles, tanto en el entorno periodístico como deportivo.

La Fundación Emilia nace para apoyar a las víctimas de accidentes y cuyos victimarios actúan en estado de ebriedad o bajo los efectos de estupefacientes, y para evitar que se sigan multiplicando estos accidentes por la vía de campañas educativas, visibilizando las consecuencias de conductas irresponsables y promoviendo iniciativas legales orientadas a promover la responsabilidad.

Lo que quisiera destacar es la conducta asumida por la Fundación al rechazar la donación ofrecida por el rey Arturo. Rechazo motivado por una política, por principios que la fundación no está dispuesta a transar por dinero. La política que guió a la Fundación es no tener contacto con imputados por delitos viales hasta que concluyan sus procesos, en señal de acompañamiento a las víctimas. No condenan al rey Arturo como persona, condenan sus acciones.

La Fundación nos ha dado un ejemplo, de que el dinero no todo lo puede comprar. Organizaciones como Fundación Emilia, harta falta nos hacen en medio de un contexto en que todo pareciera estar medio podrido.

julio 10, 2015

Después de la Copa ¿qué?

Desde el sábado pasado, en materia futbolística, por primera vez Chile es campeón de América. Después de décadas de “jugar como nunca y perder como siempre”, cansado de “triunfos morales”, Chile logró imponerse sin atenuantes de la mano de un técnico argentino, Sampaoli, quien tiene el mérito de haber continuado la senda abierta por Bielsa, y con un plantel de excepción. Sampaoli mantuvo la impronta, el sello, la marca dejada por Bielsa.

Así como se ganó, se pudo haber perdido, como tantas otras veces. Sin embargo en esta ocasión, se ganó. El trofeo fue ganado en base a pundonor, esfuerzo y trabajo. No es fruto del azar. Nunca antes Chile había tenido tantos jugadores disputando partidos en las más importantes ligas mundiales. También impuso su condición de local, condición que no vale de nada si no se tienen los jugadores y el cuerpo técnico apropiados.

Recordemos que en un pasado no muy remoto, la necesidad de ganar, particularmente cuando se jugaba de local, agobiaba a los jugadores. Hoy eso no ocurre porque se trata de jugadores curtidos en las ligas más exigentes del mundo. En un pasado no tan remoto la realidad del minuto actual era impensable. Nunca nos imaginamos ver a tantos, no solo jugando en equipos del más alto nivel, sino que brillando en ellos.

El tema es ¿y ahora qué? Las exigencias son mayores. La obtención de la copa constituye un hito, y los desafíos de ahora a enfrentar y superar son significativamente mayores. No nos debe pasar lo que nos ocurrió con el tenis. Después de Fillol y Cornejo en la década de los 70, poco pasó, hasta que apareció Marcelo Ríos, como una suerte de estrella fugaz seguida de Fernando González y el Nico Massú. ¿Qué quedó? Poco y nada. ¿Qué nos dice todo esto? Que la obtención de títulos es fruto de conquistas personales antes que de políticas deportivas institucionalizadas. Lo mismo me temo ahora. ¿Dónde están los sucesores del niño maravilla, del matigol, del mago, del rey Arturo, de edú, del príncipe?

La conquista de la copa nos plantea mayores exigencias, y por lo mismo, si no encaramos apropiadamente la necesidad de institucionalizar políticas deportivas realistas y masivas que contribuyan a sostener lo conquistado, corremos el riesgo de dejar atrás los lindos momentos presentes.

Para cosechar, hay que sembrar, mejorar la tierra. Aprovechemos este minuto de gloria para no solo sentarnos en los laureles.

julio 02, 2015

La probidad en entredicho

Hace rato que el tema de la relación entre la política y los negocios anda dando vueltas sin que se avizore solución alguna. La propia agenda de la probidad que en un momento de éxtasis fue alabada por moros y cristianos, está siendo perforada sin asco. Una perforación pequeña, una pequeña rendija, que terminará siendo un forado. Para eso, unos y otros son expertos.

Para el común de los mortales, de carne y hueso, que trabajan con sus manos y mentes, el espectáculo que se está observando no tiene nombre y es el retrato mismo de la degradación ético-moral que se está viviendo, en Chile y en la quebrada del ají como consecuencia de unas élites convencidas que el dinero todo lo puede comprar.

Con esta lógica, la democracia se convierte en letra muerta, porque hasta los votos se pueden comprar, y si no se pueden comprar, entonces se compran a quienes son elegidos. Eso explica los altos costos de las campañas políticas y de los bienes públicos privatizados en tiempos del innombrable, así como los financiamientos de empresas privadas a congresistas o funcionarios públicos por trabajos de dudoso gusto. Lo peor que hasta quienes posaban de inmaculados, también se han visto implicados en lo que eufemísticamente hoy no pocos llaman irregularidades. A esta altura ya cuesta encontrar a alguien que se libre de haber caído en tentación.

No obstante este desolador panorama, aún hay patria porque si la influencia del dinero fuese tan determinante de los resultados electorales, se supone que quienes más gastan en las campañas son los elegidos. Afortunadamente no siempre es así. Esto habla bien de los votantes que no se dejan seducir por imágenes construidas a punta de meter más y más plata.

Lo que hoy no está tan claro es si quienes salieron elegidos con nuestros votos, están representando a quienes les votamos o a poderes fácticos que les financian desde las sombras, y más encima, al amparo de franquicias tributarias. Que alguien salga elegido con el voto popular y después una empresa aporte recursos a su fundación o le financie informes truchos, es algo que para cualquiera con dos dedos de frente huele a azufre.

Cómo impedir que nuestro voto sea escamoteado por esta vía es el gran desafío. No visualizo solución por la vía legal, que suele ser vulnerada sin vergüenza alguna. La única solución es ético-moral. Esto es, tener una formación ético-moral que se constituya en una barrera infranqueable, a prueba de balas y tentaciones. Tener políticos y empresarios de primera, nacidos para servir, no para servirse.

Desafortunadamente, lo que tenemos es resultado de un sistema educacional mercantilizado que poco tiene de educación. Mientras este escenario continúe en estos términos, seguiremos inmersos en copas futboleras, o de vino, que nos ayudan a distraernos, aunque sea por un rato. Salir campeones es importante, pero no tanto como tener una sólida formación ético-moral a prueba de balas.

 
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