junio 11, 2015

Cambalache recargado

En Argentina, en la década de los 30 del siglo pasado, en medio de una dictadura cívico-militar que había derrocado a Hipólito Yrigoyen para “restaurar el orden”, fue compuesto Cambalache, un tango cuya letra lo dice todo, que revela el mundo que se vivía. Comienza afirmando “que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también”.

Fue un amigo, conversando electrónicamente, quien me hizo saber que parecen vivirse tiempos de cambalache, término que actualmente se asocia a trueque, a “pasando y pasando”, donde todo tiene su precio. Cualquiera diría que estamos en tiempos donde no hay espacio para aquello que no tiene precio, la solidaridad, la amistad, la confianza. Sin embargo, leyendo la letra de Cambalache los tiempos actuales no parecen diferenciarse mayormente de los de hace ya casi un siglo atrás.

Más adelante, en Cambalache sostiene “que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé”. Como para percatarnos que no hay nada nuevo bajo el sol, lo que no nos viene nada de mal para quienes creen que el mundo se está viniendo abajo. El tango entero parece ser una oda al presente, y por lo mismo, nos viene como anillo al dedo.

Cualquiera diría que fue escrito por estos días, y a propósito de lo que estamos viviendo todos los días, donde estamos viendo sabandijas de uno u otro lado, aunque más de uno que del otro, pero eso da igual, porque como dice la letra de Cambalache “vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos”.

No obstante los cambios, los prodigiosos avances científico-tecnológicos que nos dejan con la boca abierta, en esencia, los tiempos de hoy no parecen diferir mayormente de los de ayer. Mal que mal, como prosigue Cambalache “hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador ¡todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor!”

Más adelante prosigue “Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil”. Si en vez de haber puesto siglo veinte, hubiese puesto siglo veintiuno, habría pasado piola. Finalmente, Santos Discépolo, el autor del tango, la remata: “Si es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de las minas, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley”.

Con todo, no renuncio a ser optimista. A pesar de todo, no da lo mismo ser un bribón que no serlo. La tranquilidad de conciencia del que actúa bien sin necesidad de prohibiciones, vale oro, oro purito, oro de ley.

De todo lo que está ocurriendo algo bueno ha de salir. Es preferible mil veces que se destape la olla a seguir manteniéndola tapada, que es lo que hemos estado haciendo.

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