abril 10, 2015

La ética en las empresas

El comportamiento ético en las empresas está dado por quienes trabajan en ellas, pero sobre todo por quienes son sus dueños y máximos ejecutivos. Ellos marcan la pauta. Los mercados para que funcionen bien, para que los precios reflejen la escasez o abundancia de un bien o servicio en relación a su demanda, exigen comportamientos empresariales éticos. En caso contrario los mercados se ven distorsionados.  En efecto, una colusión de empresas que dominan el mercado, obtienen precios por sobre los que se dispondrían si los mercados fuesen libres, y por ende, ganancias por encima de las que se tendrían sin colusión. Da lo mismo que la colusión sea legal o ilegal, da lo mismo que existan pruebas o no, lo concreto es que se trata de una conducta no ética. Es el caso de los pollos o de las farmacias.

Es curioso que los comportamientos no éticos se encuentren sobre todo entre los campeones, los amantes del libre mercado. Lo que no quita que entre sus críticos también existan tales comportamientos. De todo hay en la viña del Señor, aunque más en un lado que en el otro.

Las conductas no éticas conllevan ganancias para unos en perjuicio de otros. Otro ejemplo. Una industria que genera empleo y que al mismo tiempo evade impuestos. Es el caso de PENTA, donde uno de sus controladores adujo que se trata de una máquina para generar empleo, como para justificar su comportamiento no ético, al ser también una máquina para defraudar al Estado.

Que una sobrina trabaje en un municipio tase los terrenos de su tío y le pase el dato que los terrenos pasarán a ser urbanos con el cambio del plan regulador, es un comportamiento no ético. Da lo mismo que sea legal o no. Hay conflicto de intereses, hay acceso a información privilegiada, se está en posición dominante, se sabe lo que el común de los mortales no sabe. El libre mercado se distorsiona, deja de ser libre para pasar a ser cautivo de quienes están dateados. Es el caso de CAVAL.

Que una empresa pague contra boletas o facturas por informes, servicios o productos que no existen o que si existen no se ocupan,  boletas o facturas que servirán para descontar impuestos, es un comportamiento no ético. También lo es cuando las empresas financian a políticos o funcionarios del Estado, porque los comprometen. Es el caso de SQM. Ahí pecan empresarios, políticos y funcionarios.

Que una alta autoridad de un banco contrate a la nuerísima para apoyar la obtención de permisos para la realización de dos grandes proyectos del banco, revela un comportamiento no ético de lado y lado: tráfico de influencias. De parte del banquero porque está comprando influencia, mal que mal no está contratando a la niña por sus cualidades profesionales, sino por su condición de nuerísima y la influencia que puede ejercer para la obtención de los permisos requeridos; y de la nuerísima por su capacidad para inhibir comportamientos éticos por parte de quienes otorgan los permisos. Es el caso del Banco de Chile.


Tanto se ha insistido en la necesidad de aprovechar las oportunidades que nos provee el mercado, que hemos olvidado la ética, esto es, que no puede ser a cualquier precio, a costa de conductas no rectas. Con todo, más temprano que tarde, los comportamientos no éticos también se pagan. 

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Hola Rodolfo. Veo que los dos le hemos dado duro y parejo al tema.
Es lo que corresponde.
Saludos.

 
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