septiembre 03, 2014

Revolución en libertad

Por estos días se cumplen los 50 años del triunfo de Eduardo Frei Montalva, allá en 1964, luego de una campaña con un rival de fuste, como lo era Salvador Allende, abanderado del Frente de Acción Popular (FRAP). Una campaña compleja, en tiempos de guerra fría, la primera elección presidencial después del ascenso de Fidel Castro en Cuba.

El candidato de la derecha, en aquel entonces una coalición de liberales, conservadores y radicales, Julio Durán, un radical de tomo y lomo, vio desvanecer sus posibilidades luego de la derrota experimentada por el candidato derechista en una elección complementaria, en Curicó, en manos de un socialista. Este fenómeno se conoció como el naranjazo y marcó la pauta  de las decisiones en el ámbito político. La derecha entró en estado de pánico y con tal de impedir el triunfo de Allende, ofreció su apoyo a Frei, dejando en la estocada a Durán, quien no bajó los brazos. Frei no dio la espalda a este apoyo, pero dejó en claro su postura con una frase para el bronce: “no cambiaré mi programa ni por un millón de votos”.

El programa de Frei era un programa de avanzada que a la fecha no se ha sabido valorar en consideración a que impidió el triunfo del candidato de la izquierda, Allende. Cabe recordar que en la contienda presidencial anterior había estado ad portas del triunfo al ser derrotado a duras penas por Alessandri, gracias a la incursión de un cura de Catapilco, quien alcanzó a quitarle a Allende los escasos votos que le faltaron para ganar.

La campaña tuvo de todo, desde la apoteósica Marcha de la Patria Jóven, que culminó en el entonces parque Cousiño, hoy parque O´Higgins, hasta la intervención norteamericana, que se la jugó por Frei Montalva. Mal que mal, para Estados Unidos era inaceptable lo que visualizaba como una eventual segunda Cuba, con el agravante de que en esta ocasión, sería el primer triunfo de un candidato confesadamente marxista por la vía de las urnas. Hasta el campeonato mundial de fútbol que se había desarrollado en Chile sirvió de cortina para la campaña aprovechándose el triunfo de Chile sobre Rusia por 2 a 1.

Con Frei Montalva los campesinos salieron del ostracismo, se promovió la sindicalización campesina; los pobladores vieron reconocidos sus derechos a través de la promoción popular y con la creación de las juntas de vecinos; las mujeres encontraron su cauce en los centros de madres; los trabajadores vieron abiertas sus posibilidades de capacitación; las pequeñas empresas encontraron apoyo en instituciones como el Servicio de Cooperación Técnica; el país inició la recuperación de su riqueza básica, a través de lo que se llamó la chilenización del cobre, y que después, con Allende fue nacionalizado.

No obstante estos innegables avances, la izquierda, herida por haber visto postergada una vez más sus posibilidades de triunfo, le negó la sal y el agua a Frei Montalva.


Hoy, a 50 años de su triunfo, me permito recordarlo para aprender del error que significó una Democracia Cristiana y una izquierda posicionadas en aceras opuestas. La consecuencia fue fatal.

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