abril 29, 2014

La izquierda atrasada

Así como existe una derecha atrasada, de la que ya escribí la semana pasada, que siempre anda desfasada, a la vuelta de la rueda, en la izquierda también existe aquella que continúa defendiendo lo indefendible. En ambos casos, cuesta que les caiga la teja, y cuando les cae, suele ser a destiempo, por oportunismo antes que por convicciones.

Por suerte, en el caso de la izquierda, la mayoría ha asumido la caída de los socialismos reales en un proceso de autocrítica tardío, y por ello más doloroso. Pero existe una minoría, que parece seguir creyendo en dictaduras del proletariado, luchas de clases, que concibe a las religiones como el opio del pueblo, y que santifica la propiedad estatal de los medios de producción, de comunicación y de cuantos medios se les pongan por delante.

Esa minoría delirante aún sigue creyendo en las bondades del régimen imperante en Corea del Norte o en Cuba misma. En el caso de este último país, amparado en el boicot del imperialismo norteamericano, en las virtudes de su sistema de salud y educacional. Se resisten a reconocer que quienes allí viven, la están pasando muy mal y que los regímenes de partidos únicos, de concentración del poder político, tienen sus días contados, aún cuando esos días se transformen en años y décadas.

Resulta penoso constatar que a más de 50 años de la revolución cubana, no hayan podido resolver el tema de la sucesión, y que Fidel haya tenido que ser reemplazado por su hermano. Más penoso aún es constatar que después de haber sido el patio trasero de Estados Unidos hasta la llegada de Fidel, lo más probable, que el sacrificio de generaciones de cubanos haya sido en vano.

Una izquierda dispuesta a sacrificar generaciones por un futuro, una quimera, en la que ya nadie cree. Resulta espeluznante ver cómo la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética mostró la podredumbre de un sistema regentado por un partido, el comunista, cuyos militantes terminaron haciendo lo mismo que hicieron los prohombres de Pinochet: comprar a precio de huevo empresas estatales quebradas por ellos mismos. Estos insignes prohombres, forman parte de ese 0,1% de la población que se escandaliza por una tibia reforma tributaria, así como en las repúblicas que conformaron la Unión Soviética reinan nuevos multimillonarios excomunistas. La corrupción en todo su esplendor.

Esta izquierda atrasada es la que en Venezuela sigue respaldando un proceso bolivariano que está condenado por corrupción de sus propias FFAA. Un destino predecible cuando tienen chipe libre, cuando concentran el grueso del poder, sea éste de carácter político o económico.

A esos sectores, harta falta les hace tener “open mind”, mente abierta, ser capaz de reconocer y asumir las debilidades propias, para actuar en consecuencia.

Por suerte esta izquierda atrasada es minoría dentro de la izquierda, a diferencia de la derecha atrasada, donde ella domina el escenario.

abril 24, 2014

La derecha atrasada

Por algún misterioso motivo, la derecha siempre suele llegar atrasada a todas partes. No solo ahora, para que los chilenos que viven en el exterior puedan votar. Los representantes de la derecha se escudan en los más inverosímiles argumentos para resistir, buscando acotar los espacios de libertad de los chilenos. No obstante que sus más conspicuos representantes se proclaman como adalides de las libertades, la verdad que cuando hablan de ellas, se limitan a una libertad en particular, muy específica, la libertad económica, pero no al concepto de libertad en su sentido más amplio. Una vez que los chilenos puedan votar en el exterior, a poco andar, inevitablemente, pasará a ser lo más natural del mundo.

Lo mismo ocurrió con el tema del divorcio. La derecha rasgó vestiduras oponiéndose una y otra vez, convirtiendo a nuestro país en un oasis en un mundo donde la mayoría de los países ya había encarado este tema sin que por ello la familia pasara a ser un mero recuerdo. Preferían mirar al techo, suponer que el divorcio destruiría la familia, sin percatarse que cuando se llega al divorcio, es porque la familia ya está destruida. No es causa, es consecuencia.

Preferían mirar al techo, porque de otro modo cómo se explica que toleraran la nulidad matrimonial sobre la base de una farsa: que lo que en su momento existió, un matrimonio en particular, en rigor, no existió. La derecha resolvía sus problemas matrimoniales por esa vía, con recursos económicos, y/o hipocresía, con la familia oficial, y la otra. ¿Cuándo les cayó la teja? Cuando ya no quedaba otra, porque entre los suyos el tema se había hecho carne.

Lo mismo ocurrió con el tema del homosexualismo. Para una persona auténticamente de derecha, conceptualmente, el homosexualismo es una enfermedad, es algo anti natura, y por tanto, los rechaza ipso facto. La derecha rechaza el homosexualismo, tal como rechaza a los marxistas, a quienes el recordado almirante Merino refería como humanoides. Hasta que la fuerza de los hechos, esto es, la presencia de homosexuales en sus propias filas y/o los cálculos electorales, los hace aceptar su existencia, aunque a regañadientes.

El matrimonio homosexual, la adopción de niños, el aborto y la eutanasia son otros de los tópicos donde la derecha muestra su hilacha: su conservadurismo, su incapacidad para leer los signos de los tiempos, su sentimiento de superioridad, de guardián del orden establecido, de ser portadores de la verdad revelada, responsables de que el país no se venga vaya al tacho de la basura. No se percatan que de lo que se trata es de sacar al país del tacho de la basura.

Les gustan las libertades económicas, desregular todo, excepto las otras libertades, entre ellas, las personales y políticas. Esas, hay que restringirlas, acotarlas, a nombre de los intereses superiores, a punto tal que hasta los derechos humanos, en momentos muy particulares, definidos por ellos mismos, habría que suspenderlos. Es la voz de ultratumba de Jaime Guzmán (QEPD).

Desgraciadamente no se le pueden pedir peras al olmo. La derecha, inevitablemente, llegará siempre atrasada a todas partes. De lo contrario, no sería derecha.

abril 14, 2014

Valparaíso en llamas



No solo el país, sino que el mundo entero han visto una y otra vez las sobrecogedoras escenas del incendio que está afectando a los cerros de Valparaíso y el desigual y subdesarrollado combate con que se enfrenta, con escasos recursos. Una vez más observamos impertérritos las circunstancias y precariedad, y el heroísmo con que trabajan los bomberos.

Los medios de comunicación cumplen su tarea, no sin cierto morbo, repitiendo imágenes y entrevistas, como para refregarnos el drama que afecta a miles de compatriotas. Siento que falta sobriedad y tino en la comunicación, que hay más obstrucción y confusión que colaboración.

Es hora de terminar con el amateurismo en estas materias. No están los tiempos para ello. No es posible continuar financiándose en base a donaciones, colectas públicas, aportes municipales cuyas arcas suelen ser escuálidas de solemnidad, o de dádivas empresariales. Es indispensable profesionalizar la función bomberil. No están los tiempos para voluntarismos en estas materias. La envergadura de los incendios, la magnitud de los recursos comprometidos, y un adecuado uso de los recursos tecnológicos disponibles para encararlos, y nuestra voluntad de pasar a nuevos estadios de desarrollo, ameritan tener bomberos profesionales en todo el sentido de la palabra.

Vivimos tiempos de mayores riesgos. Las temperaturas, los vientos y la menor disponibilidad de agua hacen lo suyo, agravados por el individualismo reinante, en desmedro del bien común. Saltan por los aires planes reguladores defectuosos que obedecen a presiones de los poderosos, dejando en la indefensión a los pobres, quienes son empujados a las periferias y a los terrenos de mayor riesgo. Los municipios regularizan lo que no deben, empujados por intereses o urgencias.

Muchas veces se objeta que pobladores se toman terrenos y levanta construcciones ligeras allí donde no está autorizada, en quebradas y/o zonas de alto riesgo, de incendio, de erosión o de inundación. Una periodista tuvo la osadía de preguntar a una pobladora: ¿por qué se vienen a vivir a un lugar tan peligroso? La respuesta no se hizo esperar: “Los pobres no elegimos donde vivir”.

Nos llenamos la boca con las libertades, con el desarrollo, con los avances. Lo que estamos viendo da cuenta de nuestras falencias, que no todo lo que brilla es oro, que quizá estemos construyendo un ídolo con pies de barro.

Pasado el incendio, los medios de comunicación nos llenarán las pantallas de la cadena solidaria que se ha desencadenado, como para adormecernos, tranquilizarnos. No podemos quedarnos con eso. Sin dejar de ser solidarios, es necesario cambiar la mirada porque no podemos pretender creer que esto se resuelve con solidaridad.

Lo importante es siempre pospuesto en aras de lo urgente. Ojalá lo que está ocurriendo sea una oportunidad para hacer un alto para pensar y proyectarnos. Para hacer planificación urbana en serio, en beneficio de la población y no de unos pocos. Para no arrinconar y empujar a los pobres a lugares no habitables, de modo de hacerles la vida menos dramática.

abril 10, 2014

Jaime Guzmán y el minuto de silencio: no nos pidan tanto!

Al cumplirse 23 años del asesinato del exsenador chileno, Jaime Guzmán, el Senado guardó un minuto de silencio en una de sus sesiones ordinarias. La presidenta del Senado, Isabel Allende, hija del expresidente Allende, solicitó a los asistentes ponerse de pie. Camila Vallejo, diputada comunista, no lo hizo, permaneciendo sentada, aunque respetando el minuto de silencio.

Guzmán fundó el que es hoy por hoy el partido más grande de la derecha chilena, la Unión Demócrata Independiente (UDI), y fue su presidente hasta 1987. En las primeras elecciones parlamentarias después de la dictadura de Pinochet, gracias al sistema electoral binominal, no obstante salir tercero, fue electo senador por el período 1990-1998.

La derecha dura, representada por la UDI, poco menos que quiere canonizarlo, sin embargo, por su trayectoria política, más correspondería demonizarlo. Desde las sombras, estuvo en la génesis del golpe del 73, delineó las características centrales de la dictadura, fue actor central en la gestación de una Constitución Política del Estado, la del 80, plebiscitada sin registros electorales, sin partidos políticos, sin libertad de prensa y con una oposición relegada a la clandestinidad.

Jaime Guzmán no fue cómplice pasivo, sino que más bien fue partícipe activo, siempre desde una segunda fila, desde el primer minuto, en la construcción de un régimen demoníaco. Jaime Guzmán justificó permanentemente, con una dialéctica sin igual, las cortapisas, limitaciones a los derechos humanos y al ejercicio de la justicia, los que consideraba subordinados a los intereses superiores del Estado. Intereses que definía a su pinta. Su colaboración con la dictadura, al igual que su responsabilidad intelectual y complicidad con las consecuencias más nefastas –desaparecimientos, torturas, ejecuciones, exilios- no podrá ser tergiversada en la historia política chilena.

Quienes afirman que contribuyó al retorno a la democracia omiten al menos 3 hechos que lo retratan de cuerpo entero. Uno, su oposición al acuerdo nacional promovido por la Iglesia en 1985 y donde se buscaba una salida pacífica a la dictadura; dos, la noche del 5 de octubre de 1988, cuando las cifras señalaban que la oposición había ganado el plebiscito, Guzman y la UDI guardaron silencio, incapaces de reconocer la derrota; y tres, su oposición a una tibia reforma constitucional de 1989 destinada a facilitar la democratización.

En consecuencia, más allá del ideario político de la diputada Vallejo, que por lo demás no comparto, ella tenía sobradas razones para permanecer sentada y no ponerse de pie. Era lo mínimo que podía hacer en homenaje a quienes ya no están con nosotros.

El hecho que haya sido asesinado por un grupo terrorista, no amerita que sus enemigos políticos y la sociedad entera le rindan tributo, lo que no impide que le rindan tributo sus adherentes. Pero no seamos hipócritas.

abril 04, 2014

La tragedia de Ucrania al desnudo

Encontrándome en Berlín, la capital de Alemania desde la reunificación, el derribo del muro, y la desintegración de la Unión Soviética, veo desatarse la crisis de Ucrania, una de las tantas repúblicas que componían la Unión Soviética.

La crisis fue gatillada por una resolución del parlamento ucraniano de asociarse con la Unión Europea, la que para hacerse efectiva requería la firma del presidente ucraniano, Viktor Yanukovich. Éste, se rehusó a poner su firma, en el marco de violentas protestas y manifestaciones que culminaron con su destitución. De ahí para adelante se desencadena una serie de procesos que se encuentran en pleno desarrollo.

Moscú, la capital de Rusia, de la mano de Putin, da un golpe de fuerza, calificando de ilegal la destitución y anexando la península de Crimea, que si bien pertenecía a Ucrania, operaba bajo un estatuto de autonomía. La anexión de Crimea es justificada por un referéndum y factores históricos. La verdad a la milanesa no es otra que el petróleo y gas existentes, su estratégica localización, y el origen ruso de la mayoría de sus habitantes. Hoy, Crimea ya es Rusia.

Hoy, a más de 20 años de la descomposición de la Unión Soviética, Putin está resucitando las pretensiones imperiales de entonces sobre bases bien poco democráticas. Sin asco, sin pelos en la lengua, frente a un occidente paralogizado, Rusia ha dado un golpe de fuerza buscando resucitar la Unión Soviética. Rusia, visualiza a los países que fueron de su órbita y que hoy limitan con Europa, como un colchón donde lo que ocurre en ellos no les resulta indiferente. Por el contrario, lo que allí ocurre, lo considera de su incumbencia, no vaya a ser que la influencia europea termine por socavar el poder de quienes dirigen los destinos de Rusia.

Ni Europa, ni Estados Unidos han reaccionado como hubiesen querido. Europa, por su dependencia energética. Y Putin lo sabe. Por desgracia, Ucrania no es ningún modelo de democracia que amerite ser defendido con entusiasmo, al igual que en todas las repúblicas que conformaron la Unión Soviética. Lo que quedó con la desintegración, y de lo cual Ucrania no es sino un ejemplo, al igual que Rusia, es un conjunto de países manejados por oligarquías conformadas que se hicieron de los despojos del poder estatal. Cuando hay elecciones, a lo más, lo que hay es el desplazamiento de una oligarquía por otra. Nacionalistas y excomunistas convertidos en oligarcas, mientras sus pueblos siguen pateando piedras.

Desafortunadamente, la situación económica y social que vive Ucrania no puede ser peor. Pobreza, rencor y miedo es lo que ronda por esos lares mientras unas pocas “familias” se reparten fortunas. Nada nuevo bajo el sol.

 
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