enero 08, 2014

La desigualdad


Si bien la desigualdad ha existido siempre, se trata de uno de los temas recurrentes que ha estado en la agenda política, al menos en las últimas décadas. De hecho parece estar en el origen del malestar imperante, un malestar que las élites tecnocráticas no comprenden.

Malestar que se asienta esencialmente en su magnitud y tendencia a incrementarse en vez de disminuir. En forma creciente se está percibiendo que el modelo neoliberal que ha estado imperando desde los años 80, no ha hecho sino exacerbar las diferencias. Modelito impulsado por Reagan en USA y Tatcher en Inglaterra, y del que Chile ha sido su más aventajado alumno de la mano del innombrable y sus Chicago Boys, y que ha sido sometido a retoques y maquillajes orientados a limar sus aristas más ásperas. Sin embargo su esencia permanece. La mona por más que se vista de seda, mona queda.

No se trata de algo etéreo, inasible, intangible, sino que por el contrario, concreto, que se palpa, se vive diariamente. Una desigualdad lacerante. Ya no somos un país, somos dos o más países. Están los que viven en Vitacura, Las Condes, La Dehesa, los de plaza Italia al oriente, y de plaza Italia al poniente. Si, al menos dos Santiago. Lo mismo pasa en regiones.

Aún cuando algunos pretendan rebatirnos, la verdad que la desigualdad que tenemos es vergonzosa. Existe un 1% de los chilenos que concentra el 30% de los ingresos. En qué otro país existe este nivel de desigualdad? en USA, el 1% de los estadounidenses más ricos capta el 20% del total de los ingresos; en Alemania poco más del 10%; en Suecia, poco menos del 10%.

Y si hilamos más fino, y nos centramos en el 0,1% de los chilenos más ricos, podemos observar que capturan casi el 20% del total de ingresos! Esto significa que hay chilenos que ganan más de 80 millones de pesos mensuales, mientras un 80% vive endeudado con menos de un millón de pesos al mes.

Este 0,1% de los chilenos son los que “compran” educación pagando mensualidades del orden de los 300 mil pesos con cuotas de incorporación de dos millones de pesos. La correlación entre los puntajes en la PSU y los ingresos familiares es casi perfecta. Mientras más ingresos tienes más educación puedes “comprar”, y por tanto más puntaje PSU tienes.

Lo mismo vale respecto del empleo. Mientras vengas de una familia con más ingresos, más probable es que tengas un buen empleo, bien pagado, lo suficiente como para reproducir y multiplicar la desigualdad imperante.

Lo que tenemos es un modelito político-económico-financiero que desafortunadamente no hace más que perpetuar y amplificar la desigualdad. El malestar y las movilizaciones son consecuencia de esta desigualdad que no es ficticia, sino que por el contrario, crece y crece, aún cuando en términos absolutos hoy estemos mejor que ayer. Se requiere algo más que un Estado subsidiario o políticas públicas centradas en la focalización. Las pildoritas de los bonos no son la receta.

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