septiembre 26, 2013

La necesaria degradación


Por estos días, como nunca antes, se está planteando la degradación militar y la pérdida de todos los grados, honores y reconocimientos, al menos, del innombrable y de su brazo ejecutor, el Mamo. Se podría afirmar, que el día que ello ocurra, sería uno de los componentes a favor del fin de una transición que parece interminable.

La razón es muy simple: el innombrable, por haber conducido a las FFAA por un camino de locura, imponiendo una política de terrorismo de Estado en contra de sus conciudadanos, y el Mamo por haber implementado tal política. Una política absolutamente reñida con la ética y moral que hizo posible los horrores.

La degradación vale más que mil palabras y perdones. No caben las frases de buena crianza. La degradación supone que las FFAA, como institución, se avergüenza de haber sido desviada de su destino, por quienes tenían la responsabilidad de hacer honor a los grados que ostentaron. La degradación es una señal contundente, clara, nítida para las actuales y futuras generaciones de chilenos, pero sobretodo, para quienes integran las FFAA, y en particular, para quienes la dirigen.

Esta degradación no puede provenir sino de las propias FFAA, señal del fin de una doctrina de seguridad nacional que permitió a los militares discernir por sí mismos cuando la seguridad nacional está siendo afectada por factores externos o internos.

No es la venganza la que invita a la degradación, sino la necesidad de que nunca más nadie, por alto que sea su cargo, se vea tentado a seguir similar camino. Para que las actuales y futuras generaciones de uniformados sepan con meridiana claridad, qué es lo que les honra, y qué los deshonra.

Los involucrados, uno fallecido, y el otro pavoneándose como Pedro por su casa en un penal de privilegio, sin que a la fecha se arrepienta de lo realizado. En estricto rigor, la degradación debiera hacerse extensiva a quienes los respaldan al interior de las FFAA.

Recién ahora, habiendo transcurrido 40 años desde el golpe y sus consecuencias, surgen voces en esta dirección. Han tenido que transcurrir 40 años para que se esté perdiendo el miedo. Un miedo instalado a punta de bayonetas, exilios, desapariciones, relegaciones, torturas y pérdidas de trabajo que la instalación de la democracia protegida de los 90 no fue capaz de eliminar, aunque sí de ir disminuyendo aceleradamente.

La historia está poniendo las cosas en su lugar. Está la posibilidad de que emerja un nuevo Chile.


septiembre 18, 2013

La campaña de la derecha

Pasadas las fiestas patrias, viene el regreso a la realidad, al día a día, y levantar la mirada respecto de lo que viene. En menos de lo que canta un gallo tendremos las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales.

Desde la derecha se afirma que ahora sí empieza la campaña. Desafortunadamente no es cierto. Que quieran recomenzarla una y otra vez es otro cuento, porque hace rato que la han iniciado. Lo prueba la candidatura presidencial de Golborne, a quien quisieron levantar como un candidato independiente, cuyo pasado terminó por convencer a la UDI que con él no llegaban a ninguna parte.

Sobre la marcha, rápidamente, sin mediar agua va, de un día para otro, levantan como candidato, para salvar la estantería, a Longueira, uno de los fundadores y próceres de Chacarillas. A lo largo del país, las murallas nos recuerdan que en algún minuto Longueira fue candidato presidencial, que ganó las primarias, y que a poco andar dejó de estar en carrera por motivos de salud relacionados con una depresión que sus cercanos prefieren mantener como una suerte de secreto de Estado. Como aquellos jerarcas de la Unión Soviética, en tiempos comunistas, cuando de la noche a la mañana, eran borrados de la memoria, como si no hubiese existido nunca.

Reunido nuevamente el equivalente al Comité Central del Partido Comunista, los mandamases herederos de Guzmán, en un dos por tres, imponen un nuevo candidato, esta vez, una candidata, Evelyn, desplazando sin asco a quien se asumía con mejores derechos por haber competido en las primarias: Allamand.

Cuando sus partidarios levantan a Evelyn, lo hacen alabando cualidades tales que no pocos se preguntaban porqué no se les había ocurrido ponerla sobre la mesa antes de haber puesto a Golborne y a Longueira.

La ruleta presidencial está acompañada de la parlamentaria, donde el mayor desaguisado, ha sido el de la nominación como candidato a senador por la región de Antofagasta de Cruz Coke, porque era absolutamente previsible que legalmente era prácticamente imposible sostenerla. Y efectivamente se cayó luego de tirar plata por la ventana al por mayor, al inundar la región, con gigantografías, que irán a terminar en el tarro de la basura. Solo la derecha puede darse esos lujos.

Con todos estos antecedentes, es imposible no sorprenderse que entre los partidarios de la candidatura de Evelyn cunda el pesimismo, lo que ya está generando conflictos al interior de los responsables de la campaña. A la fecha la estrategia ha sido mostrar a una Evelyn sonriente, suelta, relajada, que aspira dar en el gusto a todos. Sin embargo están surgiendo voces en contrario, porque visualizan que su candidatura no prende. De allí que postulan la idea de mostrarla tal cual es, sin pretender competir con Michelle en simpatía, porque por esa vía estaría perdida. Y mostrarla tal cual es implica un cambio radical de estrategia.

Por lo expuesto, no se puede afirmar que la campaña comienza recién ahora, después de las fiestas patrias. Hace rato que comenzó.

septiembre 12, 2013

El destape

Por estos días, en Chile, a 40 años del golpe militar, como nunca antes, se está viviendo una suerte de destape desde los más diversos sectores de la sociedad, poniendo en tela de juicio la actuación y la responsabilidad que les cupo. Tímidamente asoma la vergüenza entre algunos de quienes obviaron lo que se traían entre manos los responsables de las barbaridades que trajo consigo un régimen sin piedad que está entrando a la historia por sus horrores.

Como en ninguno de los aniversarios anteriores, imágenes, documentos, testimonios dan cuenta de lo ocurrido y las miradas de cada uno de nosotros, de quienes lo vivimos y quienes no lo vivieron, pero que heredaron sus consecuencias. Las heridas mal curadas, no cicatrizadas, se reabren una y otra vez. El tiempo, en vez de correr a favor de los responsables, ha corrido en contra. La historia se está encargando de poner en su lugar a cada uno de los actores de la tragedia.

Creímos que era posible otro país. La gran tragedia nacional, lo ocurrido, desde antes que asumiera Allende, nos vino a demostrar que no fue posible. Los grandes intereses nacionales e internacionales, se encargaron de impedirlo. Lo demás, son excusas. La injusticia y la pobreza reinante, no era consecuencia de la izquierda marxista, del comunismo internacional, sino que por el contrario, producto de una oligarquía eminentemente feudal. Allende es fruto de una realidad que el país quería cambiar por las buenas.

Las FFAA, las que se asume que pertenecen a todos los chilenos, no fueron capaces de sustraerse a los cantos de sirena de una derecha que no trepidó en cerrar todo espacio a salidas políticas buscadas por quienes avizoraban lo que vendría. Fracasadas estas salidas, surge la solución militar, unilateral, acicateada por quienes no podían tolerar lo que estaba ocurriendo.

¿Nos equivocamos? ¿En qué nos equivocamos? ¿Fuimos irresponsables? ¿Fuimos extremadamente voluntaristas? ¿Cuáles fueron nuestros delitos? ¿Haber creído que podíamos construir un país distinto? Lo ocurrido nos demuestra que fuimos más allá de los límites de lo tolerable por parte de quienes se creen dueños del país. Ese fue nuestro pecado, nuestro gran error. Ellos, no nosotros, son quienes definen lo que se puede y lo que no se puede hacer: este es el camino por donde hemos transitado desde el año 1990.

Hoy tenemos motivos de satisfacción y de insatisfacción. Entre los primeros, observar una nueva generación más suelta, sin miedo, que recogen nuestros sueños de antaño; entre los motivos de insatisfacción, observar que la persistencia de una derecha desvergonzada. Que no se avergüenza de haber respaldado una política de exterminio al amparo de una doctrina de seguridad nacional digitada desde Washington.

La reconstrucción de Alemania vino de la mano de una vergüenza colectiva por su adhesión al nazismo. La vergüenza es un valor que en Chile aún hace falta. Ni el Mamo Contreras ni Alberto Cardemil ni muchos de quienes estuvieron en Chacarillas sienten vergüenza por sus actuaciones ni por sus adhesiones a tesis de “presuntos o falsos detenidos desaparecidos”. Hace falta que sientan vergüenza en vez de orgullo.

Inevitablemente, más temprano o más tarde, la verdad aflora. La historia se está encargando de poner a Pinochet y los suyos en el lugar que se merece.

septiembre 05, 2013

Cómplices pasivos


Recientemente el Presidente de la República, Sebastián Piñera declaró, en relación al Golpe y sus consecuencias, que “hubo muchos que fueron cómplices pasivos: que sabían y no hicieron nada o no quisieron saber”. Esta simple frase remeció el escenario nacional, en particular, dentro de su propio gobierno y entre sus huestes.

No podía ser de otro modo porque los cómplices pasivos a los que hace mención, están entre quienes conforman el primer gobierno de derecha en 20 años y quienes lo respaldan. Son los primeros sorprendidos porque los desnuda, al reconocer, a décadas de distancia, lo que se sabía tras las bambalinas, pero que se ocultó y negó persistentemente al amparo de tribunales de justicia y medios de comunicación que abdicaron de sus funciones. Unos, amedrentados por el miedo que la dictadura había instalado, pero no pocos, convencidos que la depuración, la “limpieza”, “la extirpación del cáncer marxista” era imprescindible para hacer de Chile una gran nación.

Es de temer que quienes siguen resistiéndose a asumir su responsabilidad con los horrores cometidos, no pocos, de repetirse la historia, confrontados a una situación similar, tales cómplices activos y pasivos, volverían a actuar del mismo modo. Una y otra vez, convencidos que el dilema existencial es dicotómico, esto es, “o ellos o nosotros”, “si no los matamos, nos matan”, no hay espacio para unos y otros.
Superar esta dicotomía, esta visión del mundo entre “buenos y malos”, y donde siempre los malos son los otros, los que piensan distinto, es el drama que nos mantiene rezagados. A lo largo de estas décadas hemos aprendido mucho, pero aún nos falta por aprender.

El clima que se vivió hace 40 años era de una beligerancia tal que el golpe fue absolutamente previsible, donde la política entendida como el espacio de diálogo y discusión civilizada de las diferencias y de resolución de los problemas de la sociedad, había sido totalmente sobrepasada por la militarización, expresada tanto por el lenguaje como por el protagonismo que adquirieron las FFAA y los polos revolucionario y reaccionario entre las distintas fuerzas políticas, en desmedro de posturas moderadas totalmente sobrepasadas y que buscaban salidas políticas. Los poderosos intereses económicos y financieros afectados, junto con un contexto internacional de guerra fría, terminó por hacer lo suyo.

Lo que sobrevino fue un golpe y una dictadura cuyas características han dejado heridas que se resisten a cerrar. A lo largo de todas estas décadas, quienes alimentaron a la dictadura han tenido la desfachatez de responsabilizar de ello a las víctimas y sus familiares de quedarse entrampados en el pasado sin mirar el futuro, como si fuera posible poner una lápida a lo ocurrido.

Cualesquiera sean los errores que antes del golpe se hayan dado, nada puede justificar los horrores que se desataron desde entonces y que han ido saliendo a la luz pública gracias a la apertura democrática, la perseverancia de las víctimas y sus familias, y de los sucesivos gobiernos. Los avances en esta materia son incuestionables y le hacen bien al país en su conjunto. Todo ello, “en la medida de lo posible”, definido por la correlación de fuerzas fácticas y no fácticas, políticas, sociales, económicas, culturales.

Desafortunadamente, salvo excepciones, en las fuerzas de la derecha, UDI y RN, no se visualizan mayores y sinceros arrepentimientos entre quienes conformaron el poder civil que empujó política, económica y financieramente el golpe. Por el contrario, ante las expresiones de Piñera reaccionaron con molestia. La propia candidata a sucederlo, Matthei, se distanció de sus palabras aludiendo a su edad en esos tiempos, cuando tenía 20 años, omitiendo las barbaridades cometidas cuando tenía 25, 30 y 35 años. Todo un prototipo de complicidad pasiva que no se quiere reconocer.

 
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