julio 18, 2013

La caída de Longueira


La bajada de Longueira, habiendo dejado en el camino a Allamand en primarias, previa bajada de Golborne por parte de la UDI, ha dejado estupefacto a medio mundo. Y ha dado lugar poco menos que a un verdadero funeral de Estado como si Longueira hubiese fallecido. El gobierno, a través del propio presidente, en hablar al país como una suerte de caudillo de sus huestes, olvidando su condición de presidente de todoas los chilenos, luego de visitar a la familia del afectado.

Los motivos aducidos para la bajada se relacionan con la salud mental, depresión, crisis de pánico, o bien, que su hijo menor tendría cáncer, todos motivos que no son de última hora, sino que, de ser reales, se incuban desde hace tiempo, y por tanto, que debieron haber sido previstos. En este plano, la responsabilidad en el escenario bajo el cual se encuentra la derecha y el país, es del propio Longueira, de la UDI, y de su propia familia.

Los cuadros depresivos no surgen de la noche a la mañana, ni menos a semanas de haber triunfado en las primarias. Siempre hay signos de tales cuadros que hay que saber leer, con mayor razón en el ámbito político, y por quienes han estado toda una vida en la política. Pablo no es un aparecido en la política, por cuanto está en ella desde los tiempos de Pinochet, ya sea en la Secretaría Nacional de la Juventud, en Chacarillas, y en la presidencia el Centro de Alumnos de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile en Beaucheff, cuando no habían elecciones, sino que cuando los dirigentes estudiantiles eran designados a dedo desde las alturas. Está lo suficientemente curtido como para que ahora nos vengan a hacer creer en su intempestiva muerte política por depresión. Porque de ser así, estaríamos ante un acto de irresponsabilidad política de su partido, la UDI, de marca mayor que no puede aducir desconocimiento de su estado de salud.

Si efectivamente es una severa depresión o una crisis de pánico, por lo intempestivo, las causas habría que buscarlas en hechos ocurridos últimamente, sobre todo en las semanas después de las primarias. Ellas pueden ir desde que se haya descubierto un condoro que de hacerse público lo liquidaría no solo a él, sino que a su propio partido y a su familia; hasta los proyectos fraguados a sus espaldas tanto por parte de RN con la oposición, como del gobierno con su propio partido, para reformar el sistema electoral binominal, o que un análisis sereno de los resultados de las últimas primarias lo llevaran a concluir que no ganaba las presidenciales de fin de año, frustración que no soportaría.

Como podemos ver, especulaciones sobran. Para qué hablar de lo que viene. Una verdadera caja de Pandora. Lo razonable es que la UDI asuma su responsabilidad en lo ocurrido y reconozca el mejor derecho que le asiste a Allamand, el perdedor en las primarias, en aras de la unidad que tanto se pregona. La tentación es levantar otro(a) candidato(a) y asumir que RN acepte ese otro candidato(a), supuesto que no visualizo como aceptable. Por tanto, a la hora de escribir estas líneas, cuando el ambiente sigue caldeado, lo más probable es que la derecha termine llevando dos candidatos, escenario ideal para la irrupción en una eventual segunda vuelta, de un tercero, que no sea ninguno de estos dos.

Esto se está dando a unos 100 días de las elecciones presidenciales, con una derecha, huérfana de candidato. Por ello algunos recuerdan el naranjazo en Curicó, hace ya 50 años, que produjo un pánico tal en la derecha ante la posibilidad concreta que Allende ganara la presidencia. Entonces, la derecha bajo a su candidato de entonces, Julio Durán, y apoyó sin reservas a Frei Montalva.

Hoy, Piñera aparece intentando salvar la estantería que se cae a pedazos hablando al país como si de un problema nacional se tratara, sin visualizar que el país necesita que se hable con la verdad. Hay quienes sabían lo que estaba pasando, y lo ocultaron. No es el minuto de sacar cuentas alegres, sino de sacar lecciones respecto de lo que no se debe hacer, como es bajar a un candidato, para levantar otro que venía fallado. Para resarcirse del error cometido, la UDI no debiera sino asumir su responsabilidad y respaldar, sin condiciones, al candidato que RN levantó para las primarias.

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Muy razonables tus dudas. Y aterrizada tu conclusión de como salir del atolladero. La comparto.
¿Dos candidatos? Como dices, un suicidio.
Saludos.

 
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