mayo 01, 2013

A rey muerto, rey puesto

En una maniobra de última hora, la UDI, acosado por su pasado en materia de abusos, bajó a su candidato, Golborne, sin arrugarse siquiera; en una decisión ultrarápida, lo cambió por Longueira.

La razones del cambio se entrecruzan. Por un lado está la resolución de la Corte Suprema que condena una acción llevada a cabo en las empresas de Cencosud que perjudicaron a un buen número de consumidores en lo que cae en la categoría de los abusos por prácticas unilaterales. Acción ejecutada cuando Golborne era gerente general de la empresa puesta en jaque. Lo que se agravó porque su contendor, Allamand, no perdió la ocasión para mantener el tema en el candelero, afirmando que debí asumir su pasado; mientras la oposición tomaba palco para no ser acusada de interferencia en los asuntos internos de la coalición de gobierno. Pero el tiro de gracia fue la información, de que Golborne tendría depósitos no declarados en bancos del exterior, en países llamados paraísos fiscales, los que suelen usarse para eludir impuestos. A estas alturas, no obstante que la UDI aparentaba seguir respaldándolo, ya era un hombre muerto caminando. Su sonrisa mefistofélica, por arte del birbiriloque, se había transformado en una mueca fúnebre. La sentencia para su caída, ya estaba escrita. Era cuestión de días, horas, minutos del derrumbe de la estantería tan trabajosamente levantada.

Recordemos que Golborne, políticamente nace en el 2010, por su protagonismo en el rescate de los 33 mineros. Desde entonces, su popularidad subió como la espuma. Para aprovecharlo, lo cambiaron a un ministerio de mayor visibilidad, como ministro de obras públicas. Desde entonces, la UDI puso sus ojos en él, aún cuando no era militante, aprovechando los guiños que Golborne le hacía. Los consejos generales de la UDI que son un canto al pragmatismo político, tomaban nota de la alta tasa de rechazo que generaban sus principales líderes. Visualizaban que los tiempos aún no estaban para bollos, como para llevar un candidato de sus filas, por otro lado, no estaban disponibles para un nuevo gobierno encabezado por un militante de RN. En estas circunstancias, Golborne les venía como anillo al dedo. Y a contrapelo de una minoría al interior de la UDI, los puros, los legítimos, la plana mayor resolvió jugarse el todo por el todo por él, en la convicción de que las primarias las ganaban, ya sea por el mayor peso electoral respecto de RN, como por su mayor inserción en las capas populares. De allí la disposición a enfrentar las primarias, de modo de abordar las elecciones presidenciales con un candidato único de la derecha, dando por sentado que este sería Golborne.

Todo esto, en un dos por tres, de un día para otro, todo esto se vino abajo. La UDI, cuyo olfato político es indesmentible, al momento que Golborne, frente al asedio periodístico respondió que como gerente obedecía órdenes del directorio, se percató que con este candidato no llegaría a ninguna parte. Esa respuesta lo condenó porque hizo recordar la política de la “obediencia debida” a la que recurrían los militares acusados de torturas, asesinatos y desapariciones. Fue una respuesta para sacarse un pillo inmoral.

A la UDI no le quedó otra más que enfrentar la crisis para salir del paso, y para ello, solo quedó a mano la carta original, la auténtica, la legítima, la de presentarse con quien mejor los representa: Longueira a quien en su momento habían desahuciado. Una decisión siempre postergada, por pragmatismo, pero a la que se podía apelar en momentos críticos, de urgencia, porque siempre ha estado dispuesto a “sacrificarse” por el país. Este fue el momento, la oportunidad para que la UDI se presente con su verdadera cara, sin maquillajes.

Al otro día la UDI debía decidir si iba a primarias o no, lo que dependía de múltiples factores. Ello dependerá de si las elecciones presidenciales ya las dan por perdidas o no. Si las dan por perdidas, optarán por no ir a primarias, a fin de privilegiar las elecciones parlamentarias y evitar doblajes de la oposición. En efecto, si iban a dos cuerdas, con Allamand y Longueira, ellos espolearían a los candidatos de sus respectivos partidos para reducir los doblajes opositores; si por el contrario, aún se cree que tienen alguna opción de ganar la presidencia, todo aconseja que la derecha vaya a primarias, para así asegurarse que ambos partidos se alineen tras el candidato que emerja como vencedor en junio, siempre y cuando en la campaña de las primarias se desenvuelva con altura de miras. La UDI optó por ir a primarias y en sus primeras declaraciones, tanto Allamand como Longueira se han allanado a evitar los habituales desencuentros a los cuales nos han acostumbrado.

El nuevo escenario pone frente a frente a los pesos pesados más fuertes que tiene la derecha, para jugarse el todo por el todo en su propósito de obtener un segundo gobierno. Han dado una señal clara a la oposición: no están disponibles para entregar gobierno sin dar pelea, lo que debiera alentar a la oposición a la unidad en todos los planos: presidencial, lo que espera lograrse con las primarias en la medida que todos los candidatos opositores estén dispuestos a someterse a ellas; en el plano parlamentario, donde la realidad se ha puesto extremadamente compleja, porque no se ve disponibilidad de todos los actores para participar en primarias abiertas; y en el plano programático, aún no se visualizan acuerdos.

Tal como Golborne, Longueira también deberá responder por su pasado, reciente y remoto. El más reciente tiene relación con el escándalo del Instituto Nacional de Estadísticas, de cuya responsabilidad política no podrá escapar; y de su pasado remoto, el rol jugado en tiempos de dictadura.

Al igual que en el futbol, no está dicha la última palabra hasta que no termine el partido a los 90 minutos; en este caso, hasta las elecciones a celebrarse a fines de este año. En este sentido, todo exceso de confianza puede ser fatal. Hay un equipo que postula el mantenimiento del modelo político, económico y social; otro, que propone modificarlo sustantivamente. Ganará el equipo que sea capaz de desempeñarse mejor en el campo de juego, antes que en procura de lucimientos personales, esto es, que sea capaz de operar más cooperativamente, coordinadamente. En el caso de la oposición, no basta con ganar la presidencia, puesto que también deberá ganar por lejos la parlamentaria, para tener las mayorías requeridas que la implementación de un nuevo modelo político, económico y social. Sin ellas, la conquista de la presidencia no será sino una victoria pírrica, puesto que lo prometido no podrá ser ejecutado.

1 comentario:

Sigifredo Badani dijo...

Al principio sentí lástima por Golborne, pero al conocer los detalles de las repactaciones de las tarjetas y su elusión de Impuestos, me ha cambiado la opinión. Simplemente pragmatismo, los hechos son consecuencia de acciones tomadas deliberada y no fortuitamente hace mucho.
Respecto a Longueira, veo con interés el que quiera ser candidato, a pesar que en el escenario que gane las primarias, pueda ser acusado constitucionalmente por la oposición. Él se siente seguro de que no será acusado, pues de hacerlo la Concertación y ganar Bachelet la derecha sería ingobernable.

 
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