diciembre 14, 2012

La batalla de La Haya

Perú basa su demanda ante la Corte de La Haya en el argumento de que el límite marítimo con Chile no estaría fijado, y por tanto, pide establecerlo en una línea equidistante a las costas de ambos países, con lo que ganaría unos 35.000 kilómetros cuadrados de mar en disputa.

La ambición de Perú, desde la guerra del Pacífico, ha sido recuperar los territorios entonces perdidos, y los mares asociados. De hecho, nunca ha renunciado a ellos, y la prueba más clara fue su oposición al canje territorial propuesto por nuestro país, en tiempos del innombrable, a Bolivia, entonces gobernado por el General Banzer.

En el año 2008 los peruanos presentaron una demanda por los límites marinos con Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya debido a un viejo reclamo relativo a las aguas territoriales. Con esta demanda, se inicia un proceso que se asume finalizará en el primer semestre del 2013, cuando se conozca el fallo que se emita, y que tiene el carácter de inapelable. Esta semana tuvimos ocasión de observar el término de la exposición de los alegatos orales que han tenido lugar en el juicio que se desarrolla en La Haya.

Lo rescatable del proceso que se está llevando a cabo, una de cuyas fases finalizó esta semana, la de los alegatos, es que en esta oportunidad, ambos países resolvieron dirimir sus diferencias judicialmente, no militarmente. Tal como entre las personas, para resolver sus diferencias, se tiene la opción de recurrir a la pelea judicial por la vía de los tribunales, o de ir a la pelea militar por la vía de las respectivas FFAA. Entre países civilizados, se opta por la vía judicial. El propio ministro de defensa del Perú, Pedro Catenario, ha afirmado que se está enviando un poderoso mensaje político a la región destacando la manera civilizada y jurídica con que se aspira resolver la controversia, esperando que emitido el fallo, cualquiera que este sea, se de vuelta la página para centrarse en el progreso y desarrollo futuro de ambas naciones.

Afortunadamente, al menos hasta la fecha, ha primado la cordura por parte de quienes tienen las más altas responsabilidades en cada país. De hecho, quien fuera nuestro ministro de defensa, hoy precandidato presidencial de la derecha, sostuvo en su momento que Chile y Perú han acordado respetar cabalmente lo que resuelva el tribunal de La Haya, en la convicción que el desarrollo y el progreso es una tarea conjunta.

La clave está en mantener el actual clima una vez emitido el fallo, puesto que lo más probable es que uno de los dos países se sienta perjudicado. El desafío no es menor, por cuanto a ambos lados de la frontera no faltan las cabezas calientes, pseudonacionalistas, interesadas en desconocer el fallo que emerja del actual proceso. Ese será, lo que algunos denominan, un momento de verdad.

Lo que hemos observado a lo largo de estas semanas, son escaramuzas destinadas a influir en el proceso, ya sea de parte de actores políticos, como de analistas, quienes espoleados por los medios de comunicación van creando un clima que, quiérase o no, sea más o menos propenso a la aceptación o rechazo de un eventual fallo negativo para los respectivos intereses nacionales.

De momento, cabe valorar la postura de ambos países, tanto de sus respectivos pueblos y autoridades, que al menos hasta este minuto, han dado una demostración de madurez que los dignifica.

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