octubre 26, 2012

Invitación de un filósofo

Dado que mañana tendrán lugar las elecciones municipales y que estas horas están destinadas a la reflexión, es momento propicio para resaltar la invitación que nos formulara Humberto Maturana, destacado biólogo y filósofo chileno, el domingo pasado en un programa televisivo nocturno. Una invitación a conversar, a escuchar, a encontrarnos, a respetarnos.

Me atrevería a sostener que esta invitación es válida no solo para quienes vivimos en Chile, sino que está destinada a sociedades que enfrentan serios problemas de convivencia, facturadas por lacerantes desigualdades de todo orden, origen de abusos que se resisten a abandonarnos.

Tales problemas necesariamente deben ser enfrentados si se aspira a resolverlos, o al menos mitigarlos. Para ello, Maturana, planteó sus conceptos ante un panel de periodistas que una vez efectuados sus planteamientos, solo atinaba a contemplarlo y escucharlo, no sin nerviosismo por la lentitud y calma de las reflexiones, poco común en el ámbito televisivo. Nos dio una clase magistral, de esas que extrañamos en medio de una televisión cuya calidad ha venido decayendo paulatinamente.

Sostuvo que los problemas que nos aquejan, surgen de la “no conversación”, de que no estemos conversando, a lo más, estamos hablando, pero sin escuchar a nuestros interlocutores; agregando que no escuchar es fuente de resentimiento. No nos respetamos, quizá, a lo más, nos toleramos, aguantamos, lo que es muy distinto. Para resolver tales problemas, propone abrir espacios de trabajo conjunto, conversar, lo que supone diálogo, no monólogo, reconocer en el otro una posición que puede ser tanto o más válida que la propia. En vez de centrarnos en las diferencias, invita a preguntarnos: ¿qué podemos hacer juntos? 

Esta invitación me recuerda una similar formulada por un movimiento surgido al alero de las movilizaciones estudiantiles del año pasado, encabezado por Giorgio Jackson, que desde su propio nombre busca remecernos: revolución democrática. Se trata de revolucionar la forma en que nos miramos, con que abordamos las tareas que tenemos por delante.

Cuando niño, Maturana vivió en una mediagua, sabe lo que es la pobreza, la vivió, no se la contaron. Él mismo, en una entrevista, afirmó que salió adelante gracias a que tuvo suerte, la suerte de tener una educación gratuita, que le permitió cursar estudios básicos, medios y superiores en Chile, para posteriormente graduarse en el extranjero, y hoy ser autor de múltiples libros, algunos de ellos verdaderos clásicos en su disciplina. También tuvo la suerte de tener salud gratuita, porque en caso contrario no lo tendríamos con nosotros. Se libró de una enfermedad del pulmón gracias a la medicina pública que lo mantuvo gratis en un hospital público por un año. Por ello, él mismo reconoce que es lo que es gracias a Chile, a que tuvo el privilegio de crecer en un país con una educación pública y una salud pública gratuitas. En el Chile de hoy, quizá ¿cuántos Maturana nos estamos farreando?

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