marzo 23, 2012

Otra cosa es con guitarra


Gobernar democráticamente es uno de los mayores desafíos que ha debido enfrentar la derecha desde que ganó las últimas elecciones presidenciales. Entre quienes conforman el gobierno predominan dirigentes empresariales, dueños de empresas y quienes conforman la élite de este país. Los acostumbrados a mandar. El mayor problema que ha debido enfrentar es justamente que tienden a creer que gobernar es sinónimo de mandar.

A pesar que en la campaña electoral hicieron hincapié en que “sabían cómo hacerlo”,  “en que se habían preparado 20 años para gobernar”, que había asumido “un gobierno de excelencia”, “el gobierno de los mejores”, la verdad es que el aprendizaje lo están haciendo desde el gobierno, a punta de tropezones y porrazos. Los problemas le estallan en la cara sin mayor capacidad de anticipación, y cuando se producen no saben cómo enfrentarlos.

Todo ello agravado por las expectativas generadas con propósitos electorales que están siendo defraudadas. Prueba lo expuesto, que a pesar de la bonanza macroeconómica, del bajo nivel de desempleo, existe un malestar soterrado que se expande peligrosamente en los más diversos sectores y regiones. A nivel sectorial, los resultados de la privatización de la salud, la educación y la previsión dejan mucho que desear y la gente tiene una sensación de impotencia y decepción imposible de soslayar. A nivel regional, Punta Arenas, Aysén, Calama, son algunos botones de muestra que seguramente se extenderán a otras ciudades, entre las que destaca Arica, postergada por décadas, que primero vio impasible como Iquique crecía a su costa, y en la actualidad, como su vecina Tacna, en Perú, se desarrolla a pasos agigantados.

Si bien este malestar se viene incubando desde hace tiempo, la derecha no puede eludir su responsabilidad y endosársela a los gobiernos de la Concertación porque cuando estos quisieron abordar los problemas que hoy estallan, la derecha, empoderada gracias a un sistema binominal, que le daba más peso que el que le correspondía, y a un esquema de quórums calificados que imposibilitaba la aprobación de medidas y leyes sin su anuencia.

La realidad actual es patética, con un gobierno que no sabe qué hacer, cuya estrategia oscilante desconcierta. En su esencia, solo atina a dividir, desgastar, reprimir, amenazar, apelar a las fuerzas especiales. Un gobierno que tiene la convicción que los problemas son artificiales, creados por la oposición o los comunistas, y que ellos están tras los pobladores, los mineros, los pescadores.

Les ha resultado más difícil gobernar de lo que pensaban: están viendo que otra cosa es con guitarra. 

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