marzo 08, 2012

En la mitad del partido


En términos futboleros, el gobierno encabezado por Sebastián se va al descanso luego de un primer tiempo como quizá nunca se imaginó. Desde el primer minuto quiso pasar al ataque con un equipo de jugadores diestros en el manejo de empresas para ganar dinero. Una de las nuevas estrellas, contratada a última hora desde uno de los cuadros adversarios, fue ubicada como ministro de defensa, porque se le suponía diestro y sagaz en el manejo de la pelota. Sin embargo duró poco, al igual que el embajador destinado a cubrir la plaza en Argentina, y cuya locuacidad terminó por defenestrarlo, para colocar en su lugar a un viejo zorro de la política, colorín por más señales. El gabinete de los gerentes tuvo corta duración.

El manejo del país no es lo mismo que gestionar una empresa. Jugar en una cancha llena de baches no es lo mismo que jugar en una parejita, empastada. No es lo mismo buscar desarrollo, abordar la inequidad, que buscar utilidades. A poco andar, otro ministro estrella, eterno candidato presidencial, tuvo que pagar los platos rotos como consecuencia del movimiento estudiantil. A mediados del primer tiempo el gabinete ya era una mezcolanza de tecnócratas, gerentes y políticos, sin conducción política.

Reconozcamos que el partido partió con un equipo constituido que tuvo que cambiar de estrategia, sus prioridades, pocos días antes de su inicio como consecuencia del terremoto. Pero se tenía confianza, se sentían los mejores, un equipo de estrellas al que no le entrarían balas. Partió como tromba, cubriendo todo el terreno, con laterales que subían y bajaban, desbordando constantemente a un ritmo vertiginoso. Los obstáculos no eran sino oportunidades. Su minuto de gloria lo tuvo con el rescate de los mineros, momento en el que se anotó un golazo de media cancha. El rival, la oposición, entretanto, no atinaba.

De ahí en adelante, el equipo gubernamental ha cometido errores garrafales que le han costado goles desde los flancos más impensados: desde el estallido del gas en Punta Arenas hasta la rebelión en Aysén, pasando por el conflicto estudiantil cuya duración terminó por desgastar a todos. La estrategia ocupada para enfrentarlo, similar a la empleada para encarar el desafío de Aysén, de ganar por cansancio, ha terminado por reventarlo no obstante el buen clima económico imperante.

Se llega así al descanso, en un partido al que solo le cabe calificarlo de malo, aunque no aburrido, con un equipo, el gobierno, que va perdiendo por al menos un par de goles y que enfrentará un segundo tiempo marcado por elecciones municipales en los primeros 20 minutos, y por las elecciones parlamentarias y presidenciales en los minutos finales. Si el gobierno sigue jugando como lo ha estado haciendo hasta este minuto, la oposición tiene todas las de ganar, pero no si sigue jugando como lo ha hecho hasta el entretiempo. Para ello es indispensable que la oposición se ordene, porque hasta este minuto su juego no le ha reportado mayores dividendos y muchos de sus jugadores creen que están jugando solos, comiéndose la pelota y olvidando que para ganar hay que trabajar como equipo, donde los goles hay que encajarlos en el arco contrario, no en el propio.

1 comentario:

  1. Anónimo3:25 p.m.

    Brillante Rodolfo, qué entretenida y didáctica tu forma de expresar tus interpretaciones del momento (para mí). Gracias por ello. B, tu vecina.

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