marzo 02, 2012

Aysén en rebeldía


Un nuevo movimiento social se ha puesto en acción, esta vez en Aysén. La tensión reinante, en vez de disminuir ha aumentado. Este movimiento, al igual que los que le han precedido revela muchas cosas dependiendo del cristal con que se mira.

Para el gobierno y la derecha, sería parte de una estrategia de desestabilización, con una clara intencionalidad política, que busca instrumentalizar cualquier problema para obtener ventajas electorales y políticas. Además, denuncian que se trataría de problemas que se arrastran de tiempos de los  gobiernos de la Concertación incapaces de resolverlos.

El país pide a gritos una regionalización a fondo, no de papel; pide un rol protagónico del Estado que limite los abusos de productores monopólicos ante consumidores indefensos; pide que seamos tratados no solo como consumidores, sino como ciudadanos, con derechos y deberes, no solo con deberes.

Si bien se trata de problemas y demandas de larga data que no han sido satisfechas, ellos fueron exacerbados durante la última campaña presidencial para posibilitar el ascenso de Sebastián a la primera magistratura. Las promesas, las expectativas generadas, le están costando un ojo de la cara. Transcurrida la mitad de su gobierno, la derecha está cosechando lo que sembró. Lo que es peor, es incapaz de escuchar, de anticiparse, de prever lo que viene. Solo atina a reaccionar sobre la marcha en forma automática, como un robot siguiendo las instrucciones que desde ultratumba transmite el innombrable: más represión, más fuerzas especiales, más gestos duros, para que entiendan, para que aprendan que con ellos no se juega, que no les temblará la mano. Más importante que resolver conflictos, que anticiparse a ellos, es criminalizarlos una vez que estallan.

A la oposición no le interesa ni tiene la capacidad para producir conflictos, ellos simplemente existen por problemas reales, no inventados. La oposición no ha sido cerrada, muy por el contrario, ha respaldado con entusiasmo aquellas iniciativas legales que benefician a los más postergados. Uno de los últimos ejemplos es aquella destinada a favorecer a las empleadas domésticas.

Un estado de conmoción social es lo que menos le interesa generar a la oposición, a diferencia de la derecha, a quien parece acomodarle más gobernar con estados de sitio, estados de excepción y con las calles tomadas por las FFAA. Que todo esto se dé bajo un gobierno que se proclama como de excelencia, de los mejores, lo delata de cuerpo entero.

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