marzo 29, 2012

Homofobia en Chile

Daniel Zamudio, de 24 años, hijo de una modesta familia chilena muere después de agonizar durante 24 días, como consecuencia de la violenta y despiadada agresión a la que fue sometido por su condición de homosexual. Lo patearon, le facturaron los huesos, con un vidrio le marcaron la esvástica en el pecho y en la espalda, le cortaron una oreja. Torturado hasta matarlo.


Neonazis con antecedentes penales y de similares conductas en el pasado, serían los responsables y que ya se encuentran detenidos y confesos. Ellos no son sino la consecuencia y expresión de la visión y comportamiento de un sector no poco significativo de la sociedad chilena que se alinea en la derecha.

Un sector para el cual gays y lesbianas no son sino símbolos de degradación de una sociedad en descomposición, de anomalías que es preciso erradicar de cuajo para salvar a la humanidad; es el mismo sector que en tiempos del innombrable calificaba de humanoides a quienes denunciaban supuestas torturas, supuestos desaparecimientos, que la realidad, la dura realidad terminó por confirmar que nada tenían de supuestos, y sí mucho de reales.

El mismo sector que hasta el día de hoy solo atina a otear el horizonte cuando se le recuerdan hechos  que respaldaron, alentaron, omitieron u ocultaron. Hasta el día de hoy, los entonces jóvenes de Chacarillas, hoy diputados o senadores de la derecha, no se arrugan, ni se disculpan, se hacen los locos. Ahora hacen gárgaras frente al asesinato de Zamudio, pero para nadie es un misterio su oposición a una ley de antidiscriminación que por 7 años se encuentra entrampado en el Congreso Nacional. Una ley que solo intenta penalizar la segregación, ya sea por motivos de origen étnico, religioso, ideológico, de género u orientación sexual. Una ley que la derecha rechaza por temor a que abra la puerta al matrimonio homosexual. La misma derecha, tan liberal en materia económica, con plata en el bolsillo, y tan pacata en lo valórico.

Como siempre, la derecha llega atrasada a todas partes. Solo atina cuando el dique de contención ya no aguanta más. Atrasada llegó para la ley de divorcio, la que resistió por décadas, logrando que Chile tuviese el dudoso honor de ser uno de los últimos países, sino el último, en sacarse la careta. Lo mismo está ocurriendo con el tema del aborto y con la discriminación. Si en algo somos campeones mundiales, pareciera que es en materia de discriminación: contra todo lo que huela a diferente, sean estos gays, lesbianas, comunistas, gitanos, mapuches. De allí que la derecha en Chile, en relación a la derecha mundial, se ubique en la ultraderecha, y que al centro político le incomode sobremanera su convivencia con esta derecha más propia de los tiempos de la caverna.

Confiemos que la muerte de Zamudio no sea en vano y que su sacrificio no solo escandalice al país, sino que despierte conciencia de la necesidad de abrir nuestras mentes y corazones, de abrir espacio a la tolerancia, a la aceptación del otro. Erradicar la intolerancia es el gran desafío que tenemos por delante. 

marzo 23, 2012

Otra cosa es con guitarra


Gobernar democráticamente es uno de los mayores desafíos que ha debido enfrentar la derecha desde que ganó las últimas elecciones presidenciales. Entre quienes conforman el gobierno predominan dirigentes empresariales, dueños de empresas y quienes conforman la élite de este país. Los acostumbrados a mandar. El mayor problema que ha debido enfrentar es justamente que tienden a creer que gobernar es sinónimo de mandar.

A pesar que en la campaña electoral hicieron hincapié en que “sabían cómo hacerlo”,  “en que se habían preparado 20 años para gobernar”, que había asumido “un gobierno de excelencia”, “el gobierno de los mejores”, la verdad es que el aprendizaje lo están haciendo desde el gobierno, a punta de tropezones y porrazos. Los problemas le estallan en la cara sin mayor capacidad de anticipación, y cuando se producen no saben cómo enfrentarlos.

Todo ello agravado por las expectativas generadas con propósitos electorales que están siendo defraudadas. Prueba lo expuesto, que a pesar de la bonanza macroeconómica, del bajo nivel de desempleo, existe un malestar soterrado que se expande peligrosamente en los más diversos sectores y regiones. A nivel sectorial, los resultados de la privatización de la salud, la educación y la previsión dejan mucho que desear y la gente tiene una sensación de impotencia y decepción imposible de soslayar. A nivel regional, Punta Arenas, Aysén, Calama, son algunos botones de muestra que seguramente se extenderán a otras ciudades, entre las que destaca Arica, postergada por décadas, que primero vio impasible como Iquique crecía a su costa, y en la actualidad, como su vecina Tacna, en Perú, se desarrolla a pasos agigantados.

Si bien este malestar se viene incubando desde hace tiempo, la derecha no puede eludir su responsabilidad y endosársela a los gobiernos de la Concertación porque cuando estos quisieron abordar los problemas que hoy estallan, la derecha, empoderada gracias a un sistema binominal, que le daba más peso que el que le correspondía, y a un esquema de quórums calificados que imposibilitaba la aprobación de medidas y leyes sin su anuencia.

La realidad actual es patética, con un gobierno que no sabe qué hacer, cuya estrategia oscilante desconcierta. En su esencia, solo atina a dividir, desgastar, reprimir, amenazar, apelar a las fuerzas especiales. Un gobierno que tiene la convicción que los problemas son artificiales, creados por la oposición o los comunistas, y que ellos están tras los pobladores, los mineros, los pescadores.

Les ha resultado más difícil gobernar de lo que pensaban: están viendo que otra cosa es con guitarra. 

marzo 20, 2012

La farra de Chile


Haber tenido como técnico de la selección nacional de fútbol al loco Bielsa constituye un privilegio que nos farreamos al dejarlo irse hace ya más de un año. Su actual éxito en la liga española, una de las más competitivas del mundo así lo demuestra. En el poco tiempo que alcanzó a estar con nosotros, le cambió el pelo a nuestra selección. Sus conferencias de prensa con su hablar parsimonioso, sin mirar la cámara, como hablando consigo mismo, filosofando, constituyen recuerdos imborrables. Dejó huella.

Hoy solo cabe agarramos la cabeza por haber dejado que se fuera. Como pocas veces, tuvimos una dirigencia futbolística, que gracias a una conducción profesionalizada, decidió contratar al loco Bielsa tras un acuerdo en torno a un proyecto de largo aliento del cual ya se estaban cosechando los primeros éxitos. A la hora de su renovación de la directiva de la ANFP, en las elecciones marcadas por influencias fácticas, pusieron al frente del futbol chileno una directiva que no sintonizaba con el loco, pasándole la cuenta por factores políticos, como era su cercanía con Michelle.

Si bien esto puede ocurrir en cualquier país, en la práctica ocurrió en nuestro querido Chilito. El país entero era testigo de la admiración y cariño que la gente sentía por quien, desde el otro lado de la cordillera, había venido para transformar al futbol chileno.  Para nadie es un misterio que en materia de estrategias futbolísticas hay un antes y un después del loco: antes, el futbol chileno era arratonado, jugaba al empate, a no perder, con jugadores refugiados en el arco, con la idea de salvar la cara. Después del loco nos paramos de igual a igual en cualquier cancha. Con él siempre íbamos por más.

Hoy, en el País Vasco, al frente del Atletic de Bilbao, fiel a su doctrina, siempre va por más. Ha revolucionado a Bilbao. Recientemente fueron a Inglaterra y le dieron una paliza a uno de los equipos más encopetados de la liga inglesa en base a un futbol ofensivo, rápido, desvergonzado, rápido, simple. Tras este futbol, hay sangre, sudor y lágrimas, trabajo y más trabajo, donde se transpira la gota gorda. Esa es la lección inconclusa que nos dejó. Porque no lo dejaron terminar.
Si bien su huella quedó, su trabajo no alcanzó a madurar, maduración que da el tiempo. Se nos fue antes de tiempo. Podría habernos cubierto de gloria. Pareciera existir un sino que nos persigue, algo que hace ya más de 50 años denunció un insigne economista chileno, Aníbal Pinto, al escribir un libro titulado “Chile, un caso de desarrollo frustrado”. Algo pasa que cuando estamos a punto de despegar, no despegamos. Algo nos retiene: ¿el chaqueteo? Una lástima. Nos la farreamos una y otra vez.

marzo 08, 2012

En la mitad del partido


En términos futboleros, el gobierno encabezado por Sebastián se va al descanso luego de un primer tiempo como quizá nunca se imaginó. Desde el primer minuto quiso pasar al ataque con un equipo de jugadores diestros en el manejo de empresas para ganar dinero. Una de las nuevas estrellas, contratada a última hora desde uno de los cuadros adversarios, fue ubicada como ministro de defensa, porque se le suponía diestro y sagaz en el manejo de la pelota. Sin embargo duró poco, al igual que el embajador destinado a cubrir la plaza en Argentina, y cuya locuacidad terminó por defenestrarlo, para colocar en su lugar a un viejo zorro de la política, colorín por más señales. El gabinete de los gerentes tuvo corta duración.

El manejo del país no es lo mismo que gestionar una empresa. Jugar en una cancha llena de baches no es lo mismo que jugar en una parejita, empastada. No es lo mismo buscar desarrollo, abordar la inequidad, que buscar utilidades. A poco andar, otro ministro estrella, eterno candidato presidencial, tuvo que pagar los platos rotos como consecuencia del movimiento estudiantil. A mediados del primer tiempo el gabinete ya era una mezcolanza de tecnócratas, gerentes y políticos, sin conducción política.

Reconozcamos que el partido partió con un equipo constituido que tuvo que cambiar de estrategia, sus prioridades, pocos días antes de su inicio como consecuencia del terremoto. Pero se tenía confianza, se sentían los mejores, un equipo de estrellas al que no le entrarían balas. Partió como tromba, cubriendo todo el terreno, con laterales que subían y bajaban, desbordando constantemente a un ritmo vertiginoso. Los obstáculos no eran sino oportunidades. Su minuto de gloria lo tuvo con el rescate de los mineros, momento en el que se anotó un golazo de media cancha. El rival, la oposición, entretanto, no atinaba.

De ahí en adelante, el equipo gubernamental ha cometido errores garrafales que le han costado goles desde los flancos más impensados: desde el estallido del gas en Punta Arenas hasta la rebelión en Aysén, pasando por el conflicto estudiantil cuya duración terminó por desgastar a todos. La estrategia ocupada para enfrentarlo, similar a la empleada para encarar el desafío de Aysén, de ganar por cansancio, ha terminado por reventarlo no obstante el buen clima económico imperante.

Se llega así al descanso, en un partido al que solo le cabe calificarlo de malo, aunque no aburrido, con un equipo, el gobierno, que va perdiendo por al menos un par de goles y que enfrentará un segundo tiempo marcado por elecciones municipales en los primeros 20 minutos, y por las elecciones parlamentarias y presidenciales en los minutos finales. Si el gobierno sigue jugando como lo ha estado haciendo hasta este minuto, la oposición tiene todas las de ganar, pero no si sigue jugando como lo ha hecho hasta el entretiempo. Para ello es indispensable que la oposición se ordene, porque hasta este minuto su juego no le ha reportado mayores dividendos y muchos de sus jugadores creen que están jugando solos, comiéndose la pelota y olvidando que para ganar hay que trabajar como equipo, donde los goles hay que encajarlos en el arco contrario, no en el propio.

marzo 02, 2012

Aysén en rebeldía


Un nuevo movimiento social se ha puesto en acción, esta vez en Aysén. La tensión reinante, en vez de disminuir ha aumentado. Este movimiento, al igual que los que le han precedido revela muchas cosas dependiendo del cristal con que se mira.

Para el gobierno y la derecha, sería parte de una estrategia de desestabilización, con una clara intencionalidad política, que busca instrumentalizar cualquier problema para obtener ventajas electorales y políticas. Además, denuncian que se trataría de problemas que se arrastran de tiempos de los  gobiernos de la Concertación incapaces de resolverlos.

El país pide a gritos una regionalización a fondo, no de papel; pide un rol protagónico del Estado que limite los abusos de productores monopólicos ante consumidores indefensos; pide que seamos tratados no solo como consumidores, sino como ciudadanos, con derechos y deberes, no solo con deberes.

Si bien se trata de problemas y demandas de larga data que no han sido satisfechas, ellos fueron exacerbados durante la última campaña presidencial para posibilitar el ascenso de Sebastián a la primera magistratura. Las promesas, las expectativas generadas, le están costando un ojo de la cara. Transcurrida la mitad de su gobierno, la derecha está cosechando lo que sembró. Lo que es peor, es incapaz de escuchar, de anticiparse, de prever lo que viene. Solo atina a reaccionar sobre la marcha en forma automática, como un robot siguiendo las instrucciones que desde ultratumba transmite el innombrable: más represión, más fuerzas especiales, más gestos duros, para que entiendan, para que aprendan que con ellos no se juega, que no les temblará la mano. Más importante que resolver conflictos, que anticiparse a ellos, es criminalizarlos una vez que estallan.

A la oposición no le interesa ni tiene la capacidad para producir conflictos, ellos simplemente existen por problemas reales, no inventados. La oposición no ha sido cerrada, muy por el contrario, ha respaldado con entusiasmo aquellas iniciativas legales que benefician a los más postergados. Uno de los últimos ejemplos es aquella destinada a favorecer a las empleadas domésticas.

Un estado de conmoción social es lo que menos le interesa generar a la oposición, a diferencia de la derecha, a quien parece acomodarle más gobernar con estados de sitio, estados de excepción y con las calles tomadas por las FFAA. Que todo esto se dé bajo un gobierno que se proclama como de excelencia, de los mejores, lo delata de cuerpo entero.

 
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