febrero 24, 2012

Lo que se llevó el tsunami


El tsunami del 27F del 2010 se produjo en las postrimerías del gobierno de Michelle, a días del traspaso de mando a quienes durante 20 años habían constituido la oposición. El tsunami trastocó las prioridades de todos. Mientras el equipo gobernante saliente estaba haciendo las maletas para asumir un rol opositor, un Sebastián energizado ya había designado su equipo ministerial con claros rasgos gerenciales y tecnócratas. En una ceremonia rimbombante, a cada futuro ministro le dio una carpeta y un pendrive conteniendo las tareas que le esperaban. Se trataba de comunicar una sensación de vértigo, de velocidad, de capacidad, de modernidad, de otra forma de gobernar, de que llegaban los mejores.

El tsunami lo alteró todo. Quienes nos gobernaban tuvieron que recargar sus pilas viviendo sus últimos días como autoridades en condiciones dramáticas, forzados a enfrentar imprevistamente, el segundo mayor terremoto del que se tiene registro en el mundo. Y quienes el 11 de marzo asumirían las riendas gubernamentales vieron alteradas sus prioridades y sus planes. La nueva realidad hacía propicia, como nunca antes en la historia del país, la oportunidad para poner en acción “la nueva forma de gobernar” por parte del “gobierno de los mejores” que la coalición triunfante en las elecciones presidenciales había proclamado a lo largo de la campaña.

Sebastián, exultante, no se amilanó ante la adversidad y partió como caballo de carrera. Pocos días después de asumir la primera magistratura llegó a afirmar que en 20 días habían hecho más que la Concertación en 20 años.

A dos años de entonces, todo parece un globo que se ha ido desinflando. Un gobierno grande en materia de anuncios, y pequeño en obras; un gobierno que ha debido efectuar ajustes ministeriales forzados por conflictos que le estallan en la cara, sin capacidad alguna de anticipación.

A dos años del tsunami, el gobierno en vez de dar cuenta de avances tangibles en materia de reconstrucción, solo atina a tratar de poner el foco en las reacciones de las autoridades políticas al momento de producirse el terremoto-maremoto. La proximidad de las elecciones municipales pareciera poner nerviosos a los partidos de gobierno, quienes parecen más interesados en destruir el cariño que la gente siente por Michelle y en ocultar el retraso y el déficit que se observa en el proceso de reconstrucción.

Al paso que vamos, cualquiera diría que la nueva forma de gobernar también se la llevó el tsunami.

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