diciembre 30, 2011

Fin de año

Se nos va un año marcado por las movilizaciones estudiantiles en nuestro país y ciudadanas en otros países. Reflejo de una época en la que cada vez más personas ya no se tragan sapos ni culebras. Cada vez parece ser más contundente lo que no se quiere, y lo que sí se desea.

Por momentos da la impresión que estamos ante un choque de trenes. Cada vez hay menos tolerancia hacia la corrupción, la ausencia de transparencia, pero simultáneamente, la tendencia hacia la conformación de oligopolios y sus oscuras colusiones, influencias aumenta vertiginosamente. Las PYMEs la tienen cada vez más difícil, devoradas por los monstruos que con nuestros propios comportamientos de consumo generamos.

Los sueldos reguleques siguen haciendo historia en un país donde la inmensa mayoría vive al borde del precipicio. Bajo un gobierno que obtuvo la presidencia de la mano del lema “una nueva forma de gobernar” el año termina con vergüenza. Resulta doblemente obsceno que asesores del Ministerio del Interior, sin título, con nula experiencia en el ámbito para el cual fueron contratados, el del combate a la delincuencia, lloren miserias con sueldos millonarios, aduciendo que se están “sacrificando” porque en el sector privado ganarían mucho más. Hay que ser caraduras. ¿Quién los mandó “sacrificarse”? Simultáneamente la delincuencia en vez de batirse en retirada, aumenta. El gobierno, eludiendo su responsabilidad, solo atina a traspasársela a los fiscales. Hay que ser caraduras.

Como broche de oro, la Corte Suprema, como regalo de fin de año, resuelve elegir a Rubén Ballesteros para presidirla, letrado que participó en los consejos de guerra existentes en los primeros años de la dictadura. A ello se agrega que posteriormente, cada vez que le ha tocado participar en algún proceso judicial, ha fallado a favor de la impunidad del innombrable y de la aplicación de la ley de amnistía destinada a borrar crímenes que la humanidad ha declarado como imprescriptibles.

En política nacional seguimos comulgando con ruedas de carreta al ritmo que fija la derecha. El sistema electoral binominal sigue campeando por sus fueros, al igual que la imposibilidad de que los chilenos que viven en el exterior puedan votar.

En los próximos días, los estudiantes que rindieron la PSU conocerán sus resultados y efectuarán sus postulaciones. Estamos ante un fin de año, que al igual en los anteriores, las universidades despliegan sus mejores dotes publicitarias, intentando captar matrículas que les proveerán apetitosas y suculentas ganancias, a pesar que legalmente no tienen fines de lucro. Todo un símbolo de la hipocresía y los eufemismos reinantes.

A todos mis queridos lectores les deseo un feliz año nuevo, menos corrupto, más transparente, más auténtico.

diciembre 23, 2011

Tren navideño

El domingo último tuve el privilegio de participar en una actividad destinada a llevar alegría a los niños que se residen en los poblados localizados en el recorrido del ramal a Constitución. Esta actividad, que se realiza desde hace ya 20 años, organizada por la Dirección de Extensión de la Universidad de Talca, se ha transformado en un clásico a nivel nacional.

El ramal a Constitución ya tiene características de leyenda y su subsistencia tiene características heroicas en tiempos de competitividad, de búsqueda de rentabilidad, en los que se suele dar la espalda a lo tradicional para abrir paso a la modernidad. En este caso, estamos en presencia de algo que se resiste a morir.

El tren estaba engalanado para la ocasión, llevando consigo al viejo pascuero y los regalos a los niños que esperaban ansiosamente su llegada en las distintas estaciones. La primera estación fue Colín, donde la delegación fue invitada a compartir un clásico desayuno: café o té, con un rico pan amasado, recién salido del horno, chancho en piedra y queso fresco. Ordenadamente, los niños fueron recibiendo sus regalos, uno por uno, de manos de un viejo pascuero, siempre disponible con una sonrisa y una palabra de aliento para cada niño.

También nos acompañaba el coro de la Universidad, jóvenes entusiastas dirigidos por un más entusiasta director, que en cada estación cantaban con energía sin igual, transmitiendo un mensaje de fraternidad, solidaridad y esperanza.

Bordeando el río Maule, el tren avanzó pausadamente, deteniéndose en cada estación, que cada año parece envejecer en el abandono. Las secuelas del terremoto del año pasado se sienten. El abandono está a la vista. Pero las familias y sus niños se resisten a irse. Son de allí, de la zona, ahí están sus antepasados, sus vidas, y la alternativa de abandonar esos lares, es morir un poco; en esos parajes, quedarse también es morir lentamente. No hay trabajo y el abandono es manifiesto.

Es imperativo vertebrar un proyecto que permita recuperar un espacio geográfico de excepción que haría las delicias de cualquier turista del primer mundo. No obstante que cualquier cálculo económico de corto o mediano plazo que se haga, no resistiría el más mínimo análisis, es importante consignar que el costo de cualquier proyecto debe cotejarse con los beneficios que reportará en el tiempo y que la humanidad sabrá valorar.

Para terminar, vayan mis mejores deseos para que tengan una muy feliz navidad!

diciembre 15, 2011

Entre delincuentes, chistes y pollos

Las agendas noticiosas parecen caracterizarse por lo efímeras que son. Tan efímeras que de un día para otro, como una ráfaga, aquello que en su momento nos conmovió, escandalizó, en un dos por tres nos olvidamos de lo ocurrido sin siquiera saber en qué terminó.

Da la sensación que fuera un signo de la época que nos toca vivir y que ciertos “poderes fácticos”, tras las bambalinas, orquestaran lo que los medios de comunicación deben poner sobre la mesa. Quisiera disponer del tiempo que me permitiera “investigar” en torno a todos aquellos temas que en algún minuto concitaron la atención pública y que después se los llevó el viento sin que nunca más se supiera que pasó con ellos.

Un día la polémica se centra en el auge de la delincuencia y que tiene en ascuas al gobierno, y muy en especial a su ministro del interior, que ha asumido su rol de combate como una cruzada. Mal que mal, entre los inolvidables eslóganes de campaña fue el que afirmaba que a los delincuentes se les iba a acabar la fiesta. Este eslogan sintonizó muy bien con la preocupación ciudadana por su simplicidad y la lógica de derecha cuyas ideas fuerza se basan en la necesidad de la seguridad y la autoridad para resguardar el “orden” establecido.

El eslogan daba a entender que bajo los gobiernos de la Concertación, los delincuentes estaban de fiesta. Pues bien, a más de un año del gobierno de Piñera, la delincuencia en vez de disminuir, aumenta, lo que ha llevado a sostener a un senador de la oposición que la delincuencia ya no está de fiesta, sino que de carnaval.

Otro día la polémica se traslada al tema de los pollos, la colusión entre los productores de pollos. Como quienes cubren gran parte del mercado son pocos, las posibilidades de colusión son altísimas, al igual que en tantos otros sectores, como es el caso de las farmacias, de la banca, de las isapres, de las AFPs, del sector del retail, de los distribuidores de combustibles. Son tiempos de oligopolios.

Para enfrentar estos tiempos nada mejor que emborrachar la perdiz con un chiste lanzado a desde el exterior a nivel presidencial sobre la diferencia entre un político y una mujer.

Ni en sus mejores sueños nadie imaginó que todo sería tan volátil, tan volátil, que en un par de semanas lo más probable que nos olvidemos de los pollos, y nos pongan otro tema sobre la mesa para entretenernos el almanaque. Como postre, ahora nos ponen sobre la mesa la existencia de prácticas anticompetitivas en el sector de los supermercados. Todo esto salpicado con el triunfo de la Universidad de Chile que le permitió ser el primer equipo chileno en obtener una copa a nivel continental. Y así por los siglos de los siglos. Amén.

diciembre 14, 2011

Desde la Punta

Es increíble cómo en pocos días este país puede ofrecernos toda clase de días, porque los hubo de sol, de lluvia, de tormentas con relámpagos y vientos. Los de sol me pillaron en Punta del Este, una península que a un lado tiene playas mansas que dan al río de la plata, y al otro, playas bravas, que dan al océano atlántico. Todas amplias, generosas, de arenas blancas, donde la distensión se adereza en sillas plegables con mate en mano para conversar de lo divino y lo humano, resolviendo en la imaginación lo que la realidad no logra concretar. Luego, a esperar el atardecer, que en la punta adquiere especial realce.

La península es atravesada por la calle Gorlero, que se inicia con un casino remozado, y donde los cafés, restaurantes, librerías, heladerías y boutiques se alternan para abrir sus puertas a turistas, mayoritariamente argentinos y brasileros que llegan de vacaciones o asistiendo a congresos. Estos se centran en el hotel Conrad, un monumento a la magnificencia, destinado a cobijar al jet set latinoamericano, y en cuyo subterráneo sus más de 10 salones para conferencias posibilitan la realización de congresos con cientos de expositores y otros tantos participantes.

De un momento a otro, los truenos y relámpagos anunciaron tormentas, ventarrones y lluvias, con granizadas incluidas. Cobijado en una confitería en plena rambla, ya en Montevideo, frente a la playa Pocitos, veía llover y llover mientras agraciadas mozas me preguntaban “¿cómo andás?” “¿qué te quieres servir? Pedí café con leche y una media luna de jamón con queso. Y me puse a leer el diario local mientras la lluvia arreciaba y sorbía el delicioso café con leche, cuyo color era el mismo del río de la plata que estaba viendo, ahora con fuerte oleaje.

Las noticias dan cuenta de similares temas a los cuales estamos acostumbrados acá. De la inseguridad, de las protestas por mejoras salariales. Claro que allá con un presidente tupamaro que anda por las calles sin custodia y que gobierna filosofando. Un guerrillero de los años 60 que participó en acciones armadas, por las cuales pasó años encarcelado y que hoy es presidente.

Todo esto en un paisito llamado Uruguay, que tuvo tiempos de gloria, simbolizados en lo futbolístico por ser el primer campeón mundial de fútbol, allá en 1930, supremacía que reverdeció en el 50, en Brasil, en el famoso maracanazo cuando 11 futbolistas le aguaron la fiesta a millones de brasileros. Desde entonces, la persistente decadencia del Uruguay, en aquellos tiempos tradicional país exportador de lana y cueros, se expresaba en la falta de trabajo para los suyos que forzó a la emigración a tantos uruguayos.

Con el cambio de siglo, Uruguay parece reencontrarse consigo mismo, apostando a un futuro a partir de su pasado, de lo que es: su sencillez, su hospitalidad, su nivel educacional, su calidad de vida, su fuerte talante democrático que se expresa en la forma que tienen de relacionarse unos con otros. Su recuperación futbolística en el concierto mundial, ahora como campeones de América parece todo un símbolo de un Uruguay que mira con más optimismo que ayer su futuro.

 
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