septiembre 01, 2011

¿Qué nos dicen las movilizaciones?

Los países que se entusiasmaron con la planificación central desde el Estado, terminaron cayendo en la dictadura política, donde muchos quedaban en manos de las decisiones de unos pocos, de quienes configuran el buró político y que aspiraban a regularlo todo.

Otros países cayeron en su opuesto, en minimizar el Estado. Es el caso de Chile, donde la “mano invisible” se encarga de “planificar”, de determinar qué y cuánto producir, quienes producen, y cuánto se paga por los bienes/servicios y el trabajo que realiza cada uno. Es el modelo neoliberal del que nuestro país es un caso extremo, el de la economía supuestamente libre. Claro que un Estado mínimo para el libre juego económico, pero máximo para proveer la mal llamada seguridad nacional o cautelar una muy peculiar concepción del orden público.

Se trata de un modelo que siente urticaria por todo lo que huele a Estado, al que le achaca todos los males habidos y por haber. Muchas veces con razón, reconozcámoslo. La mayor crítica que se le hace a todo lo estatal es a su ineficiencia, la que es catalogada como congénita, irreparable, aún cuando existen contraejemplos.

Un modelo que eleva a la categoría de Dios Padre Todopoderoso al mercado, el que debe inundar todo el quehacer colectivo en todas las áreas imaginables. Desde las últimas décadas del siglo pasado este modelo se instaló en Chile gracias a un maridaje entre economistas formados en la Escuela de Chicago, y FFAA que detentaban el poder político pero que no sabían nada de economía. Eran los tiempos en que las libertades políticas estaban conculcadas y los derechos humanos pisoteados.

Con un país sumido en el temor, instalaron el modelito. Las áreas a las que echaron mano fueron las clásicas: educación, salud y previsión. A más de tres décadas, de impuesto el modelo, no han logrado legitimarlo. Las movilizaciones, el arraigo y respaldo que los estudiantes tienen en la ciudadanía, señalan claramente que en las tres áreas estamos haciendo agua.

La Concertación, condujo al país por un sendero en base a la política “en la medida de lo posible”, donde “lo posible” era determinado por una derecha que se había asegurado dejar todo atado y bien atado. Hoy, las movilizaciones estudiantiles reprochan a los partidos de la Concertación haber arriado sus banderas en aras de lo posible, del realismo, del pragmatismo; a la derecha le reprocha su resistencia a modificar un modelo impuesto a sangre y fuego que ya no se sostiene.

Lo que está en juego hoy, por suerte, no es ni una dictadura política ni militar, las que no se vislumbran en el corto plazo; lo que está en juego es si toleramos o no una dictadura económica que las movilizaciones están denunciando, y que se expresa en los abusos de quienes concentran los recursos económicos.

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Cada vez me convenzo más: la sabiduría está en un sano equilibrio entre las variables en juego.
saludos.

 
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