agosto 19, 2011

Un partido de alta convocatoria

El gallito entre el gobierno y los estudiantes es de resultados impredecibles. Nadie sabe en qué terminará. El primero, fiel a sus convicciones y postulados, ofrece ajustar algunas perillas del modelo que intrínsecamente lo encuentran a pedir de boca. Por algo quienes nos gobiernan son los progenitores del modelo. Los estudiantes, con sus velatones, besotones, maratones, acompañados de cacerolazos y por las movilizaciones que se han prolongado y propagado más allá de lo que cualquiera de nosotros se hubiese podido imaginar hace tan solo un par de meses, solo quieren arrancar de cuajo lo que tenemos y cambiarlo radicalmente. Como dijera Camila: el gobierno quiere podar el arbolito, pero lo que hay que hacer es arrancarlo de raíz.

No deja de impresionar cómo los líderes estudiantiles, tanto de secundaria como universitarios, se han posicionado, sin temores, dando a conocer sus posturas en las barbas mismas de un poder político incapaz que ha ido perdiendo legitimidad y representatividad. Invitados al parlamento, expusieron sus posturas centradas en el derecho a la educación sin endeudarse, y su oposición al lucro. No piden sino hacer cumplir la ley a las autoridades cuya misión es justamente hacerla cumplir. Vaya paradoja.

Pero si de paradojas se trata, estamos llenos de ellas. Y los estudiantes nos las refriegan en la cara. Como resultado de una marcha son detenidos más de 500 estudiantes en un lapso de 8 horas, en tanto que por el caso de La Polar, en dos meses no hay detenidos. Sin pelos en la lengua, los estudiantes nos reprochan que a más de 6 meses de descubierta la colusión de las farmacias, tampoco hay detenidos. Los mismos que diariamente reprochan el comportamiento estudiantil, son los que olvidan dónde están los verdaderos delincuentes.

Y para rematarla los estudiantes se preguntan ¿cuántos detenidos hay por el lucro en las universidades privadas? En 30 años de funcionamiento, no hay ningún detenido. La legislación sobre la materia, que prohíbe el lucro en la educación superior, es letra muerta porque todos miraron al cielo haciéndose los locos. Al mismo tiempo, un gran número de estudiantes debe endeudarse sin la más mínima certeza de si con la educación recibida podrá pagar la deuda contraída y no engruese la nómina de morosos que inunda nuestro país. Los mismos que se hacen los locos con el lucro, son los que ahogan con deudas a los estudiantes. Esto es lo que nos echan en cara los estudiantes. Así y todo no faltan quienes los están acusando de intransigentes.

La contienda es desigual. Se está ante un partido de alta convocatoria en el que los jóvenes desconfían de la clase dirigencial, tanto empresarial como política, la que se encuentra descolocada, desbordada. No atina, da la hora, con una institucionalidad incapaz de procesar las demandas de una sociedad hastiada.

Se están pagando las consecuencias de décadas de omisiones, evasiones y elusiones sobre una sociedad que se siente violentada en sus derechos. Por eso, como me dijera un amigo: si no es ahora ¿cuándo?

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