agosto 26, 2011

¿De dónde viene la violencia?

Co motivo del paro convocado por la CUT y la CONFECH se registraron hechos de violencia deplorables que motivaron al portavoz de gobierno a declarar que “Me gustaría ver a la Concertación rechazando la violencia”.

Cuáles son las razones que pudieron motivar de la declaración del primo de Sebastián? La respuesta es una sola: intentar asociar a la Concertación con la violencia, tal como lo ha hecho con la CUT al convocar al paro, y como lo hizo con la CONFECH cuando inició sus movilizaciones.

Importa clarificar que quienes convocan y adhieren a las movilizaciones, entre los que me incluyo a mucha honra, condenamos categóricamente, la violencia, venga de donde venga, y en todas sus manifestaciones. No solo la física. No pueden decir lo mismo el portavoz del gobierno y muchos de sus adherentes. Basta conocer sus trayectorias de vida.

En palabras de Sebastián, con ocasión de la revolución pingüina, el año 2006: “Creo que hay que saber escuchar a los estudiantes y yo prefiero mil veces ver a los secundarios levantarse por la mala educación que nos condena a la desigualdad y la injusticia, que verlos indiferentes a lo que ocurre en nuestro”. Y luego le preguntan: ¿no será mucho? A lo que responde: “Es que llegó el momento de enfrentar la verdad y no solo hacer discursos e inauguraciones, porque tal como está, el sistema educacional chileno se está convirtiendo en una máquina de desigualdades, por lo que llegó la hora de hacer cirugía mayor”.

Las movilizaciones son la expresión del rechazo a una violencia institucionalizada, la que no se expresa físicamente, sino que en forma de abusos de los que el país se ha cansado. Abusos que están inscritos a sangre y fuego en el modelo político, económico y social en el que se enmarca nuestra convivencia, un modelo excluyente, que nos separa, nos segrega, nos hace darnos la espalda.

Un modelo que cuya concepción de la seguridad está centrada en la propiedad, en el negocio, antes que en la persona; un modelo que es incapaz de proveer una educación decente a sus conciudadanos sin hacerlos endeudar; un modelo que es incapaz de recompensar decentemente el trabajo realizado por las personas, y que no castiga la usura, porque ésta ha desaparecido del léxico imperante bajo el imperio del dios mercado.

No resulta casual que esto se esté dando en Chile, en el minuto actual y que el mundo nos esté mirando y tomando partido. ¿porqué ahora y no antes? La respuesta es simple. El primer remezón fue el 2006, con la llamada revolución pingüina, que dieron origen a mesas de trabajo constituidas por hombres y mujeres “buenas” de todos los sectores, pero que solo dejaron un gusto a poco, y en el que se eludieron los temas claves porque las posturas en pugna no podían ponerse de acuerdo.

Este es el drama de Chile. Se tiene un modelo impuesto que no ha podido legitimarse, que existe y que no se puede modificar, excepto en aquellos aspectos que una de las partes, la derecha, esté disponible. Gracias al sistema electoral vigente, el binominalismo, y los amarres expresados en los quórums exigidos para efectuar cambios la cirugía mayor a la que aludía Sebastián.

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