junio 11, 2011

La crisis de la representación política

En el mundo se está observando un rechazo o una desafección ciudadana hacia los sistemas políticos que los rigen. En el norte de África y el Medio Oriente contra regímenes dinásticos, donde los gobernantes se han estado perpetuando a lo largo de las últimas décadas sin vergüenza alguna. En España los indignados están repudiando tanto al partido gobernante, el PSOE, como a la oposición, con el grito “democracia real, ya”.

En Chile las tasas de reprobación al gobierno de Sebastián son mayúsculas; uno pensaría que las de la oposición, representada por la Concertación, serían menores. ¡Las pinzas! Normalmente, cuando baja la adhesión al gobierno, sube de adhesión hacia la oposición, pero lo que tenemos ahora es otra cosa: baja la adhesión tanto al gobierno como a la oposición. ¿Cuál es la adhesión que sube? Ninguna.

Hoy por hoy, sería mayoría aquella que no está ni a favor del gobierno, ni a favor de la oposición. ¿Cuál sería esta mayoría? Sería una suerte de oposición no parlamentaria, aquella que no está representada por los partidos políticos, la que no está inscrita en los registros electorales, y que por tanto, no vota, no se expresa por los canales que la democracia contempla. O bien, por quienes estando inscritos votan con resignación porque saben que los resultados tienden a estar predefinidos, porque la competencia, más que entre gobierno y oposición es entre los partidos al interior de cada conglomerado, dado que saldrá uno por cada lado gracias al sistema binominal que se ha mantenido incólume desde hace ya más de dos décadas.

La ciudadanía está empezando a captar que la realidad política, social y económica, bajo modelo imperante, no sufrirá mayores modificaciones por múltiples factores. Uno, porque fue dejado a sangre y fuego por la dictadura, los famosos “amarres”. Dos, porque para la mantención de dichos amarres está la heredera política de la dictadura, su fuerza pretoriana civil, los gremialistas de entonces, la UDI de hoy, que se siente incómoda en un gobierno cuyo presidente no es de sus filas, de quien desconfía, a punto tal que se ha consagrado como una oposición dura al interior del propio gobierno que lo está esterilizando a niveles preocupantes. Tres, porque la Concertación no ha tenido la fuerza política suficiente para exigir los cambios atrapado en la estrategia de “en la medida de lo posible”. Al respecto está la duda si existía una alternativa a esta estrategia, o bien, si lo posible podía ser más que lo que fue.

Desafortunadamente, hoy se está pagando las consecuencias de lo expuesto. Se creó una institucionalidad ambiental “en la medida de lo posible” que no deja contento a nadie, ni a moros ni a cristianos; se tiene una realidad educacional insostenible, pero que se ha sostenido todos estos años sobre la base de mirar para cualquier parte menos a dónde hay que mirar; se tiene un problema en la Araucanía, que se arrastra por decenas de años, sin que el sistema político sea capaz de hacerle frente y resolverlo.

Somos campeones para posponer la solución de los problemas; para chutear la pelota para adelante; para qué nos caiga la teja. Puede que ya estemos cansados de ser campeones en estas materias, lo que quizá explique el fuerte rechazo que sufren tanto el gobierno como la oposición parlamentaria. Lo que viene puede ser una revisión y modificación a fondo de nuestra realidad, o bien, que todo siga por la senda habitual, con cada uno en lo suyo.

1 comentario:

jota eme dijo...

Rodolfo, nuestra mejor oportunidad para liberarnos del yugo fue cuando el innombrable estuvo internado en Londres. Un momento histórico, pero se nos escapó. Ahora es difícil ver diferencia entre derecha e izquierda renovada, en el momento de los qu'iuvos.Véase Hidro-Aysén, Pascua Lama, etc. Dejémonos de payasadas. El capital quiere más capital, nunca mas justicia social. Y los políticos quieren mas coimas, no tabajar para el país. Los jóvenes cachan, los políticos.

 
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