mayo 13, 2011

Lo que hay tras Hidroaysen

El tema de Hidroaysen ha traído cola, dando la impresión de que todo estaba cocinado. Algunos dicen que la institucionalidad funciona, otro que no funciona, o que es de cartón.

Se trata de un megaproyecto destinado a cubrir el déficit de suministro de energía eléctrica que se proyecta para las próximas décadas. Como dijera Sebastián, el proyecto nos permitiría vivir sin apagones.

Sin embargo este megaproyecto tiene detractores tanto por la contaminación ambiental que genera en un entorno paradisíaco, como porque aducen la existencia de energías alternativas no convencionales cuyo desarrollo aconsejan promover.

Quienes respaldan el proyecto se amparan en que se trata de algo inevitable si es que queremos llegar a ser un país desarrollado, como un mal menor, mientras que sus opositores aducen que se trata de una falacia sostener su inevitabilidad, que el desarrollo no pasa por destruir el medio ambiente, sino que por el contrario.

Esto es lo que está a la vista, en la superficie de una suerte de iceberg, porque tras el proyecto hay intereses y un modelo de desarrollo altamente demandante de energía. También hay interrogantes no resueltas. Uno de ellos es el de la transparencia de los mercados. No sabemos todo lo que debemos saber, y un desarrollo sin transparencia no es desarrollo. Otra duda existencial tiene que ver con el nivel de competencia en el mercado de la generación eléctrica.

Sus principales actores son 2 empresas, las que cubren el 74% de la producción de energía eléctrica. Estamos ante un duopolio que explica los altos precios de energía de los que “gozamos”. Estas dos empresas son las que “mandan”. Por una casualidad no tan casual, estas dos empresas son las dueñas del proyecto Hidroaysen. Para que no hagan lo que quieran se requiere de regulaciones, de un Estado regulador fuerte, capaz de pararse de igual a igual frente a ellas.

Y este Estado no existe, por el contrario, está lo suficientemente debilitado después de años de prédica anti Estado, que abre cancha a especulaciones, colusiones y corruptelas. A ello se agrega que este Estado está siendo gobernado por los campeones de la privatización, por quienes ven al Estado como un mal necesario que debe abstenerse de involucrarse en la producción de bienes y servicios, cuya responsabilidad debe estar en manos de privados.

Prueba lo expuesto que la energía en nuestro país es 40% más cara que en Estados Unidos, mucho mayor que en los países de mayor desarrollo y de menor desarrollo. ¿Cómo se explica esto si no es por la ausencia de competencia?

Por ello la población está rabiosa. No le gusta que le presenten alternativas cocinadas, donde una de ellas es la que nos salvará y las restantes nos condenarán. Y que quienes resuelvan no sean sino peones de una historia cuyo final ya se conocía.

Todo ya estaba oleado y sacramentado. Son muchos los intereses en juego.

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