enero 20, 2011

La política en jaque
Luego de estar dando la hora por un buen tiempo, el gobierno se recupera con la aprobación de una reforma educacional, la que pasa a dar cuenta de la hora que está dando la Concertación, o lo que queda de ella, si es que algo queda. Estamos ad portas de una suerte de crónica de una muerte anunciada, del fin de un ciclo.

Iba a titular esta columna bajo el nombre de “la política por los suelos”, pero me sentí llamado a cambiarlo porque la verdad es que siempre ha andado por los suelos. Es un deporte nacional, por no decir mundial, despotricar contra los políticos, excepto cuando su espacio es ocupado por otros –militares, clérigos, empresarios, tecnócratas-. En la actualidad, militares y clérigos están suficientemente desprestigiados y/o avergonzados como para intentar siquiera aproximarse a la arena política.

Hoy es la hora de los empresarios y tecnócratas, luego de décadas de ensalzamiento a ellos y de vituperios hacia la clase política. Esto, hasta que los políticos sean llamados a ocupar el espacio que les es propio, el de gobernar en el gobierno, y el de parlamentar en el parlamento. Así como el de los empresarios es el de crear y dirigir empresas y el de los tecnócratas proveer alternativas técnicas viables de solución a los problemas. En el ámbito nacional, regional, comunal y en cualquier otro que vaya más allá del grupo familiar o de una organización en particular, la tarea de negociar, decidir qué hacer y qué priorizar, es esencialmente una tarea política.

Así como Michelle, a poco andar del inicio de su gobierno tuvo que modificar su gabinete “ciudadano” por uno más político, en esta ocasión, Sebastián tuvo que “corregir” su gabinete gerencial, el de la excelencia, de la nueva forma de gobernar. Michelle lo hizo gatillada por la “revolución pingüina”, en tanto que Sebastián lo hace forzado por la “fiesta del gas”. Más temprano que tarde, los políticos vuelven al sitial que les corresponde. Lo prueba el hecho que luego de la dictadura de Pinochet, de años en que se trapeó con los “señores políticos”, desprestigiándolos sin piedad, la ciudadanía, en un simple papel  y un lápiz, expresara su voluntad a favor de los políticos de ayer.

Quien escribe estas líneas no es político, ni vive de la política ni ha vivido nunca de ella, pero tiene un profundo respeto por ella y por quienes la ejercen, cualquier sea la acera en que se hallen, porque más allá de sus debilidades e insuficiencias, ejercen su función pública de cara a la ciudadanía, están disponibles para ser sujetos al escrutinio público, tarea a la que pocos de nosotros estamos dispuestos. Son los llamados a representarnos, a precisar y conducir el país que soñamos.

Más que despreciar la política, debiéramos centrar nuestras energías en mejorar la política de forma de atraer a la ciudadanía a ella y evitar que nuestros mejores hombres y mujeres rehúyan de la política. Hoy estamos observando no sin vergüenza cómo la nominación de dos senadores en el gabinete de Sebastián está posibilitando que ingresen al senado “por la ventana” dos falsos representantes de la ciudadanía porque nadie ha votado por ellos. No es primera vez que esto ocurre en el Congreso Nacional, pero ahora tiene mayor dramatismo porque es primera vez que se da en el Senado. El binominalismo es otra figura que también desprestigia a la clase política, y que más temprano que tarde tendrá que modificarse.

Tanto gobierno como oposición están en crisis, en jaque, por los suelos. El primero me atrevería a afirmar que está ante una crisis operativa, en tanto que el segundo en una crisis estratégica.

Operativa por parte del gobierno porque tiene que ver con la forma de gobernar, con la falta de prolijidad, con el talante, la forma de enfrentar los problemas. Le cuesta asumir que gobernar un país no es lo mismo que gerenciar una empresa, concibe el país como una empresa. En una empresa, si un trabajador no hace lo que quieren sus superiores, sale disparado para afuera; en un país no es llegar e imponer una decisión y expulsar del país a alguien o hacerlo desaparecer como ocurría en tiempos no tan remotos.

Se está ante una crisis de carácter estratégico en la oposición, o más concretamente en la Concertación porque se ha perdido el norte, o este se encuentra en duda, reflotándose las dos almas que desde su origen la ha cruzado, pero que hasta ahora se matizaba en aras de la unidad, de la gobernabilidad, de la transición. Ya fuera del gobierno, la fuerza de la unidad se ha ido perdiendo y no hay razón de ser para que cada componente despliegue su propia visión del país que quiere. La unidad existe cuando se tiene un propósito común cristalizado en un proyecto compartido. La gran tarea que tiene por delante la oposición en el minuto actual es construir este propósito común si es que quiere volver a ser gobierno. Para alcanzarlo, no son suficientes los errores del gobierno: será necesario tener un propósito común que vaya más allá de querer ser gobierno y disponer de un proyecto de gobierno para alcanzarlo. Este propósito común se ha perdido como lo demuestran las sucesivas deserciones y declaraciones de altos dirigentes políticos opositores.

Cada uno a su redil. a río revuelto, ganancia de pescadores, en este caso, del gobierno. Perdedor opertativo, ganador estratégico.

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