diciembre 10, 2010

Incendio en la torre

Todas las semanas la realidad nos provee de temas sobre los cuales escribir para todos los gustos. Iba a escribir sobre los resultados de la prueba PISA cuando se declara el incendio en la torre de la cárcel de San Miguel.

Centrémonos en la tragedia carcelaria, el infierno en la cárcel. Todo habría partido de madrugada, ante una clásica riña, claro que las riñas entre bandas rivales al interior de los recintos carcelarios no son bromas, son con tutti, de vida o muerte, sobre todo cuando los gendarmes no están o miran para otro lado. Es la energía vital que emerge de una población penal en plena edad activa que busca salida en un contexto marcado por el hacinamiento.

Estamos hablando de una cárcel concebida para unos 900 presos pero que tenía del orden de 1900 presos. Esto es, la tasa de presos por metro cuadrado es del doble del que debería tener. En mayor o menor grado, esto se repite en todas las cárceles del país. No solo del país, sino que en todos los países subdesarrollados como el nuestro. Hoy la tragedia nos tocó a nosotros, pero con cierta periodicidad esto se repite en los distintos países

¿Qué hacer? ¿Qué se ha estado haciendo? Lo de siempre, construir más cárceles, claro que a un ritmo que siempre está por debajo de lo que “se debe” o “como se debe” por razones presupuestarias. Por otra parte, la sociedad exige cada vez más mano dura, sobre todo la derecha, tolerancia cero con la delincuencia. Parte del discurso de Piñera como candidato en las últimas elecciones presidenciales se centraba en este punto. Incluso uno de sus slogans era “se les acabó la fiesta a los delincuentes”, “fin a la puerta giratoria”, aludiendo a la necesidad de tener más carabineros y de aplicar las penas del infierno a los delincuentes. Incluso reprochaba a los gobiernos de la Concertación por tener a los delincuentes en la calle y eso que somos de los países con mayor tasa de presos por millón de habitantes.

¿Qué nos dice esto? Que estamos ante una sociedad esquizofrénica, que ve delincuentes por todas partes, y con esta lógica, cualquiera que sea la cantidad de cárceles que construyamos, se nos harán agua. Pero pasado el temporal, cuando los ecos de la muerte de los reclusos se apaguen, todo volverá a tomar su cauce “normal”, esto es, nos volveremos a olvidar de los presos bajo el racional de que la prioridad deben tenerla las víctimas de los delitos que sus victimarios. Siguiendo esta lógica, los recursos para construir cárceles, para contar con la planta de gendarmes adecuada siempre serán paupérrimos. La noche de la tragedia había 5 gendarmes “vigilando” a casi 2000 reclusos!!! Esto es, un gendarme por cada 400 reclusos. ¿Ha hecho usted la prueba de “vigilar” a 400 "patos malos" y todo por un sueldo que le haría llorar?

El mar de fondo, digámoslo con todas sus letras, es que estamos ante una sociedad que tiene una capacidad para “producir” delincuentes a una “tasa” mucho más alta que la “tas” de construcción de metros cuadrados de cárcel. Así de simple. Creo que lo dije en su momento, hace unos 10 años atrás, cuando bajo el gobierno de Lagos dijo que se duplicaría la cantidad de metros cuadrados de cárceles.

Creo que nos hace falta una reflexión más a fondo respecto de la sociedad que estamos construyendo.

1 comentario:

educandoenlacasa dijo...

Otro "accidente" más ¿no? Cómo fue accidente que los más pobres sufrieran más en el terremoto o el accidente de la mina o accidente que el chofer del bus se quedara dormido y murieran tantos.

Estos accidentes van escondiendo el profundo desprecio a la vida de una sociedad cada vez más egoísta. (Ahora sueno a predicadora).

Andrea

 
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