noviembre 12, 2010

Conflictos de interés

Lo que hemos estado observando desde antes de la última elección en la ANFP es un amasijo de argumentos y razones para explicar lo inexplicable destinado a emborracharnos la perdiz.

En efecto, como lo expresara en mi columna anterior, que después de un período en que por primera vez en mucho tiempo se hicieran las cosas bien, con un plantel de jugadores de lujo, un cuerpo técnico encabezado por un entrenador de renombre, y un presidente en la ANFP, profesional y honesto, no tiene explicación alguna en el ámbito racional ni en el campo de la ética.

En consecuencia, para que se produjera el resultado que se dio, esto es, que perdiera quien encabezara esta exitosa fase, necesariamente tienen que ver con anomalías fuera de serie que eran la tónica de siempre y que se querían desterrar.

Estas anomalías tienen relación con la turbia vinculación público-privado por un lado, y la vinculación política-deporte-negocios. Es imposible no pensar en la existencia de mano mora aunque se corra el riesgo de ser injusto, pero los antecedentes dan pie para al menos presumir que hubo una férrea voluntad de algunos próceres por sacarse de encima a Harold.

Es imposible no pensar mal cuando el presidente de este país tiene más del 10% de las acciones del club más popular; cuando el actual subsecretario de deportes, antes de serlo era el presidente de dicho club, y solo por presión de la opinión pública vendió su importante paquete accionario; cuando el comprador de este paquete es un yerno del presidente de la república. No es necesario tener pruebas contundentes ni ser un canalla, ni ser opositor para andar pensando lo que se está pensando.
No faltó quien acostumbrado a mandar como patrón de fundo lanzara la frase “nosotros los dueños somos los que aquí decidimos y ustedes no cuentan”. El grado de autonomía con que se manejó Harold en sus 4 años en la testera del fútbol profesional, les resultó intolerable para quienes han tenido siempre el sartén por el mango. Impresiona ver cómo algunos nombres de dirigentes se repiten desde tiempos inmemoriales; impresiona la desvergüenza que poseen unas decenas de dirigentes para no oír el clamor de los hinchas y del país; impresionan las relaciones financieras que establecen los dirigentes y dueños de los clubes con sus propios negocios personales y que inhabilitarían a quien Jorge Segovia, triunfador en las últimas elecciones.

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