octubre 15, 2010

Algunas lecciones de la operación rescate

La exitosa operación rescate ha acaparado la atención y admiración mundial. A pesar de los ríos de tinta que se han escrito, no puedo sustraerme a la tentación de escribir sobre el tema aunque todo pareciera haberse escrito.

La alegría que nos embarga se justifica a concho. Se salvaron 33 vidas con el concurso de todos. La humanidad entera siente partícipe de un proceso que habla bien de todos, que nos deja innumerables lecciones. Estamos contentos y orgullosos de nuestros mineros que demostraron unidad y coraje en momentos sumamente complejos. Primero estuvieron 17 días con la incertidumbre de ver pasar los días sin saber si sobrevivirían, y sin saber si la búsqueda se detendría ante la falta de resultados. Luego, una vez que se tuvieron las primeras señales de vida con el histórico mensaje “estamos bien … en el refugio … los 33”, alicaídas las esperanzas recuperaron su fuerza. En esos 17 días de búsqueda, las familias de los mineros fueron la vanguardia de estas esperanzas y la fuerza impulsora para que las pesquisas prosiguieran. Fueron el sostén del país, del gobierno, instalándose en lo que se llamó el campamento Esperanza.

Estamos contentos porque una vez que se supo que estaban con vida, todos los actores estuvieron a la altura de las circunstancias. El gobierno se la jugó por encontrarlos y por no escatimar recursos para rescatarlos. Era su deber, claro que sí, pero no le resta mérito porque también sabemos que no siempre los gobiernos cumplen con su deber. Se afirma que la operación habría costado la friolera de 30 millones de dólares, lo que da un costo del orden de 900 mil dólares por minero rescatado, esto es, unos 450 millones de pesos chilenos.

Pero la lección que nos han dado los mineros vale mucho más que eso. Una lección a todos nosotros, a todo el país, al mundo entero. No una lección, sino que muchas lecciones. La primera, las condiciones infrahumanas bajo las cuales estaban trabajando. No se lo merecen ellos, ni nadie. Creíamos que lo que Baldomero Lillo denunciaba a comienzos del siglo pasado en las minas chilenas ya no se daba. Craso error. Esta es la primera lección que debemos sacar. No solo mejorar las condiciones laborales, la legislación laboral, sino que el comportamiento empresarial con sus trabajadores.

La segunda lección que nos dejan los mineros está referida a su organización, su unidad, la distribución de los roles, el trabajo en equipo, el liderazgo, el manejo de la incertidumbre. Estamos refiriéndonos a personas sin mayores estudios, pero con una experiencia de vida y una sabiduría que nos quisiéramos tener muchos profesionales.

Se me quedan muchas otras lecciones en el tintero, pero confío que más adelante podamos continuar reflexionando sobre lo que nos deja esta exitosa operación rescate.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Profesor..
Otra lección sería aquella que tiene que ver con la Planificación y estrategia que utilizaron los que organizaron todo el rescate: del más alto nivel, según mi criterio.

Víctor Ramió dijo...

Hola Rodolfo.Debería haber dicho algo yo también, pero tuve la misma sensación: que ya se había dicho todo.
Comparto totalmente tus apreciaciones y sentimiento.
Saludos.

 
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