septiembre 10, 2010

La sociedad de la mina

Para acompañar a los mineros atrapados, llegaron 4 de los 16 uruguayos sobrevivientes de un desastre aéreo en la cordillera de los Andes. Fueron rescatados por un arriero chileno, luego de 72 días de sufrimientos y esperanzas guiados por el deseo de vivir. Fueron capaces de sortear el aislamiento y las inclemencias climáticas a 4 mil metros de altura, con 30 grados bajo cero, sin abrigo ni comida.

Si bien, desde hace unos años, vienen por estos meses, algunos con sus familias, para rememorar y rendir tributo a la vida, en esta ocasión lo hicieron para estar junto a los mineros atrapados. Para transmitirles esperanza, ánimo y fuerza. Lo hacen porque saben lo que es vivir en situaciones límites.

Si bien son circunstancias distintas, también existen similitudes. La similitud mayor reside en la capacidad que tienen las situaciones extremas para sacar lo mejor de nosotros, nuestras mejores capacidades, nuestros mejores sentimientos. En la nieve, se organizaron distribuyéndose entre los encargados de la parte ejecutiva, de la planificación y de la logística. Los primeros constituían el frente de acción, los que debían ejecutar las acciones, las expediciones; los segundos, de planificar qué hacer, y los últimos de organizar la distribución de los escasos recursos disponibles. Un libro que amigas de infancia me regalaron el año pasado, titulado La Sociedad de la Nieve, da cuenta de las desventuras vividas y la fuerza que los impulsó a sobrevivir y no dejarse vencer. En la mina, algo similar se ha estado observando, y es lo que está permitiendo sobrellevar la dificilísima situación en que se encuentran.

Entre las diferencias hay una radical a la que no se ha hecho mención. Los uruguayos formaban parte de una delegación de rugbistas de un colegio privado de Carrasco, barrio alto de Montevideo, todos jóvenes de entre 19 y 25 años, estudiantes universitarios, todos de cuna de oro. Las reglas de juego del rugby, los conocimientos que les dieron los primeros años universitarios, fueron parte de los recursos que les permitió sobrevivir. El rugby es un deporte donde el trabajo en equipo es esencial, con una clara distribución de tareas y funciones, que además inculca valores, los que fueron puestos a prueba en la cordillera. Tuvieron que llegar al límite de comer carne humana para sobrevivir. Desde entonces, a más de 30 años de la tragedia, los sobrevivientes conforman la sociedad de la nieve. La tragedia les cambió la vida, como nos la cambia todo evento a escala mayor que nuestra andadura terrenal nos plantea.

Por el contrario, los mineros provienen de cuna de paja, son herederos de quienes hace más de 100 años viven y trabajan diariamente en condiciones que nos interpelan y desafían como sociedad. No solo ellos delatan las condiciones bajo las cuales se vive en el Chile real, el Chile profundo, aquel Chile que está por debajo de la cota mil. También lo hacen los mapuches que se han declarado en huelga de hambre. Todos nos están pidiendo a gritos ¿hasta cuándo vamos a seguir sufriendo las injusticias que nuestros propios compatriotas nos infligen?

Desde esta semana, allá en el norte, junto a las 32 banderas chilenas y la bandera boliviana, flamea la bandera uruguaya depositada por estos sobrevivientes. Allá seguirá hasta que los mineros sean rescatados.

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