agosto 12, 2009

Disparándose a los pies

Si bien la campaña oficial presidencial y parlamentaria aún no se inicia, en los hechos ya ha partido hace rato aún cuando se desconozcan los caballos que finalmente estarán en carrera. Pocas veces en el pasado nos habíamos encontrado con un escenario tan enrarecido como el actual. Son múltiples los signos que lo ilustran.

Vamos a centrarnos en lo que se visualiza en el campo presidencial, porque el parlamentario está más que nebuloso. A grosso modo podríamos hablar de 3 caballos: el de la Concertación (Frei), el de la Oposición (Piñera), y el de los Otros (Enriquez-Ominami, Arrate, Navarro y Zaldìvar, asumiendo que no se me escapa ninguno).

Si miramos la adhesión que concita el gobierno encabezado por Michelle, que la coalición sustentante del gobierno, es la Concertación, y que su candidato en las próximas elecciones es Frei, éste debiera ganar por paliza. Sin embargo las encuestas no dicen eso, por el contrario, lo ponen persistentemente a la zaga del candidato opositor.

Me atrevería a aventurar que la razón de ello se centra en que la ciudadanía está atónita, observando una Concertación desordenada que ventila sin pudor alguno, desvergonzadamente sus diferencias, sin medir las consecuencias. Esto es, irresponsablemente. Basta que a algunos de sus dirigentes les pongan un micrófono para que no se aguante y se dispare al pie una y otra vez dejando con la boca abierta a los adherentes. Cuando se anda en dimes y diretes, poniendo y exigiendo condiciones, anteponiendo intereses personales o partidarios, se va camino al abismo. Eso lo sabe cualquier hijo de vecino, y con mayor razón, un dirigente político. Con sus condicionamientos parecieran estar jugando a favor de la oposición.

Otra hipótesis se centra en los desgajamientos que ha tenido la Concertación a diestra y siniestra por diferencias insalvables con la coalición y el brazo ejecutor de su ideario, el gobierno. Flores y Zaldìvar se fueron sosteniendo que la Concertación se estaba corrompiendo e izquierdizando; Navarro y Arrate porque se estaba derechizando; y Enriquez-Ominami porque su partido no lo habría inflado. De ellos, solo este último ha logrado perforar la barrera de los dos dígitos, en tanto que los planteamientos de Arrate, Navarro y Zaldívar no encuentran eco en la ciudadanía.

Estas dos hipótesis, serían las que tienen al candidato concertacionista estancado, sin poder desplegarse en plenitud a pesar de los altos niveles de adhesión que concita el gobierno. De estas dos hipótesis, la experiencia señala que la primera de ellas es la clave, razón por la cual si quiere recuperar la confianza ciudadana, necesariamente la Concertación debe ordenarse, cohesionarse, renovarse tras propuestas de futuro y dejar de andar jugando a los bandidos. Con los pies en la tierra.

Por el otro lado, el candidato que puntea también se encuentra frenado. A estas alturas del partido, con todos los desaguisados de la Concertación ya debería estar totalmente despegado. Y no lo está. No lo está porque no convence, porque no se le cree. Nuestro candidato tiene una marca de fábrica en materia de credibilidad, de seriedad, de convicciones, de trabajo en equipo. La UDI por su parte sigue sin jugársela por su candidato. No se fía de él. Si a eso agregamos que Michelle está haciendo bien, muy bien su pega, podemos afirmar que el triunfo depende de nosotros, no de otros. Depende de que la Concertación no se ahogue entre los autocomplacientes y autoflagelantes, entre progresistas y no progresistas. Todas las fuerzas de la Concertación son progresistas.

Es hora que los dirigentes tomen conciencia de la responsabilidad que les compete en la hora actual, en la continuidad de la Concertación, en superar las divisiones. El pueblo concertacionista, la base concertacionista no pierde la esperanza de que sus dirigentes estén a la altura de sus responsabilidades. El regreso de la derecha al gobierno nos costará caro como país en términos de desigualdad, de insolidaridad.

Estas líneas están escritas con el mejor de los espíritus por un ciudadano de base, sin cargos políticos, conciente del aporte que la Concertación le ha dado al país, así como de sus limitaciones. Hoy somos más y mejor país que ayer. Podríamos haberlo hecho mejor, sí, pero no nos destruyamos por ello, por el contrario, que eso nos de la fuerza para hacerlo mejor mañana. De nosotros depende.


Aún es tiempo. Los resultados de las encuestas revelan que la ciudadanía aún no le está mostrando tarjeta roja a la Concertación, pero sí una tarjeta amarilla, la que puede revertir si se porta bien.

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Me resulta leer uno de los artículos de mi amigo Rodolfo sin decir algo.
Y en este caso, además de sus argumentos, me parece que el candidato de la Concertación, con todo el respeto que me merece Euardo Frei, encuentro que no entusiasma demasiado. Y eso, hoy por hoy, es muy importante.
Y eso que segundas partes nunca fueron buenas, parece andar rondando.
Si llegara a perder la Concertación (lo que veo un tanto difícil)se darán cuenta de haber perdido la oportunidad de llevar de candidato a una persona carismática, simpática, que se siente cercana (tipo Obama)y altamente bien valorada por casi todos los sectores: el Ministro Velasco.

 
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