julio 08, 2009

Un mismo destino

Michael Jackson no podía terminar de otra manera. Parece ser el sino de quienes atraen a su alrededor no solo a fans, sino que a buitres que huelen a su presa. Su destino es análogo al de Elvis. Uno, el rey del pop; el otro, el rey del rock, pero ambos terminaron igual, destruidos.

Son pocos los que logran librarse de sufrir el triste fin de Michael. Aunque no sepamos con exactitud los detalles de su muerte, los cuales formarán parte de los misterios, leyendas y elucubraciones que en estos casos se construyen, lo concreto es que a sus 50 años era un ser humano destruido, endeudado, que hace rato ya no vivía su vida. Se mantenía en vida a punta de drogas, fármacos. Aunque parezca mentira, la vida de cualquiera de nosotros es más feliz que la de él.

Nunca logró ser dueño de su vida. Desde niño perdió el control en manos de su padre. Su voz, sus piruetas sobre el escenario, su capacidad artística solo sirvieron para que se le explotara desde sus más tiernos años. No tuvo niñez pues a la edad que todos los niños juegan, él entrenaba, ensayaba, horas y horas como un esclavo produciendo dinero para otros. Otros, incluyendo su propia familia, transformaron a Michael en una fuente de ingresos. La sociedad lo usó, lo explotó hasta que ya no diera jugo. En realidad, todavía tenía jugo para rato, como lo demuestran los ensayos preparatorios para los conciertos que estaban programados. Pero su cuerpo no aguantó más.

Ya estaba reventado, pero la gira mundial que estaba preparando era impostergable: tenía que pagar sus deudas. No alcanzó a pagarlas.

Con Elvis, hace ya varias décadas atrás, pasó lo mismo, al igual que con Marilyn. Son personajes cuyas vidas estaban en manos de otros. Tanto uno como el otro murieron desfigurados física y/o psíquicamente. Cual marionetas, sus movimientos eran dirigidos por máquinas productoras de dinero. Fueron personas utilizadas como insumos de estas máquinas. Hoy, después de muerto, estas máquinas siguen trabajando, explotándolos.

¿Cuáles son las lecciones que nos deja la muerte de Michael? La más relevante es la necesidad de mantener el control de nuestras vidas. La siguiente, es la necesidad de abandonar la visión de la vida como una carrera hacia el éxito. La tercera, la necesidad de parar, levantar la vista, y apreciar la vida simple, la belleza de la naturaleza, del mundo en que vivimos.

No ser esclavos de otros, sino dueños de nuestro propio destino.

3 comentarios:

Víctor Ramió dijo...

Cierto lo que dices.¡No hay como ser un ciudadano común y corriente, lejos de los intereses del dinero y del poder!
Claro que 100% libres de detrminar nuestro destino no somos. Pero hay que tratar que las ataduras sean las menos posibles, y sentirse que uno se está forjando su futuro y disfrutando el presente.

Orlando Alfaro dijo...

Muy de acuerdo debemos manejar en la medida de lo posible nuestras vidas, apreciando lo que tenemos.

Maulina dijo...

Es tan fácil dejarse llevar por la corriente del rio. Es tan sencillo que otros definan hacia donde debemos dirigirnos.

Hay tantos "no famosos" que terminan igual, con menos fanfarria y escandalo, pero igualitos a Jackson ¿no?

Asumir la responsabilidad y el costo de nuestras decisiones requiere valor y madurez.

 
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