julio 22, 2009

El valor de la Concertación

A menos de 5 meses de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias llama la atención que el foco pareciera estar puesto en la chimuchina antes que en lo que está en juego. Son raras las candidaturas que logran escapar a esta suerte de farandulización de la campaña. Si alguien llegara de otro planeta pensaría que acá todos los problemas estarían resueltos, que no hay crisis, que todos estaríamos tan felices y contentos que nos damos el lujo de andar en banalidades.

Las razones de ello no son simples ni fáciles de identificar. Me aventuraría a pensar que entre otras se relacionan con: a) la complejidad de los problemas que se tienen y de sus posibles soluciones; b) un cierto escepticismo y/o incredulidad respecto de la capacidad de la política para enfrentarlos; y c) nuestra atención centrada en intereses económicos individuales inmediatos antes que en los colectivos.

A pesar de todas estas poderosas razones, no podemos dejarnos llevar por ellas. Lo que se elige a fin de año no es un tema menor que debemos tomar en serio. Se elige un camino y una manera de caminar en él, esto es, se elige una dirección, una orientación, y junto con ello, un estilo, una forma de gobernar, de relacionarnos.

Estas líneas están siendo escritas luego de un período de casi 20 años marcados por gobiernos concertacionistas, luego de una dictadura que se prolongó por más de 16 años. Cada elección tuvo que sortear desafíos no menores. En las primeras, el poder militar representado por las FFAA y la bancada militar de entonces. Posteriormente, tuvo que ser capaz de vencer los temores que desataba la presencia de un embanderado socialista, no solo en la oposición, sino en la propia coalición. Y en la última elección, con una candidata mujer y socialista cuya impronta simbólica tiene una fuerza que aún no se logra dimensionar en todo su alcance.

Los gobiernos de la Concertación que hemos tenido a la fecha, sin perjuicio de fallos y aciertos puntuales y específicos, muestran un conjunto de características que le han dado un sello, una identidad, que ha generado a no pocos, incomodidad e impaciencia. Ese sello está dado por lo que su primer presidente, Patricio Aylwin, definió políticamente como “en la medida de lo posible”, y económicamente como “el mercado es cruel”.

El valor de la Concertación reside en el aprendizaje de dos grandes lecciones que dejó el golpe del 73. En pocas palabras, por quererlo todo, nos quedamos sin nada. Uno de estos aprendizajes fue que no se pueden emprender reformas profundas sin disponer de una amplia mayoría que las respalde; el otro está constituido por la valorización de la democracia, por más formal que esta sea. El costo de no tenerla fue muy alto. Como consecuencia de estos aprendizajes, fuerzas que en el pasado estaban en bandos opuestos, fueron capaces de mirarse, comprenderse y unirse, para conformar una coalición que fuese capaz no solo de vencer a la dictadura, sino que de ofrecer y dar gobernabilidad al país, asumir la realidad política, renunciando a maximalismos. Eso es la Concertación, un fruto del realismo político.

Lo que la ciudadanía ha valorado en la Concertación es esta capacidad para gobernar, para gestionar y resolver conflictos sobre la base del diálogo permanente, de las conversaciones. A lo largo de estos años han sido innumerables los conflictos de todo orden, y ellos han sido resueltos, unos mas temprano, otros mas tarde; a mayor costo o menor costo, pero sin incurrir en políticas represivas a las que estábamos acostumbrados con su secuela de muertos y heridos. Este es un capital que la ciudadanía valora, y que de alguna manera explica la confianza que periódicamente ha depositado en ella, a pesar de sus debilidades, las que debe superar.

El camino escogido por la Concertación, le ha deparado y le seguirá deparando costos no menores: el desgajamiento de sectores cansados de renunciar a posturas que la realidad política hacen imposibles de implementar. Desgajamientos por la derecha y la izquierda. Sin embargo el país rescata que el gran valor de la Concertación, reside en su capacidad para recorrer un camino de sensatez que se va haciendo día a día, con firmeza y serenidad, con todos los chilenos, sin exclusiones, sin violencias, sin odios.
Quien crea que estas líneas están siendo escritas por un funcionario pagado por el gobierno o la Concertación, se equivoca. Las escribe un ciudadano de a pie, que cree en la libertad y en la justicia, sin subordinar ni una a la otra, que quiere vivir en un país menos desigual.

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Rodolfo: has tocado en tu artículo aspectos que me son muy caros, y que me hacen dejar en un segundo plano las pequeñeces y errores, para centrarme en lo positivo.
Ha habido realmente sensatez, realismo, capacidad de enfrentar los problemas sin exclusiones, valoración de la democracia...
Algo vital:cualquier cambio radical, requiere de un amplio apoyo ciudadano. Y saber que las bases en que se sustenta la sociedad, son aceptadas y respetadas por todos.
La Concertación hizo su parte. Y la sociedad en su conjunto, también.

 
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