julio 17, 2009

Del divorcio a la píldora

En la semana se actualizó en el Congreso el debate en torno a la famosa pildorita del día después. Contra viento y marea se aprobó en general en la Cámara de Diputados y ahora pasará al Senado. La aprobación fue no sin escándalo en las graderías, donde unos enfatizaban acerca de la libertad de decidir por parte de las mujeres, y otros ponían el acento en el asesinato que la pildorita induciría.

Los que la rechazan se amparan en creencias muy profundas que quieren hacer extensivas a la sociedad entera. Están en su derecho, así como todos tenemos el derecho a difundir nuestras ideas, nuestros conceptos, nuestras creencias motivos morales, pero una cosa muy distinta es intentar imponerlas a los demás. Los que no quieran servirse la pildorita basta con que no lo hagan. Así de simple. Ese es un punto.

Otro punto tiene que ver con la hipocresía. Los que rechazan la pildorita, dudo que no estuviesen disponibles a adquirirla en el trance que sus hijas fueses violadas o hubiesen incurrido en un desliz que desembocara en un embarazo no deseado.

Otro punto se relaciona con un concepto clave: pildorita para todas o para nadie. Sí, porque cuando se dice no a la pildorita, se está diciendo no a la pildorita para las pobres, pero sí para quienes pueden adquirirla a vil precio en el mercado negro o en el exterior. Quienes se oponen son los mismos de siempre, los que se niegan a conocer y reconocer la realidad, quienes en virtud de los recursos que poseen y manejan se dan el lujo de esconderla.

Son los mismos que por décadas se opusieron a la ley de divorcio, pero que hicieron la vista gorda ante la nulidad matrimonial. Ellos, los sectores más adinerados, se anulaban, se daban el lujo de decir y hacer “borrón y cuenta nueva”. Que allí donde existió pasión y fuego, hoy no existe nada, y los hijos quedaban en el limbo. Esos mismos son los que se opusieron por décadas a que Chile tuviera una ley de divorcio. Hasta que la hipocresía no pudo más. Y solo cuando estos sectores se allanaron, la ley de divorcio se hizo posible. No olvidemos que gracias al sistemita binominal que tenemos, para que algo sea posible necesitamos contar con el visto bueno, el aval, de la derecha. Ella tiene la llave, la manija de lo que se puede o no se puede hacer.

Con la pildorita ha pasado lo mismo. Gracias a algunos diputados opositores el proyecto de ley que autoriza su entrega pasó su primera valla. Pero ojo, que los sectores más rancios cuando son derrotados, invocando razones que la razón se resiste a entender, intentan sortear la valla acudiendo al Tribunal Constitucional para que declare inconstitucional la ley.

En síntesis, nunca pierden, aunque al final, pierden. Así como llegaron atrasados al divorcio y a la pildorita, también llegarán atrasados al aborto y a la eutanasia. La hipocresía, aunque más tarde que temprano, siempre termina perdiendo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo grave es la resistencia de los grupos más conservadores a debatir, argumentar y contraargumentar en un contexto plural.

Finalmente, se sigue reproduciendo una lógica univoca, prepotente y avasalladora que busca silenciar la diversidad.

Andrea Precht

Víctor Ramió dijo...

Pues en lo principal, no puedo estar más de acuerdo. Indignante que una minoría trate te imponer a los demás sus concepciones y principios. Si no se afecta al vecino, cada cual que actúe como lo dicte su conciencia.
Y sobre lo abortiva...la última palabra no está dicha. Vi una entrevista al Dr. Croxatto y tenía argumentos más que contundentes para afirmar que no lo era.Y le costé la pega que tenía en la U. Católica. Por último, si pareciera "aborto" no me parece que un grupo de unas 16 células ser un ser humano.
Pero no veo que que sea un tema de derechas o izquierdas, sino que más bien tiene un trasfondo religioso.
Y lo del binominal:sorry, pero lo encuentro bueno.Mi juicio es que le ha dado estabilidad al sistema político y ha forzado a la "política de los acuerdos", que me parece más positiva que negativa.
Bueno tu artículo.

 
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