julio 30, 2009

No te quejes

A raíz del último desaguisado de Mónica en la que dejó como chaleco de mono a Sebastián, los discursos han derivado hacia la suciedad en que estaría sumiéndose la campaña presidencial. No solo ésta, sino también la campaña parlamentaria, donde los codazos y las patadas a las canillas a los compañeros de lista andan a la orden del día. La última sería la que Vasco le endilgó a Joaquín, su compañero de lista en la comuna de Valparaíso.

Todo esto que parece más propio de la crónica roja o farandulera se explica por la exposición al que necesariamente se somete todo personaje público. No es admisible pretender ocupar cargos públicos, sean estos de elección popular o designados a dedo, sin revisar su currículo, sus antecedentes, su trayectoria. Como dijera tiempo atrás Andrés, exintegrante de la patrulla juvenil junto con Sebastián y Evelyn, “la política se hace sin llorar”. Muy bien lo saben ellos que lo vivieron en carne propia cuando Claro (QEPD) destapó una grabación en la que sepultó la candidatura presidencial de ambos. A raíz de ese episodio Sebastián y Evelyn dejaron de hablarse y verse, y Evelyn se fue de Renovación para matricularse en la UDI. Hoy ella es una de las rebeldes en la UDI y portavoz de la candidatura de Sebastián. Por eso dicen que el mundo es redondo, y particularmente la política, que tiene muchas vueltas a uno y otro lado.

En política esto es pan de cada día y Sebastián lo sabe con creces. Cuántas veces en campañas anteriores no ha recurrido a ataques que incluso se pasaban de raya. Sin ir mas lejos basta remontarse a la última campaña presidencial cuando a Michelle la motejara de falta de liderazgo sin que dispusiera del más mínimo antecedente en esa dirección.

Por eso no deja de sorprender su reacción ante lo que se le acusa. A diferencia de entonces, lo que se le objeta está respaldado por antecedentes que son relevantes para la ciudadanía, sobretodo cuando se trata de alguien que aspira a la primera magistratura. Él fue gerente general del Banco de Talca cuando quebró y se le imputaron delitos por violar la ley de bancos al girar créditos a favor de empresas ficticias, de papel para comprar acciones del Banco de Talca y así capitalizar la empresa. Desafortunadamente es cierto que fue procesado, que se ordenó su detención, que no fue habido, que la Corte de Apelaciones confirmó lo resuelto por el magistrado que llevaba la causa, y que los dueños fueron declarados culpables. También es cierto que fue absuelto luego de presentar un recurso de amparo ante la Corte Suprema, la misma Corte que rechazaba todos los recursos de amparo que se presentaran por los detenidos desaparecidos de la época. Y también es cierto que los dueños y accionistas mayoritarios del banco –Calaf y Danioni- fueron condenados por 3 años, incomunicados y detenidos por los mismos delitos por los cuales Sebastián fue absuelto. Con el recurso de amparo Sebastián se jugó el todo por el todo, y ganó. Con ello más que demostrar su inocencia, mató la investigación. Todo esto en tiempos del innombrable, y por tanto, cuando la independencia de la Corte Suprema mas parecía un chiste cruel.

Todo candidato necesariamente debe pasar el filtro de la blancura, y eso lo saben las grandes democracias del mundo occidental. Cuantos candidatos, sobre todo en USA han tenido que bajarse o han visto cerrado el acceso al poder por deslices de todo tipo. Nadie está eximido de este escrutinio imprescindible si queremos evitar que malandrines hagan de las suyas no solo en el plano económico, sino en el político. Como país no podemos darnos el lujo de bajar los brazos y dejar de escudriñar la vida de quienes aspiran al poder. Pretender lo contrario es una frescura. Esto vale no solo para Sebastián, sin que para todos, incluidos Marco, Eduardo, Jorge, Alejandro y cuanto personaje quiera pararse al frente.

Que la prensa lo publicite con caracteres escandalosos, es otro cuento; lo peor sería ocultarlo, así como negar el derecho a defensa y al debido proceso por parte de quienes son imputados.

Una de las cosas más positivas que tiene el sistema democrático reside justamente en que nos ventila. Sí, ventila no solo nuestras fortalezas, sino que también nuestras debilidades. Sería sucio si estuviésemos mintiendo, pero no siendo ese el caso, no tiene nada de sucio, sino que tiene mucho de sano, de transparencia.

julio 22, 2009

El valor de la Concertación

A menos de 5 meses de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias llama la atención que el foco pareciera estar puesto en la chimuchina antes que en lo que está en juego. Son raras las candidaturas que logran escapar a esta suerte de farandulización de la campaña. Si alguien llegara de otro planeta pensaría que acá todos los problemas estarían resueltos, que no hay crisis, que todos estaríamos tan felices y contentos que nos damos el lujo de andar en banalidades.

Las razones de ello no son simples ni fáciles de identificar. Me aventuraría a pensar que entre otras se relacionan con: a) la complejidad de los problemas que se tienen y de sus posibles soluciones; b) un cierto escepticismo y/o incredulidad respecto de la capacidad de la política para enfrentarlos; y c) nuestra atención centrada en intereses económicos individuales inmediatos antes que en los colectivos.

A pesar de todas estas poderosas razones, no podemos dejarnos llevar por ellas. Lo que se elige a fin de año no es un tema menor que debemos tomar en serio. Se elige un camino y una manera de caminar en él, esto es, se elige una dirección, una orientación, y junto con ello, un estilo, una forma de gobernar, de relacionarnos.

Estas líneas están siendo escritas luego de un período de casi 20 años marcados por gobiernos concertacionistas, luego de una dictadura que se prolongó por más de 16 años. Cada elección tuvo que sortear desafíos no menores. En las primeras, el poder militar representado por las FFAA y la bancada militar de entonces. Posteriormente, tuvo que ser capaz de vencer los temores que desataba la presencia de un embanderado socialista, no solo en la oposición, sino en la propia coalición. Y en la última elección, con una candidata mujer y socialista cuya impronta simbólica tiene una fuerza que aún no se logra dimensionar en todo su alcance.

Los gobiernos de la Concertación que hemos tenido a la fecha, sin perjuicio de fallos y aciertos puntuales y específicos, muestran un conjunto de características que le han dado un sello, una identidad, que ha generado a no pocos, incomodidad e impaciencia. Ese sello está dado por lo que su primer presidente, Patricio Aylwin, definió políticamente como “en la medida de lo posible”, y económicamente como “el mercado es cruel”.

El valor de la Concertación reside en el aprendizaje de dos grandes lecciones que dejó el golpe del 73. En pocas palabras, por quererlo todo, nos quedamos sin nada. Uno de estos aprendizajes fue que no se pueden emprender reformas profundas sin disponer de una amplia mayoría que las respalde; el otro está constituido por la valorización de la democracia, por más formal que esta sea. El costo de no tenerla fue muy alto. Como consecuencia de estos aprendizajes, fuerzas que en el pasado estaban en bandos opuestos, fueron capaces de mirarse, comprenderse y unirse, para conformar una coalición que fuese capaz no solo de vencer a la dictadura, sino que de ofrecer y dar gobernabilidad al país, asumir la realidad política, renunciando a maximalismos. Eso es la Concertación, un fruto del realismo político.

Lo que la ciudadanía ha valorado en la Concertación es esta capacidad para gobernar, para gestionar y resolver conflictos sobre la base del diálogo permanente, de las conversaciones. A lo largo de estos años han sido innumerables los conflictos de todo orden, y ellos han sido resueltos, unos mas temprano, otros mas tarde; a mayor costo o menor costo, pero sin incurrir en políticas represivas a las que estábamos acostumbrados con su secuela de muertos y heridos. Este es un capital que la ciudadanía valora, y que de alguna manera explica la confianza que periódicamente ha depositado en ella, a pesar de sus debilidades, las que debe superar.

El camino escogido por la Concertación, le ha deparado y le seguirá deparando costos no menores: el desgajamiento de sectores cansados de renunciar a posturas que la realidad política hacen imposibles de implementar. Desgajamientos por la derecha y la izquierda. Sin embargo el país rescata que el gran valor de la Concertación, reside en su capacidad para recorrer un camino de sensatez que se va haciendo día a día, con firmeza y serenidad, con todos los chilenos, sin exclusiones, sin violencias, sin odios.
Quien crea que estas líneas están siendo escritas por un funcionario pagado por el gobierno o la Concertación, se equivoca. Las escribe un ciudadano de a pie, que cree en la libertad y en la justicia, sin subordinar ni una a la otra, que quiere vivir en un país menos desigual.

julio 17, 2009

Del divorcio a la píldora

En la semana se actualizó en el Congreso el debate en torno a la famosa pildorita del día después. Contra viento y marea se aprobó en general en la Cámara de Diputados y ahora pasará al Senado. La aprobación fue no sin escándalo en las graderías, donde unos enfatizaban acerca de la libertad de decidir por parte de las mujeres, y otros ponían el acento en el asesinato que la pildorita induciría.

Los que la rechazan se amparan en creencias muy profundas que quieren hacer extensivas a la sociedad entera. Están en su derecho, así como todos tenemos el derecho a difundir nuestras ideas, nuestros conceptos, nuestras creencias motivos morales, pero una cosa muy distinta es intentar imponerlas a los demás. Los que no quieran servirse la pildorita basta con que no lo hagan. Así de simple. Ese es un punto.

Otro punto tiene que ver con la hipocresía. Los que rechazan la pildorita, dudo que no estuviesen disponibles a adquirirla en el trance que sus hijas fueses violadas o hubiesen incurrido en un desliz que desembocara en un embarazo no deseado.

Otro punto se relaciona con un concepto clave: pildorita para todas o para nadie. Sí, porque cuando se dice no a la pildorita, se está diciendo no a la pildorita para las pobres, pero sí para quienes pueden adquirirla a vil precio en el mercado negro o en el exterior. Quienes se oponen son los mismos de siempre, los que se niegan a conocer y reconocer la realidad, quienes en virtud de los recursos que poseen y manejan se dan el lujo de esconderla.

Son los mismos que por décadas se opusieron a la ley de divorcio, pero que hicieron la vista gorda ante la nulidad matrimonial. Ellos, los sectores más adinerados, se anulaban, se daban el lujo de decir y hacer “borrón y cuenta nueva”. Que allí donde existió pasión y fuego, hoy no existe nada, y los hijos quedaban en el limbo. Esos mismos son los que se opusieron por décadas a que Chile tuviera una ley de divorcio. Hasta que la hipocresía no pudo más. Y solo cuando estos sectores se allanaron, la ley de divorcio se hizo posible. No olvidemos que gracias al sistemita binominal que tenemos, para que algo sea posible necesitamos contar con el visto bueno, el aval, de la derecha. Ella tiene la llave, la manija de lo que se puede o no se puede hacer.

Con la pildorita ha pasado lo mismo. Gracias a algunos diputados opositores el proyecto de ley que autoriza su entrega pasó su primera valla. Pero ojo, que los sectores más rancios cuando son derrotados, invocando razones que la razón se resiste a entender, intentan sortear la valla acudiendo al Tribunal Constitucional para que declare inconstitucional la ley.

En síntesis, nunca pierden, aunque al final, pierden. Así como llegaron atrasados al divorcio y a la pildorita, también llegarán atrasados al aborto y a la eutanasia. La hipocresía, aunque más tarde que temprano, siempre termina perdiendo.

julio 08, 2009

Un mismo destino

Michael Jackson no podía terminar de otra manera. Parece ser el sino de quienes atraen a su alrededor no solo a fans, sino que a buitres que huelen a su presa. Su destino es análogo al de Elvis. Uno, el rey del pop; el otro, el rey del rock, pero ambos terminaron igual, destruidos.

Son pocos los que logran librarse de sufrir el triste fin de Michael. Aunque no sepamos con exactitud los detalles de su muerte, los cuales formarán parte de los misterios, leyendas y elucubraciones que en estos casos se construyen, lo concreto es que a sus 50 años era un ser humano destruido, endeudado, que hace rato ya no vivía su vida. Se mantenía en vida a punta de drogas, fármacos. Aunque parezca mentira, la vida de cualquiera de nosotros es más feliz que la de él.

Nunca logró ser dueño de su vida. Desde niño perdió el control en manos de su padre. Su voz, sus piruetas sobre el escenario, su capacidad artística solo sirvieron para que se le explotara desde sus más tiernos años. No tuvo niñez pues a la edad que todos los niños juegan, él entrenaba, ensayaba, horas y horas como un esclavo produciendo dinero para otros. Otros, incluyendo su propia familia, transformaron a Michael en una fuente de ingresos. La sociedad lo usó, lo explotó hasta que ya no diera jugo. En realidad, todavía tenía jugo para rato, como lo demuestran los ensayos preparatorios para los conciertos que estaban programados. Pero su cuerpo no aguantó más.

Ya estaba reventado, pero la gira mundial que estaba preparando era impostergable: tenía que pagar sus deudas. No alcanzó a pagarlas.

Con Elvis, hace ya varias décadas atrás, pasó lo mismo, al igual que con Marilyn. Son personajes cuyas vidas estaban en manos de otros. Tanto uno como el otro murieron desfigurados física y/o psíquicamente. Cual marionetas, sus movimientos eran dirigidos por máquinas productoras de dinero. Fueron personas utilizadas como insumos de estas máquinas. Hoy, después de muerto, estas máquinas siguen trabajando, explotándolos.

¿Cuáles son las lecciones que nos deja la muerte de Michael? La más relevante es la necesidad de mantener el control de nuestras vidas. La siguiente, es la necesidad de abandonar la visión de la vida como una carrera hacia el éxito. La tercera, la necesidad de parar, levantar la vista, y apreciar la vida simple, la belleza de la naturaleza, del mundo en que vivimos.

No ser esclavos de otros, sino dueños de nuestro propio destino.

julio 03, 2009

Golpe en Honduras

Después de muchos años sin golpes por estos lares, hemos sido sorprendidos por uno en Honduras. Empleando la misma entelequia argumental de siempre fue derrocado su presidente Zelaya. Sus promotores incluso se atreven a afirmar que no se trata de un golpe propiamente tal sino que de una destitución constitucional con el visto bueno de las autoridades del poder legislativo y judicial. Nada nuevo bajo el sol.

Convengamos que Honduras, al igual que muchos otros, hasta no hace mucho, seguían siendo colonias propiamente tales que de independientes no tenían, o tienen, nada. Honduras era de la United Fruit Company, y sus autoridades las ponían y sacaba la empresa. Desde Honduras surgió el golpe contra Jacobo Arbenz en Guatemala allá en el 54; fue punta de lanza para la invasión a Cuba en el 61; cobijó a los contras con 20 mil soldados mercenarios para lanzarlos contra Nicaragua. En fin, para qué seguir.

Tampoco me compro que Zelaya sea un revolucionario ni un santo varón sin mácula. Confieso que desconozco los motivos de su derrocamiento, el trasfondo de los hechos que están ocurriendo y me cuesta pensar que USA no está detrás de todo esto. También me cuesta pensar que Obama esté involucrado. Por los militares hondureños no creo que se manejen a sí mismos, mas bien creo que actúan gatillados por terceros y éstos, como siempre, no pueden ser sino las élites, las oligarquías insaciables que pululan por estos países. Pero ellas solas tampoco creo que lo hayan hecho, más bien creo que lo hicieron respaldadas por el Pentágono y la CIA, las que estarían actuando a espaldas de Obama. Amansar a estas organizaciones que por décadas han hecho de las suyas no es broma. Seguramente Zelaya se pasó de raya, más allá de los límites que estas élites están dispuestas a tolerar, y por tanto nada mejor que deshacerse de él.

A pesar que los tiempos no son los mismos de la década de los 70 cuando los golpistas eran amos y señores de América Latina. Quizá esta sea una suerte de prueba de ensayo, para ver qué reacción se produce. A los militares les seduce la idea de volver a las andadas. Por todo el continente están al acecho y las vicisitudes económicas constituyen una oportunidad inmejorable para retornar a sus tiempos de gloria, Por eso es tan importante que el golpe sea abortado, que Zelaya sea restituido. No tanto por Zelaya mismo, por lo que representa lo que está ocurriendo para todos nosotros.

Es bueno que la ONU, la OEA, ALBA y cuanta organización deplore y rechace el golpe, pero no basta. Todo esto vale hongo si el resultado no es otro que la restitución de Zelaya a la primera magistratura. Acá no hay negociación posible. Lo que está en juego es nuestra capacidad para ganar sin armas a los que tienen las armas; lo que está en juego es el poder civil versus el poder militar. Si lo que queremos es un mundo sin guerras, sin violencia, entonces, inevitablemente es imprescindible que en algún minuto seamos capaces de ganar sin armas a los que las tienen. Por eso es importante que la lección internacional e interna se sostenga en el tiempo; por eso es importante que la gestión que por estos días lleva a cabo Inzulsa en su calidad de Secretario General de la OEA sea fructífera. Sería la señal más poderosa de un verdadero cambio a todo nivel y un mensaje inequívoco a quienes están al acecho.

 
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