marzo 04, 2008

Desde Cáceres

Llevando ya más de una semana en Cáceres, ciudad declarada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, he podido apreciar sus pasajes, su gastronomía. Sus pimentones, quesos y jamones destacan, al igual que en toda España. Los mapas existentes no son solo los geográficos, sino que también existen los gastronómicos. Es así como se tiene un mapa de quesos, otro de jamones, otro de vinos, y de lo que se quiera.

Cáceres localizada en la región de Extremadura, al suroeste de España, limita con Portugal, desde donde en siglos pasados emigraron los que serían nuestros conquistadores. Hoy conserva su casco antiguo y sus cigüeñas que lo sobrevuelan anidando en las torres, en las cúpulas, buscando la altura como quien busca la altura para dirigir su mirada hacia el infinito, hacia las espléndidas y majestuosas llanuras que se extienden a lo largo y ancho por estos lares. En ellas pastan cabras, corderos, chanchos, chivos, caballos, vacas. Los espacios son predominantemente públicos, en tanto que los animales, privados. Sus dueños pagan un canon anual por animal para tener el derecho al pastoreo de sus animales.

Su clima se asemeja al de la zona centrosur de Chile, con inviernos largos y crudos, veranos tórridos, y primaveras y otoños cortos pero espectaculares. Excepcionalmente este último año tanto el invierno como el verano han sido suaves, preocupando la ausencia de lluvias, lo que prevé dificultades en la provisión de agua y energía.

En estas semanas han tenido lugar los dos debates conducentes a la elección general que tendrá lugar el día que esta columna salga al aire. El ambiente que rodeó a estos debates se asemejó al boxeril, donde cada uno de los pugilistas entraba a la sala como si de un ring se tratara, rodeados de sus asesores y con el conductor a modo de árbitro al medio. En ellos Rajoy, en representación de la derecha, le tocó asumir el rol de retador, en tanto que Zapatero debía defender la corona. El debate fue a dos rounds, los que se caracterizaron por ser de meta y ponga, aunque sin mucha claridad. Con un atacante, Rajoy, que se jugaba el todo por el todo intentando inclinar la balanza a su favor; y Zapatero, buscando esquivar los furibundos golpes del adversario. Me atrevería a afirmar que nadie ganó por fuera de combate, y que la victoria fue por puntos dependiendo del cristal con que se mira. El resultado real se sabrá la noche del 9M. Los temas centrales fueron el terrorismo, la realidad económica, la inmigración y la unidad de España.

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