octubre 21, 2005

Ofertones electorales

A pesar que del primer debate entre los 4 candidatos presidenciales no me había hecho mayores expectativas, he quedado con una sensación de defraudación. Mucha palabrería, mucho ofertón electoral, poca sustancia. Es cierto que en el lapso de tiempo disponible no resulta fácil expresar conceptos, ideas, proyectos, pero con todo debería existir la capacidad para dibujar los sueños y caminos para alcanzarlos. Nada de eso ocurrió. Todo indica que el país discurre por una senda, la que uno puede apostar que no sufrirá mayores alteraciones a pesar de las críticas y objeciones que se le hacen.

No dejó de llamarme la atención los ataques que de derecha a izquierda se lanzaron contra el gobierno encabezado por Lagos, a pesar de contar con una mayoritaria aprobación ciudadana que ningún otro gobierno anterior ha alcanzado. Ataques que no fueron neutralizados por Michelle, quien se asume que representa su continuidad.

Quedé con la percepción que gane quien gane, da lo mismo: la incidencia de la política en la vida nacional –y me atrevería a afirmar que a nivel mundial- pareciera ser insignificante. El poder político habría sido asaltado por el poder económico. Quizá de siempre haya sido así, pero antes uno tenía la sensación que podía cambiar el curso de la historia. Hoy en cambio prima una sensación de impotencia, que las cartas están echadas. A veces me pregunto para qué hacemos elecciones, para qué tanta fanfarria, cuando las encuestas ya lo predicen todo.
Las puesta en escena fue sintomática, cual paleta de colores, los candidatos se dispusieron físicamente de izquierda a derecha en el mismo orden de pensamiento. En el extremo izquierdo estaba la candidatura del PC y PH, luego Michelle de la Concertación, Sebastián en representación de la derecha de RN, y por la extrema derecha, Joaquín.

Este último, siguiendo el libreto fijado por su comando y fiel a su discurso de las últimas semanas se centró en su tema favorito, el de la mano dura con fuertes ataques tanto al gobierno de Lagos como a la candidatura de Michelle. Su discurso se apoya en la legítima aspiración de orden y seguridad que anida en cada uno. Sin embargo su enfoque está centrado en acciones represivas antes que en abordar las causas profundas y que se centran en la desigualdad, la que si bien se remonta a tiempos históricos, fue agravada con la dictadura, no ha sido resuelta bajo los gobiernos de la Concertación, y bajo el paradigma político-económico vigente no se visualizan soluciones de fondo.

Y ese es el déficit que me dejó el debate: frases de buena crianza, conejos que salen del sombrero, voladores de luces. Como que nadie la da con el palo al gato.
Tomás me interpreta totalmente en sus denuncias, particularmente cuando enrostra a la derecha su cara de palo por aspirar a ser alternativa de gobierno para consolidar un modelo económico que en vez de resolver el tema de la desigualdad, lo agudiza. Si bien también comparto con Tomás sus críticas a la Concertación, a la que responsabiliza por administrar el modelo imperante sin mayores pretensiones de modificarlo sustantivamente, otra cosa es con guitarra. Con todo, la Concertación debe hacer más, debe reafirmarse en sus principios antes que en el pragmatismo, porque esa senda terminará por anularla como fuerza capaz de cambiar el curso de la historia.

No obstante mi voto no estará con Tomás, por una razón eminentemente práctica. No estoy para saludos a la bandera ni votos testimoniales. Yo voto por la alternativa que más me gusta solo cuando tiene posibilidades reales de triunfo; en caso contrario voto por quien menos me disgusta. No estoy disponible para que como consecuencia de mi opción de voto tenga alguna opción de triunfo, y gane quien no deseo de manera alguna que gane. Ello, tan solo por darme el gustito de votar por quien más me gusta. Menos para que haya una segunda vuelta que solo ayuda a envalentonar a la derecha, que ya se dio el gustito seis años atrás cuando logró llevar a Lagos a una segunda vuelta, debilitando su candidatura y precarizando su gobierno.

Quiero decirlo con todas sus letras: este principio básico que rige mi actuación electoral tiene su raíz en el golpe del 73, donde por “quererlo todo, nos quedamos con nada”.

En lo personal, mi alternativa, hoy por hoy, es Michelle, para que con un triunfo contundente en una primera vuelta tenga la fuerza suficiente, para enfrentar los poderes fácticos de la derecha y efectuar los drásticos cambios que se requieren con el suficiente piso político para que no se le mueva el piso.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Don Rodolfo:

Por favor no mas mea culpas por el golpe del 73!! No fue culpa suya, no fue culpa de Allende, y no fue culpa de la izquierda. Simplemente Chile llego a ser blanco del gobierno de Nixon, especificamente de Kissinger, desde el momento que Allende saco mas votos que los demas candidatos. Hay suficientes documentos que han salido a luz en EE UU para confirmar lo que le digo. El problema no fue "quererlo todo". El desorden e inestabilidad que finalmente dieron paso a la dictadura fue creado artificialmente. El resposable del asesinato de Schneider, y de la caida del gobierno de Allende, fue Kissinger, a quien ironicamente llegamos a adular como a un dios durante la dictadura. Hay que parar en seco la idea de la reponsabilidad del gobierno de Allende en su propio fracaso, porque de no hacerlo, caemos en un dilema: no podemos tener o luchar por ideales de justicia social; si los tenemos, no podemos votar por el candidato que nos gusta, como usted dice. La idea de contentarse con el "menos malo" nos lleva directamente a la apatia que usted detecta. Por supuesto que un buen respaldo a Michelle Bachelet podria impulsar el renacimiento de una agenda de gobierno con mas enfasis el la justicia social (y permitiria, quizas, darle menos en el gusto al poder economico, que lo quiere todo). Ciertamente ella tiene los antecedentes para querer hacerlo. Pero ella tambien podria "pisar el palito", y entender su rol como el de una persona que basicamente tiene que satisfacer por sobretodo al empresariado. Le aseguro, don Rodolfo, que si eso pasara, la incidencia de la politica en la vida nacional seria cero, o sea, menos que insignificante.
Vote por Bachelet, don Rodolfo. Pero, por favor, no mas mea culpas!!

JM

 
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