octubre 12, 2005

Islas cárceles

Uno de los candidatos a la presidencia ha querido poner sobre la mesa el tema de la delincuencia a raíz de ser una de las preocupaciones centrales de los chilenos. Si bien acierta al ponerlo sobre la mesa, se equivoca medio a medio en la forma de abordarlo, así como en las medidas que propone. De hecho lo banaliza, lo faranduliza, lo trivializa, lo manipula, lo manosea, lo trapea, lo chacotea, lo caricaturiza.

Sus propuestas son simples, básicas, sin capacidad alguna de recoger toda la complejidad que el tema tiene ni la relación causa-efecto que posee en otras variables. Estas propuestas se reducen a mano dura, más carabineros, más cárceles, y ahora último saca de la manga la creación de una isla-cárcel. Apela a lo instintivo, a la búsqueda de seguridad que anida en cada uno de nosotros. Desgraciadamente la realidad es más fuerte.

De sus acciones cuando fue alcalde, ya sea en Las Condes como en Santiago, no queda nada. Ni las peras de agua, ni los buses ejecutivos, ni las playas mapochinas, ni las canchas de nieve, ni los botones de pánico. Y ahora nos viene a vender la pomada que es capaz de detener la delincuencia. Por momentos siento que ofende nuestra más mínima inteligencia.

Primero, su visión de la delincuencia es unilateral. Si, porque sus denuncias apuntan a robos, asesinatos, violaciones, escapes en que no están involucrados delincuentes de cuello y corbata o uniforme. No le he escuchado ni una sola palabra sugiriendo mano dura contra Pinochet y sus secuaces, comprometidos en múltiples procesos. En estos casos, conminado a responder, solo atina a afirmar, suavemente, que hay que dejar que la justicia actúe.

Segundo, su receta pone el acento en la represión. Si, solo se le ocurre imponer leyes draconianas, dar más poderes a los policías para reprimir, más carabineros. Solo falta que sugiera cortar las manos a quienes roben, cortar el pene a quienes violen, cortarles la cabeza a quienes asesinen. Ojo por ojo, diente por diente.

Tercero, su enfoque es mercantil. Si, tiene la convicción que es un problema de incentivos. Que el delincuente no tiene incentivos para no delinquir, ni desincentivos para delinquir. Es la lógica económica aplicada al mercado delincuencial. Lo último que se le ocurrió es mandar a los delincuentes a una isla. Que se pudran. De esta manera el delincuente razonará: si asesino corro el riesgo que me manden a una isla y allá me podriré. Por tanto, no me conviene asesinar. Lógica impecable, pero que no funciona en la práctica. Si fuera por eso más vale matarlos a todos y nos ahorramos cárceles, su mantenimiento, y capaz que tengamos un país de las mil maravillas.

Cuarto, no va al meollo, esto es, a las causas de la delincuencia. Y estas causas, desafortunadamente son múltiples y tienen su base en la persistente desigualdad en una sociedad que excluye, que no proporciona oportunidades laborales a que no tienen las competencias requeridas por el mercado, y que por el contrario, solo ven caminos cerrados.

Quinto, las islas cárceles han sido abandonadas por sus altos costos y no cumplir con la función rehabilitadora que se presume tiene toda cárcel.

En fin, el tratamiento que Lavín da al tema es poco serio, irresponsable, que impide abordarlo como corresponde.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

De acuerdo, mi capitan. Y de paso cortemosle el pene al rector de la universidad de talca por violar la imagen de roberto bravo!!!

JM

Anónimo dijo...

Lavin es un hipocrita. No lo he visto preocupado por el abuso de poder, el trafico de influencias, las coimas, los asesinatos, las cuentas ilicitas en el extranjero, la tortura, o el terrorismo del estado cuando los criminales eran (son) sus amigos o sus patrones. La diagnosis del doctor Schmal es certera. La derecha tiene una sola solucion para los problemas sociales: el garrote (y peor).

Anónimo dijo...

Alto, mi capitan! Si ya se le ha cortado el pene al sr. rector tendremos que conectarselo de alguna manera. Resulta que he recivido mas antecedentes, provenientes del Consejo de la Escuela de Musica de la U de Talca, y el culpable del chasco del piano es el Sr. Pedro Sierra, Director del Teatro Regional del Maule. Entonces, propongo cortarle el pene al sr. Sierra, por enlodar y violar la figura intachable del sr. Rector. Pero si es otro el culpable no me responsabilizo.
De paso, me pregunto si no habran mas antecedentes respecto al 75% del costo del piano pagado por el Fondo de Fomento de la Musica Nacional del Ministerio de Cultura. Quizas alguna estipulacion respecto a la obligacion de prestar el piano a otras instituciones? Habra sido mala idea o mala intencion fondear el piano en un salon (por muy de Honor que sea) donde no se puede sacar? Por otro lado, el Sr. Sierra deberia tener un buen piano de cola para conciertos en el Teatro Regional. No puede esperar hasta ultima hora para pedir uno prestado. Propongo que haga una vaca entre los adinerados de la zona, y que compre uno. Y si quiere, puede tener uno mas grande que el del sr. rector; pero, me temo que por otro lado, los dos quedan cortos.

JM

 
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