septiembre 27, 2005

La resurrección de Maradona

Estando recientemente en Buenos Aires, me llamó poderosamente la atención el endiosamiento que los argentinos sienten por Maradona. Si en Chile una figura pública, de la farándula, del deporte, de la política o de donde sea, se descarrila, equivoca el camino, nos dejamos caer con todo para darle la espalda a quien en su día idolatramos, abandonarlo y procurar castigarlo con el máximo rigor.

Nuestra lógica es que no tiene perdón, defraudó nuestras esperanzas, se farreó sus posibilidades, nos desprestigió. Todo ello amerita que nos ensañemos y procedamos a una suerte de linchamiento público. Con nuestras principales figuras solemos ser masoquistas. Hasta el día de hoy a Caszelli no le perdonamos el penal que se perdió en un mundial; al Cóndor Rojas su burda simulación en el Maracaná que nos costó un duro castigo. Somos despiadados con nosotros mismos.

Maradona, el más grande futbolista argentino de todos los tiempos, teniéndolo todo, y quizá por eso mismo, cayó en la droga, empujado quién sabe por qué circunstancias –las exigencias, la tentación, su origen, quienes le rodeaban, la sociedad, etc.-. Como figura pública, sus desvaríos eran noticia de cada día que seguíamos no sin inquietud. Fue a parar a las más diversas y prestigiosas clínicas, mientras su figura adquiría ribetes tragicómicos. Ya sin voluntad e incapaz de seguir los tratamientos, protagonizó más de un altercado con los paparazzi y sendas escapadas. Intentó rehabilitarse fuera del circuito convencional, yendo a Cuba. Sí a Cuba, donde lo acoge Fidel Castro. En todo este proceso, en ningún momento los argentinos le dieron la espalda. Por el contrario, estuvieron con él, a ciegas, lo animaron una y otra vez para que se rehabilitara.

Y la fé movió montañas. A la distancia, nosotros, en nuestro realismo, en nuestra frialdad, en nuestra racionalidad, teníamos la certeza que no tenía remedio, que no tenía escapatoria, que estaba condenado, que la droga lo había atrapado y que no tenía recuperación posible. Los argentinos en cambio, se la jugaron por él. Ese respaldo popular hizo lo que creíamos imposible, y ahora observamos a un Maradona resucitado, levantado por quienes nunca lo abandonaron. Los suyos le abrieron los brazos, lo abrazan, y así es como hoy tiene a su cargo un programa televisivo en el que se ve virado, y es gerente técnico del club de sus amores: Boca Juniors.
Nosotros, por el contrario, hasta el día de hoy no perdonamos al Cóndor el daño que nos causó: le negamos la sal y el agua, que sí le dio Brasil, país al que ofendió con su conducta, pero que con todo, tuvo la capacidad de acogerlo.

Ojalá la recuperación de Maradona sea definitiva, lo que seguramente le debe implicar una lucha diaria, pero a simple vista se le ve entero, agradecido del respaldo que tiene y que está haciendo posible el milagro de su resurrección.

Si Maradona hubiese sido chileno, me temo que ya lo habríamos condenado para siempre aunque nos hubiese deleitado con sus filigranas deportivas. Creo que, al menos en esta materia, los argentinos nos están dando un lindo ejemplo a seguir.

septiembre 16, 2005

Los modelos de financiamiento de estudios superiores

Recientemente se ha resuelto un significativo aumento en el financiamiento público de créditos y becas para quienes cursan estudios superiores. Siendo un paso importante y en la dirección correcta, se extraña la ausencia de un marco o modelo en el que se inspira -al menos en forma explícita-, y que asegure que en el corto plazo no nos volvamos a encontrar con los clásicos problemas de financiamiento habituales en las últimas décadas.

En verdad, ese marco existe, y en términos gruesos, los más conocidos son el de la gratuidad de los estudios superiores, el de los aranceles diferenciados, y el de aranceles únicos, donde cada universidad tienen un único arancel por carrera y año de ingreso. Este último es el que impera en Chile desde los años 80 con un soporte crediticio y de becas predominantemente públicos. En el resto del mundo dominan los otros modelos, y en América Latina el modelo dominante es el de la gratuidad de los estudios superiores en consideración a múltiples factores, entre los cuales se incluyen los beneficios sociales que generan, al bajo ingreso per cápita que presentan las mayorías, las presiones del estamento estudiantil, y la existencia de una institucionalidad estatal incapaz de identificar, controlar y/o regular la condición socioeconómica de los estudiantes de educación superior.

Este modelo de gratuidad opera razonablemente cuando solo unos pocos acceden a la educación superior, lo que no deja de ser una contradicción, por cuanto esos pocos por lo general pertenecen a familias del quintil de más altos ingresos, y que por tanto, se asume que están en condiciones de financiar sus estudios superiores. Curiosamente, cuando la educación superior se masifica, y por tanto comienza a hacerse accesible a estudiantes provenientes de quintiles de menores ingresos, la gratuidad comienza a cuestionarse en base a la rentabilidad privada que genera la posesión de estudios superiores. Bajo este modelo, las instituciones de educación superior suelen verse desbordadas financieramente porque sus requerimientos superan con creces los que el Estado está en condiciones de financiar, lo que se expresa en profesores universitarios mal pagados y una infraestructura física –salas de clases, laboratorios, etc.- obsoleta y/o deteriorada

septiembre 09, 2005

Un nuevo Once

A 32 años de un golpe militar cuyos ecos se prolongan hasta la fecha, no se observan visos que los aminoren, sino que por el contrario, ellos se multiplican sin cesar. Como a borbotones, la ciudadanía observa perpleja, cuando gran parte de ella no alcanzó siquiera a ser protagonista de la época, cómo diariamente se va desenmascarando una realidad marcada por el delirio.

Digámoslo claramente, en 1973 el país estuvo partido en dos, polarizado, donde las voces moderadas no eran escuchadas, y lo que es peor, eran motejadas de pusilánimes. Los puentes estaban rotos, y los esfuerzos por repararlos, por construirlos se perdían en el vacío en beneficio de los extremos. El fuego era atizado por ellos y por fuerzas foráneas. Fuimos pasto de intereses espurios en un contexto marcado por la guerra fría, por el dominio imperial disputado entre EEUU y la entonces Unión Soviética, que menos de 20 años después se derrumbó estrepitosamente.

No pocos dieron la bienvenida al golpe del 73, expresada simbólicamente con las donaciones que muchas señoras hicieron de sus joyas, para contribuir a la reconstrucción de la patria por parte de los salvadores de ella. Este era el lenguaje que se manejaba en una prensa que desde el primer minuto estuvo cercenada, aceptándose solo aquella que siguiera las directrices oficiales. Se fijó la meta de hacer de Chile una gran nación, sin definir plazos. Su principal protagonista, la Junta Militar encabezada por los comandantes de las FFAA, a poco andar delega el protagonismo en Pinochet. Hasta el día de hoy sigue siendo un misterio su rol en los días previos al golpe que, Merino en la Armada y Leigh en la Fuerza Aérea, ya habían resuelto. Tengo la convicción que se subió a última hora, para no perder el tren de la historia, y acicateado por Lucía, cuyo rol en las decisiones adoptadas fue más trascendente de lo que se presume.

El objetivo trazado, cargado de patriotismo, hoy se muestra vacío e hipócrita cuando se observa la cadena interminable de delitos por los cuales está siendo procesado. Delitos que no solo tienen que ver con los vinculados a los derechos humanos, sino que con falsificaciones, evasiones tributarias, tráfico de armas, triangulaciones financieras, etc.

Lo que a lo largo de estos años se ha estado descubriendo explica el empecinamiento por perpetuarse en el poder y el profundo significado del triunfo del NO en el plebiscito del 88. Ahora es más fácil entender porqué necesitaba fuero permanente: encubrir la maraña de delitos y pactos mafiosos que involucraron a civiles y militares. Ahí están los asesinatos, entre otros, del coronel Huber, de Eugenio Berríos y de Rodrigo Anfruns. Para garantizar su propia impunidad, construyó una institucionalidad a su medida. Si bien dejó la presidencia forzado por la derrota, se parapetó en la comandancia en jefe del Ejército, y desde allí saltó al senado como senador vitalicio. Todo se derrumba con su detención en Londres. A partir de allí se abre una caja de Pandora cuyo contenido nos depara nuevas sorpresas día a día.

Hasta para sus propios partidarios, en menos de 32 años ha pasado de héroe a villano. Y no ha sido justamente la derecha la que ha develado esta realidad, sino que el empecinamiento de quienes fueron sus opositores aún a riesgo de sus propias vidas.

septiembre 02, 2005

Nubosidad parcial

A estas alturas del año el panorama electoral se ve despejado a nivel presidencial, no así en el parlamentario. En materia presidencial las cartas parecieran estar echadas, incluso desde la propia oposición. Si bien en política los meses que faltan para las elecciones pueden ser una eternidad, la figura de Michelle tiende a consolidarse y dan cuenta de un país distinto al tradicional. Joaquín en cambio está viviendo el desgaste de quien ya habría tenido su mejor tiempo. En su contra juega una gestión alcaldicia muy controvertida, luego de haber vivido su época de esplendor en Las Condes. Sí, con plata se compran huevos, y en efecto, los recursos de que dispone el municipio de Santiago no son los mismos que tuvo en Las Condes. El resto lo hacen las permanentes rencillas opositoras, incapaces de resolver, y un desempeño del gobierno que está siendo positivamente valorado por la ciudadanía.

Para Joaquín, la vieja ya habría pasado. Su discurso se ha tornado reiterativo, previsible, sin mayores novedades respecto del que tuvo 6 años atrás. La irrupción de Sebastián ha hecho el resto, sembrando el pesimismo en la derecha, en la elección presidencial. El mantenimiento de ambas candidaturas solo se explica porque han renunciado a alguna posibilidad de triunfo, concentrando su opción en las elecciones parlamentarias. La candidatura de Sebastián tiene su razón de ser en la necesidad de sobreviviencia por parte de Renovación Nacional frente a una derecha dura y hegemónica representada por la UDI. A estas alturas, aunque Joaquín quiera bajarse, ya la UDI no puede permitirse que ello ocurra sin que se le desarme un sistema binominal pensado, estructurado e implementado en tiempos dictatoriales y que hasta la fecha no ha podido ser desmontado.

Ante la imposibilidad de conquistar la presidencia de la república, el rol de Joaquín y Sebastián no es otro que el de generalísimos que apuntalen a los candidatos a senadores y diputados de sus respectivos partidos. En este sentido, la estrategia opositora es la que busca asegurarles el mejor resultado posible.

En la Concertación, la relativa tranquilidad que se respira en el ámbito presidencial, por el cómodo liderazgo de Michelle, no se da en materia parlamentaria donde hasta este minuto aún no logran ponerse de acuerdo en la confección de la plantilla, lo que ocurriría solo en la antesala de la fecha límite de inscripción de las candidaturas, el próximo 12 de septiembre. Los partidos, en su intento por llevar cada uno agua a su molino, maximizando sus respectivas posibilidades, están arriesgando las opciones de la Concertación en su conjunto. Existe la posibilidad que se farreen un triunfo histórico en las presidenciales y parlamentarias, por la simultaneidad de ambas elecciones, por la existencia de una derecha desconcertada, un gobierno con sus bonos en alza, y una coyuntura económica favorable. Que ello ocurra no depende de terceros, sino que solo de la propia Concertación. Por ello mi pronóstico a la fecha es de nubosidad parcial.

 
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